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Vaca Muerta: caso testigo de la flexibilización

La reforma laboral del macrismo es un ataque contra las conquistas históricas de la clase trabajadora. Acompañado de una gran campaña mediática, el gobierno busca que el acuerdo flexibilizador que cerró en Vaca Muerta con el líder del sindicato de Petroleo Guillermo Pereyra se extienda a otras actividades.

“Revolución del trabajo”
El macrismo anuncia con bombos y platillos el acuerdo en Vaca Muerta y lo levanta como caso testigo. Allí, el sindicato que lidera el senador nacional por el Movimiento Popular Neuquino Guillermo Pereyra negoció firmar una “adenda” o añadido para el convenio colectivo del sector en donde, a través de 25 puntos, los petroleros de Vaca Muerta y de otros “yacimientos no convencionales” dejarán de cobrar “horas taxi” por las cuales el trabajador cobraba desde que salía de su casa, se eliminan las horas extras al duplicado, se incorpora la jornada nocturna de manera regular, ya no se paralizará el trabajo en la superficie cuando el viento supere los 30 km por hora como antes sino cuando supere los 60, entre otras cuestiones.
La baja en el salario de los petroleros representados por Pereyra se estima en un 40%. Supuestamente es para atraer “inversiones” y generar más empleo. Pero el sector, en 2016, ya sufrió miles y miles de despidos en Santa Cruz, Chubut, Neuquén y Río Negro, lo que llevó al gremio a realizar diferentes medidas de acción directas incluso paros en distintas localidades.
El ataque a los convenios colectivos es un pilar de la “reforma laboral” que promueve el macrismo que viene acompañada de una batería de medidas “de hecho” y legislativas. En las primeras se encuentra el terrible ajuste a través de cientos de miles de despidos tanto en el sector público como privado y en las paritarias a la baja que se cerraron en 2016 y que para 2017 pretenden fijar con un techo del 20% al negociar en base a la inflación futura y no a la inflación que ya desvalorizó la fuerza de trabajo de quienes consiguieron aumentos por debajo del 42 o 44%. Entre las legislativas, la reforma de la ley de las ART que ya cuenta con sanción en senadores, la suba en la edad jubilatoria o al traslado del fuero laboral a la ciudad, son algunas de las mas importantes.

 

El mundo, las “nuevas tecnologías” y el movimiento obrero

El pretexto de Guillermo Pereyra para firmar esta “adenda” o modificación en su convenio colectivo es que el mismo se firmó en los años `70 cuando no existía la explotación de yacimientos “no convencionales”. Va en sintonía con el discurso de Macri y el empresariado: las tecnologías cambiaron los modos de producción, con lo cual hay que cambiar los convenios colectivos. En realidad, cambiaron las tecnologías pero no la lógica según la cual se produce: los empresarios siguen obteniendo ganancias a costa de la explotación de la fuerza de trabajo, con lo cual la base de las relaciones laborales sigue siendo la misma.

En el diario militante La Nación, que emite al menos cuatro editoriales diarias en donde se promueve el ataque a los convenios colectivos y bajar los “costos laborales”, Joaquín Morales Solá sostuvo que: “La dirigencia sindical argentina es vieja porque se remonta al discurso y a las cosas de los tiempos de Perón o a los postulados icónicos de la izquierda. El problema de esas premisas es que la historia ha cambiado, no sólo en la Argentina, sino en el mundo”.
Y luego, el periodista militante se pregunta y auto- responde: “¿El mundo irá hacia un trabajo más eficiente, moderno y placentero o condenará a millones de personas a la desocupación? Ésa es la pregunta verdadera y su respuesta la tienen no sólo los empresarios, aunque ellos también, sino los sindicatos”.

En el Reino Unido durante todo el 2016 se profundizó la conflictividad en sectores como el Metro (subte) en donde esta semana hubo un paro general que afectó a las once líneas y que imposibilitó viajar a millones de personas. En el subte mas antiguo del mundo, los obreros enfrentan el intento de reemplazar a los trabajadores por máquinas. La respuesta entonces, no está en la posibilidad de negociación entre empresarios y sindicatos que deben “aggionarse” sino en la capacidad de lucha y de respuesta de la clase trabajadora organizada.

Enfrentar la reforma laboral: una lucha estratégica

Cuando los funcionarios macristas argumentan despectivamente que muchos de los convenios son de los años `70 no hacen mas que mostrar que, efectivamente, las conquistas mas importantes de la historia de la clase trabajadora, lejos de ser consecuencia de la rosca en los pasillos de los ministerios fue fruto de uno de los momentos mas álgidos de la lucha de clases en la historia de nuestro país. La huelga general de julio de 1975 al gobierno de Isabel Perón contra el “Rodrigazo” y los ministros peronistas Celestino Rodrigo y José Lopez Rega es quizá el punto mas alto de ese proceso. Allí, el sindicalismo de liberación y el clasismo jugaron un rol protagónico. Es el contexto en el cual se conquistaron esos convenios que no son otra cosa que leyes laborales que expresan relaciones de fuerza entre el capital y el trabajo.

La dictadura genocida vino a barrer política y militarmente con esa ofensiva de la clase trabajadora y, luego del ataque que significó la hiperinflación alfoninista, el menemismo con sus leyes flexibilizadoras atacó frontalmente esas conquistas tanto en lo legislativo como a través de un ajuste demoledor con despidos masivos y retiros “voluntarios” que se pagaban con billetes verdes producto de la ley de convertibilidad.

Los sindicatos y sectores sindicales y sociales que dieron la bienvenida al macrismo el 14 de diciembre – a cuatro días de su asunción- en una jornada de lucha contra el pacto social -Aceiteros, ATE Sur, CTA Lomas, la Línea 60, Unión Ferroviaria Haedo, Rompiendo Cadenas, AGTCAP, entre otros- visibilizaron en esa pelea una batalla estratégica: el pacto social que ese día concretaban la UIA, y sectores de la CGT previo a la unificación, era el pacto por el cual durante el 2016 la burocracia sindical estuvo paralizada frente a los despidos y negoció a través de sumas millonarias de las obras sociales con el gobierno. Ahora la lucha estratégica es enfrentar la reforma laboral.

Este año, es necesario que el movimiento obrero combativo haga punta en la lucha por la defensa de las conquistas históricas de la clase trabajadora, la pelea por el salario y contra los despidos. Para que esa lucha sea efectiva y no declamativa, es neceario tender a desarollar políticas unitarias, que promuevan la lucha en las calles de todos los sectores del movimiento obrero y popular que estén dispuestos a enfrentar la reforma laboral y la avanzada neoliberal del gobierno de Cambiemos. A esa lucha tenemos que poner toda nuestra fuerza.