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En camino hacia el Paro General

Se acumulan los paros y movilizaciones de distintos sectores de nuestra clase trabajadora agredidos con las políticas de ajuste y flexibilización laboral del macrismo. Desde las bases, se avanza a paso firme hacia una medida de fuerza general, que la conducción de la CGT boicotea todo el tiempo aunque cada vez con menos margen de maniobra.

En la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, el presidente Mauricio Macri hizo gala de un discurso cien por ciento PRO, repleto de lugares comunes de “autoayuda” ideados por el marketing político y centrado en negar la realidad social que atraviesa el grueso del pueblo trabajador en Argentina. Sin embargo, el empresario y su gabinete no desconocen los efectos de sus políticas de ajuste y flexibilización laboral, que son acompañadas por la mayor parte de la oposición patronal tanto en el Parlamento nacional (FR, FPV, Bloque Justicialista, etc.) como en las gobernaciones provinciales. El macrismo “vende” el ajuste en tono de campaña electoral, presentando como “dolorosos pero positivos” los resultados económicos y sociales que impactan de lleno en las condiciones de vida del pueblo trabajador pero que, desde el punto de vista e intereses de la ceocracia, son imprescindibles para asegurar fabulosas ganancias al agronegocio, bancos y multinacionales extranjeras y relanzar sobre esas bases el maltrecho capitalismo argentino.

En este sentido, el pronunciamiento de la Mesa Nacional ampliada de la Corriente Polìtico Sindical Rompiendo Cadenas, reunida el 25 de febrero último en CABA, explica con precisión hacia dónde apunta la gestión macrista en un sentido estratégico:“Uno de los objetivos de este gobierno es la reconfiguración del proceso de trabajo, para relanzar la acumulación local de capital, implicando tanto la flexibilización de nuestras condiciones de contrato, la negociación colectiva por empresa, la reforma del régimen de las ART y otras medidas totalmente antiobreras (como el tarifazo, el intento de baja de jubilaciones, o el cierre de programas sociales). Además, estos cambios incluyen beneficios especiales al empresariado, con reformas impositivas (aún por profundizarse), una ofensiva reaccionaria en términos ideológicos y un reforzamiento del aparato represivo”.

 

A las calles, contra el ajuste

El discurso del oficialismo presenta los negocios y fabulosas ganancias de unos pocos como un beneficio para todos y todas. Sin embargo, ese cuento tiene “patas cortas”: los trabajadores y trabajadoras conocemos por experiencia propia -la presente y la acumulada en las últimas décadas- que las políticas de ajuste sólo acarrean penurias y tristezas para las y los de abajo. Sabemos muy bien que el discurso de la riqueza que se “derrama” como simple resultado del crecimiento macroeconómico (que por otra parte sigue sin llegar) es una estafa y que cuando se incrementa la superexplotación patronal el resultado inexorable es el crecimiento de la pobreza y la desigualdad social.

Por estas razones de pura realidad, las políticas macristas de ajuste van generando un creciente rechazo popular que se desarrolla por las bases y que cada vez es más difícil de contener para las conducciones sindicales burocráticas que le vienen ofreciendo una tregua criminal al gobierno de Cambiemos.

En este marco se da el paro docente y estatal del 6 y 7 de marzo que promete ser histórico, la movilización convocada por la CGT al Ministerio de la Producción el 7 para reclamar un cambio de “modelo económico” y el paro internacional de mujeres del 8, que será un canal de expresión para que millones de trabajadoras -acompañadas solidariamente por sus compañeros varones- hagan visible con su protagonismo las reivindicaciones de las laburantes que sufren con más crudeza aún las consecuencias sociales de las políticas de ajuste (desocupación, pobreza, precarización, etc.).

Sin duda, los paros y movilizaciones sectoriales de principio de mes, en los que tenemos que participar con todas nuestras fuerzas, acumulan decisivamente hacia un paro general que la burocracia cegetista viene retaceando de forma sistemática, pero que cada vez tiene menos margen para impedir.

La burocracia forzada a romper la tregua

En este contexto, la exigencia de “Paro General YA”, no pocas veces usada de forma anacrónica sin arraigo en la situación real del movimiento obrero, adquiere plena vigencia como planteo político de intervención concreta en la lucha de clases. La movilización de la CGT del 7 de marzo al Ministerio de Producción, a la que invitó a fuerzas políticas que han sido cómplices del ajuste (FR y FPV, por ejemplo), será un escenario fundamental para desarrollar la exigencia de “Paro General YA”, tanto a través de la conformación de un bloque sindical y de organizaciones sociales diferenciado, como al interior de las columnas de los sindicatos docentes y estatales, donde los sectores combativos y antiburocráticos disputamos posiciones con las conducciones conciliadoras.

Necesitamos un Paro General YA para frenar los despidos y suspensiones (como las cientas que hoy golpean a la automotriz Volkswagen) y que triunfen las luchas en curso: la de los gráficos de AGR-Clarín -que enfrentan el vaciamiento del grupo que lidera Héctor Magnetto y el cerco informativo del resto de los monopolios mediáticos-, de los metalúrgicos de Canale (Llavallol), de la textil Neuquén, de Atanor, de Banghó, del laboratorio Roux Ocefa, de los compañeros trasladados del CREU de Lomas de Zamora, de las y los despedidos del Ministerio de Educación y Deportes, entre tantas otras.

El Paro General que necesita nuestra clase, el que vamos construyendo desde abajo y exigimos a las conducciones sindicales enquistadas, no busca descomprimir el malhumor social, sino que debe convertirse en una poderosa acción de masas para torcer la correlación de fuerzas a favor de los intereses de la clase trabajadora.

Necesitamos un Paro General YA para poner un freno al ajuste macrista, los tarifazos, los despidos y suspensiones, y quebrar el “techo salarial”; para defender las conquistas plasmadas en los convenios colectivos; para exigir que se implemente de inmediato la “ley de emergencia social” en respuesta a la situación de los sectores más castigados de nuestro pueblo.

Para que sea la clase trabajadora la protagonista de una salida propia, que jamás va a venir de la mano de empresarios, sino que debe ser forjada con masivas acciones de lucha y con el desarrollo de una alternativa política obrera y popular, con independencia de clase.