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Situación Nacional: Mucho para pocos

 

A pocos meses de iniciada la nueva gestión gubernamental, se ha llevado a cabo un paquete de medidas que confirman el carácter derechista, neoliberal y pro-imperialista del actual equipo político que comanda el estado. La connivencia del PJ y la burocracia sindical con la Casa Rosada. El rol del kirchnerismo y los acuerdos de gobernabilidad. Nuestras tareas. 

 

El acuerdo con los buitres corona un ciclo que se inició con una enorme transferencia de recursos hacia las clases dominantes con objetivo principal de reconfigurar la estructura económica garantizando una mayor subordinación a Estados Unidos. La media sanción en la cámara de diputados allana el camino a este nuevo capítulo de entrega y coloniaje. En muy poco tiempo se da por cerrado el acuerdo, con una quita del 25%, con los fondos buitres más litigiosos: NML cuyo dueño es Paul Singer, Aurelios Capital, Davidson Kempner y Bracebridge Capital por 4653 millones de dólares. Este último pacto, sumado a otros entendimientos con holdouts que se hicieron previamente, implica que vamos a endeudarnos por U$S 15.000 millones para pagarles a capitales especulativos que se benefician de imponer normas draconianas a países subalternos. La burguesía, tanto local como internacional, salió a festejar el acuerdo con el que se busca volver a acceder al crédito internacional y establecer un nuevo ciclo de endeudamiento externo y una abierta subordinación de nuestro país al capital financiero imperialista.

La media sanción obtenida en el Congreso para derogar las leyes Cerrojo y Pago Soberano  no logró ser un obstáculo para el macrismo, que contó con el apoyo explícito del Frente Renovador y de buena parte de un PJ que aspira a cambio a rapiñar recursos para las provincias quebradas. Así obtuvo 165 votos favorables contra 86 negativos. Entre los votos positivos que recolectó Cambiemos estuvieron incluso los de tres diputados misioneros que responden al exgobernador Maurice Closs y uno tucumano que obedece a Luis Manzur, todos ellos se mantenían el FpV hasta ahora. El núcleo duro del kirchnerismo que había intentado infructuosamente no dar quórum en las sesiones, se ha limitado a señalar los riesgos de que los tenedores de deuda reestructurada puedan litigar contra el país al sentirse defraudados con el ofrecimiento a los buitres de un arreglo más beneficioso, o bien ha cuestionado los porcentajes de quita pero no el acuerdo de fondo. Difícilmente los mismos que arreglaron con el Club de París el pago de 6.500 millones de dólares o que pactaron con Repsol el pago en efectivo de 5.000 millones en la misma divisa puedan seriamente ponerse al frente de la resistencia a esta escandalosa entrega de la soberanía nacional, quedando en el baúl de los recuerdos el eslogan de “patria o buitres” enarbolado con fuerza por el kirchnerismo durante toda su gestión, pero con poco impacto en la conciencia de un sector de nuestro pueblo, que vuelve a creer en los viejos cantos de sirena neoliberales.

El rumbo es claro. A la  gira en Davos que intentó mostrar seguridad institucional para la rentabilidad capitalista frente a los dueños del mundo, la tendencia a la apertura a los tratados del libre comercio con Asia, Europa y la Alianza del Pacífico, ahora se le suma la llegada a nuestro país del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, justo en el momento en que se cumplen 40 años de la genocida dictadura cívico-militar. Una provocación para las fuerzas populares que evidencia  el respaldo del gobierno yanqui a la gestión de Mauricio Macri para favorecer una mayor penetración de los capitales norteamericanos en la Argentina, además de consolidar el liderazgo de Macri en la región y cimentar la nueva sintonía con la Casa Rosada. “Queríamos ir a principios de esta administración, dado que el presidente Macri expresa interés en renovar nuestra relación”, indicó uno de los representantes de la Casa Blanca. El propio Obama fue elogioso con Macri recientemente en entrevista a la CNN en español. Ante el giro conservador que tiñe el continente, el gobierno de EE.UU. aprovecha para recuperar el terreno perdido frente al gigante asiático en América Latina y en un período en el que consolidaron gobiernos neodesarrollistas y antimperialistas con mayores márgenes de autonomía frente al imperio. Es decir, la función del binomio Obama – Macri es garantizar la hegemonía del imperialismo yanqui sobre lo que siempre consideró su “patio trasero” y una de las principales fuentes de riquezas y recursos naturales.

 

Beneficios para los amigos

En el plano nacional la gestión macrista inició sus primeros días en el poder con el cumplimiento de las exigencias de distintas fracciones de la burguesía. Entre los beneficiados estuvieron los bancos, las grandes compañías cerealeras y los industriales. Con una devaluación de casi un 50 % del peso, el levantamiento del cepo, la quita de retenciones a las patronales del campo e industriales a las que se le sumaron recientemente también las corporaciones mineras, se busca consolidar a los capitales financieros, a la agroindustria y a la minería como el nuevo bloque de poder que comande el estado aumentando sus márgenes de ganancia mediante una profundización de la explotación a la clase obrera.

En consonancia con un gobierno atendido por sus propios dueños, se propone  la vuelta a los mercados y nuevo ciclo de endeudamiento que incluirá como en las viejas épocas inspecciones del FMI y de los organismos internacionales de crédito. Junto con ello se lleva a cabo una millonaria transferencia de recursos hacia las clases dominantes con medidas de fuerte ajuste contra los trabajadores mediante techo a las paritarias, oleadas de despidos tanto el sector estatal como privados, aumento del costo de vida y tarifazos que  alcanzan un  300% en las tarifas de la luz y un pronto ajuste en gas y transporte favoreciendo grandes compañías de servicios que durante todos estos años se vieron beneficiadas por los subsidios estatales.

Quienes ya con el kirchnerismo mantuvieron niveles de rentabilidad extraordinarios, ahora se embolsarán ganancias extras, profundizando el camino de la sojización, la megaminería, el saqueo y la dependencia de nuestro país. Mientras tanto la inflación va en ascenso y en el sector automotriz se prevé una caída de hasta 15% en la producción fruto del estancamiento en Brasil, lo que nos indica que los despidos y suspensiones en este sector continuarán.

El gobierno de los empresarios aplaude el curso actual de las medidas políticas neoliberales del macrismo. Pero saben que con el ajuste vendrá más temprano que tarde la respuesta popular. No por casualidad han decidido anticiparse con la implementación del protocolo para criminalizar la protesta social. Con el disciplinamiento hacia toda la clase que representan las masivas oleadas de despidos, viene la represión y las causas judiciales que intentaran funcionar como elemento desmovilizador.

El protocolo ha contado además con la intensiva campaña mediática de las usinas del poder que exigen con cronómetro en la pantalla su inmediata implementación,  con la construcción de un discurso hegemónico que busca deslegitimar el  derecho a la protesta a nivel general. Mientras el presidente cínicamente sostiene a 40 años del golpe militar “que nos sirva para decir todos juntos: nunca más a la violencia institucional y política”, se prepara el consenso para reprimir al pueblo y al asesino Pedraza lo benefician con la prisión domiciliaria. Con la misma impunidad que posee la justicia para los ricos, los  quince imputados en la causa Fuentealba, en la que se investigan las responsabilidades políticas y policiales por el crimen del docente Carlos Fuentealba durante una protesta gremial en 2007, fueron sobreseídos al decidirse el archivo de la causa.

Todo lo mencionado nos indica que el avasallamiento del actual gobierno contra los asalariados se desarrolla en todos los planos con el objetivo de ganar terreno para la profundización y continuidad del ajuste bajo el slogan de mayor productividad y garantía en el orden institucional. Mientras los empresarios acarrean fortunas, la gran mayoría de trabajadores solo han visto efímeras recomposiciones nominales en sus ingresos, que son permanentemente erosionadas por la inflación. Pero lo peor es que dicho plan de gobierno logra presentarse a la opinión pública, por el momento, como costos necesarios para reinsertarse en el mercado mundial.

Así es que los negociados de una pequeña minoría de capitalistas logran tener cierto consenso social, omitiendo desde el discurso oficial las tremendas consecuencias económicas y sociales que ya golpean  las espaldas de nuestra clase, entre las que se incluye un incremento en los niveles de desocupación y en la carestía de la vida.

Para implementar completamente las demandas de los capitalistas, el macrismo requiere ampliar su base de apoyo y obtener acuerdos en el Congreso Nacional. Es por ello que ha desplegado no solo la construcción de un discurso hegemónico derechista que ha logrado su efecto en sectores de la sociedad, sino también una serie de tratativas hasta ahora exitosas con fracciones conservadoras del Partido Justicialista, conteniendo intendentes y gobernadores ex K así como al gremialismo burocrático, que tiene en el  moyanismo  su principal exponente.

 

La interna en el PJ y la puja por las cajas provinciales

 

Al viejo estilo peronista, luego de la derrota electoral, comenzaron los ajustes de cuentas y los realineamientos. El primer dato de la crisis se manifestó en la fractura de la primera oposición en el Congreso Nacional, entre el kirchnerismo duro y un sector del PJ referenciado en gobernadores provinciales, que pretenden cerrar con Mauricio Macri un acuerdo de gobernabilidad y asegurarse los fondos en las cajas provinciales. Es decir, votos en el congreso a cambio del reintegro en la coparticipación federal. Por ahora, Cambiemos ha ofrecido un “Acuerdo por el Nuevo Federalismo” como un  gesto hacia los gobernadores, decretando la devolución del  15% de la coparticipación  en forma progresiva y escalonada, del dinero que la nación descuenta para financiar el sistema previsional. Dicha medida  busca aquietar las aguas con los caudillos provinciales para lograr un pacto de convivencia con la nueva gestión.

Junto a un conjunto de gobernadores peronistas liderados por el salteño Urtubey y Diego Bossio varios diputados rompieron con el Frente para la Victoria y anunciaron la formación de un nuevo bloque en el Congreso. Estos quiebres garantizan a Macri el quórum, así como  la pérdida al kirchnerismo de su lugar de  primera minoría después de años de incuestionable hegemonía. Luego de la ruptura del bloque del FpV, “sanguchitos” mediante, el macrismo ha logrado trabar con gobernadores peronistas así como con el massismo, en el camino de alcanzar un “acuerdo institucional” que asegure la gobernabilidad restableciendo una nueva correlación de fuerzas entre los partidos políticos patronales.

En la interna peronista, los enfrentamientos continuaron en el reciente congreso del PJ y también se dan allí los reposicionameintos. Los gobernadores e intendentes intentan recuperar el terreno perdido, quieren lejos a La Cámpora y cerca al peronismo de Massa y De la Sota. Pero lo que los mantiene unidos por el momento es la necesidad de garantizar la gobernabilidad, puesto que esto incluye su propia supervivencia de cara a las elecciones del 2017. Por su parte La Cámpora quedó como una fuerza secundaria y excluida de la Junta Electoral. Sin embargo no hay que descartar que finalmente se conforme una lista única para las elecciones del PJ el 8 de mayo con José Luis Gioja a la cabeza, como prenda de unidad entre los diversos sectores en pugna.

 

El kirchnerismo fuera del poder

 

Desde el kirchnerismo orgánico, no se ha verificado ninguna preocupación por encabezar la resistencia a la ofensiva del macrismo. Absorbidos por el internismo político y resueltos a dar la pelea dentro del PJ, prima en la puja de los diversos sectores mantener una política más bien colaboracionista con el gobierno actual, llevando a cabo una “oposición responsable” que no ponga en juego la gobernabilidad del conjunto de la burguesía.

Lejos del poder y de la caja del Estado, desde el kirchnerismo puro sostienen la estrategia del regreso al poder de Cristina en el 2019, pero  más allá de las bombas de estruendo en el plano discursivo, sus convocatorias solo se han reducido a mateadas en las plazas y manifestaciones de corte ciudadano. Poco se ha hecho frente a la ola de despidos y el tarifazo. Este señalamiento de los límites del kirchnerismo como fuerza que pueda encabezar consecuentemente una resistencia hacia las políticas neoliberales de ningún modo implica negar la necesidad de interpelar a un importante sector de la clase trabajadora y los sectores populares que simpatiza con el proyecto nacional y popular, y que conserva expectativas en él. Para ganar necesitamos aunar esfuerzos, por lo tanto es ineludible la tarea de unidad de acción con sectores que no tienen una perspectiva anticapitalista. Sin embargo, desde nuestra perspectiva consideramos que en la práctica tenemos que poder, pedagógicamente, interpelar a un amplio sector de la clase trabajadora que adhiere a estas ideas pero con la intención de disputar el sentido de sus aspiraciones de cambio para ganarlos en una perspectiva anticapitalista y de independencia de clase.

 

La burocracia mira desde el balcón

 

Días atrás la burocracia sindical fue recibida por Macri en la Casa Rosada, encabezados por el jefe de la CGT Azopardo, Hugo Moyano, de la CGT Azul y Blanca, Luis Barrionuevo, de la CGT oficialista durante el último gobierno, Antonio Caló, así como Armando Cavalieri, Gerardo Martínez, Juan Carlos Schmid y Gerardo “Momo” Venegas. La agenda de reclamos incluyó la modificación del impuesto a las ganancias, el aumento y la universalización de las asignaciones familiares, y la rebaja del IVA a los productos de la canasta básica. Nada plantearon, por ejemplo, de la ola de despidos en el Estado o el sector privado, que se estima entre 60.000 y 100.000 puestos en tres meses. Los reclamos de la dirigencia fueron atendidos parcialmente por el gobierno de Macri. La suba del mínimo en el impuesto a las ganancias sin la modificación de las escalas y con la anulación de un decreto de 2013 que exceptuaba del pago a trabajadores que tenían entonces un ingreso mensual menor a $15.000, implica en los hechos una incorporación de 200.000 trabajadores que antes no tributaban. Por otro lado, la devolución del IVA y la universalización de las asignaciones son promesas que Macri mencionó en el discurso inaugural de las sesiones legislativas, pero aún no hay nada concreto.

La burocracia sindical cegetista, que se muestra decidida a reunificar la central, pactó una tregua con el gobierno con techos salariales a la baja a cambio del control millonario de las obras sociales y de contener relativamente mayores despidos. Sin embargo, la carestía de la vida se agrava, las bases laburantes de estos burócratas sienten la presión objetiva sobre sus condiciones de vida, hay experiencias de luchas combativas en todos estos años que indican que la clase está en mejores condiciones para dar pelea aunque inmediatamente esto no suceda. En ese marco, y mostrando un parcial descontento, los jefes de la central han anunciado una movilización para reclamar por el impuesto al salario; movilización que, dado el nivel de genuflexión de esa dirigencia, habrá que ver si concretan finalmente.

 

Las tareas de los luchadores populares

 

Frente a la actual coyuntura tenemos por delante dos tareas fundamentales y de carácter  simultáneo. Estar en la primera línea de la resistencia, esclareciendo el carácter derechista del actual gobierno para derrotar su política de entrega y de mayor ajuste para los trabajadores, a la vez que mantener nuestra delimitación del kirchnerismo orgánico en tanto expresión de un proyecto burgués con base popular que pretende disputar el carácter de la resistencia bajo la estrategia de volver al poder en el 2019. Como ya lo hemos señalado, esto no niega la necesaria unidad de acción por reivindicaciones puntuales o defensivas. Es decir: para  enfrentar el gobierno, unidad de acción con política propia e independiente, a la vez que trabajamos incasablemente por hacer visible nuestro propio proyecto desde la izquierda revolucionaria. Nuestra línea de intervención debe fundamentarse en  el desarrollo de una estrategia propia que se asiente en los sectores anticapitalistas, en primer término, pero tenga política intentando “ganar” a los sectores de trabajadores que adhieren el proyecto “nacional y popular” con acciones políticas consecuentes y sostenidas en el tiempo, que sepa acumular fuerza de los diversos sectores populares sin subordinar nuestra propia alternativa política.

Lentamente se empieza a dar señales de reacción de los de abajo frente al ataque de los empresarios, el masivo paro convocado por ATE semanas atrás es una muestra de ello. Sin embargo, podemos decir que dichas acciones aun no están a la altura del escenario establecido por la burguesía. Tenemos la tarea de acompañar los posibles escenarios de conflictividad social; alentarla, con la mayor amplitud, con un termómetro puesto en la evolución general de estado de ánimo de la clase trabajadora, pero comenzando a actuar sin esperar que estén todas las condiciones dadas. Hay que avanzar en iniciativa política y estar preparados para  empalmar en la calle cuando el grado de rechazo se exprese mayoritariamente.

Reafirmamos que en el plano político la tarea sigue siendo el crecimiento de una corriente anticapitalista que, enfrentando al macrismo y planteando las diferencias políticas con la tendencia populista, pueda dar un salto cualitativo en este momento político para en el largo plazo erigir nuestra propia alternativa que sea visible ante los ojos de millones de trabajadores. De no lograrlo, estaremos en un par de años nuevamente en la encrucijada de que el conjunto de la población solo distinga como opciones posibles las ofrecidas por la burguesía, con su consecuencia lógica del recambio cíclico de unos por otros, sea en su versión capitalista nacional y popular, sea en su variante neoliberal conservadora.

En este contexto de ajuste y despidos masivos, donde la burguesía trabaja por instaurar nuevas reglas del juego para la acumulación capitalista, es preciso avanzar también en reagrupamientos unificados de toda la izquierda en el terreno sindical al servicio de la defensa de las conquistas históricas de nuestra clase. La existencia de vectores obreros puede ordenar en parte la discusión fraccionalista y mezquina de la izquierda  tradicional para intervenir de modo unificado frente a las demandas de la coyuntura política. Lamentablemente, la carencia de madurez de la izquierda trotskista y la falta de conciencia del tremendo ataque ofrecido por el capital contra los trabajadores, no parecen ser suficientes para dejar de lado los intereses de capilla de cada uno de uno de esos grupos por sobre los intereses del conjunto de nuestra clase. En el plano de los reagrupamientos, la Corriente Político Sindical Rompiendo Cadenas puede jugar un rol central en la articulación y el crecimiento de las diversas expresiones sindicales: una necesaria articulación, capaz de poner en pie al sindicalismo combativo para enfrentar los embates de la burguesía.