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Paritaria y luchas docentes: Ante la fragmentación que traen los de arriba, necesitamos unidad por abajo

 

Los titulares de los grandes medios de prensa coincidieron en señalar el “regreso a la normalidad” con un “inicio del ciclo lectivo sin conflictos”. La orientación política de dicha línea editorial ningunea, o relega a un plano microscópico, la lucha abierta hacia el inicio de clases en más de la mitad de las jurisdicciones, y las medidas de fuerza en al menos una decena de ellas. Es de esperar que los monopolios de prensa traten de que la pelea docente pase desapercibida. Pero igual actitud ha adoptado la central de trabajadores de la educación, CTERA, que nuevamente, y pese a que ya no se encuentra en la Casa Rosada un gobierno emparentado políticamente con su dirigencia, dejó librada a su suerte a las provincias en lucha.

 

Las provincias patagónicas de Tierra del Fuego, Santa Cruz, Chubut y Neuquén; las de Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos; algunas seccionales opositoras bonaerenses y en CABA los docentes que tomaron la medida convocada por Ademys;  las provincias del oeste,  como La Rioja, Mendoza, y Catamarca; Chaco, Tucumán y Santiago del Estero; todas ellas, jurisdicciones cuya docencia realizó medidas de fuerza y donde las clases no empezaron a término ni con normalidad. En los casos de Tierra del Fuego, Córdoba, Neuquén, Mendoza y Santiago del Estero, los procesos de lucha se hallan abiertos y en muchos casos con fuerza al cierre de esta edición. Este panorama demuestra, una vez más, que la educación es un problema nacional. A la par, y contradictoriamente, la paritaria nacional se desdibuja también cada vez más. Pero en esta suerte de “paradoja” no hay azar. Hay una política deliberada de los gobiernos centrales, antes el kirchnerismo, ahora de la derecha de Cambiemos, para que el acuerdo nacional fije un piso -que en varias jurisdicciones es techo- para que la nación aporte pocos fondos y en negro,  y para que se garantice la “paz social” mediante acuerdos con la burocracia sindical de CTERA.

Uno de los pilares del  acuerdo en materia salarial lo constituye el FONAINDO (conocido como “Incentivo Docente”), que conforma una parte no despreciable del total del aumento otorgado: entre un 15 y un 23% del incremento. Esa suma proveniente de la nación, cuya primera cuota es de $400 por cargo, es totalmente en negro: ni remunera, ni bonifica. Cabe señalar que pese a no aportar para nuestra jubilación, el incentivo sí recibe descuento sindical, hecho que se explica exclusivamente por la complicidad de la burocracia sindical para recaudar a costa de la precariedad salarial. Un eje de los acuerdos a nivel nacional y sus réplicas en los distritos tiene que ver con una tendencia desplegada durante la década kirchnerista, y que el PRO ha hecho propia en CABA, así como también lo han asumido los gobiernos provinciales de diverso signo: las sumas fijas por fuera del básico. Bajo el argumento supuestamente equiparador, que no es otra cosa que la “redistribución” entre los laburantes, se incrementa el salario inicial (pero no el básico) en detrimento del escalafón, como si la responsabilidad de que los sueldos no alcanzaran la tuviesen los compañeros que poseen máxima antigüedad.

Eso es lo que avala y avaló CTERA. Una vez más, su dirección ha salido a respaldar un acuerdo que deja afuera a una docena de jurisdicciones, que ya superan los montos establecidos. A su vez, la aceptación implica una nueva tregua para que la mayoría de las provincias que han salido a luchar con dirigencias combativas, o con bases pasando sobre ellas, carezcan de una articulación mínima en una pelea de carácter nacional. Un Ministerio de Educación sin escuelas, que casi no aporta fondos, ofrece un salario que no recupera lo perdido por inflación. A la par, desliza por debajo de la mesa un proyecto de suma gravedad para la escuela pública, como es el de la evaluación externa mediante la creación de un Ente Evaluador nacional. A ese ministerio, y a sus emisarios políticos de la derecha recientemente electa, la dirigencia de la Lista Celeste (Alesso, López, Baradel, etc.) le ha firmado una tregua. Los carteles de “#YoNoParo” con los cuales la burocracia defendía a rajatabla la política oficialista parecen perdurar, pese al cambio de firma.

 

Un panorama de las peleas dadas y en curso

La docencia bonaerense vio consumarse un acuerdo que, nuevamente, no fue aceptado unánimemente por abajo, ni mucho menos. Desde la dirección burocrática provincial de SUTEBA se promovieron consultas mediante formularios a contrarreloj aunque no así asambleas en la mayoría de los casos. No obstante, en varias seccionales dirigidas por la oficialista Lista Celeste, como Ezeiza, Esteban Echeverría, San Martín-Tres de Febrero, Lomas de Zamora, Lanús, etc., rechazaron la propuesta. Además, en varias de las cuales conduce la oposición, se impulsaron medidas de fuerza para el inicio de clases, como en La Plata, Matanza, Quilmes, entre otras. El acuerdo que a escala provincial Baradel ha sostenido, implica que el básico en Bs. As. pase a $4.240 recién en julio, con un inicial de $8.850 en marzo.

A su vez, en Neuquén la docencia se halla en estado de movilización, presionando a la conducción acomodaticia de Guagliardo. En esa provincia se dio recientemente la caída de la causa Fuentealba II, con el sobreseimiento de todos los imputados. Al cierre de esta edición, los docentes neuquinos, que realizan paros progresivos y escalonados, llevan seis días en medidas de lucha.

En Córdoba la docencia desafía a la conducción celeste, y también impulsó medidas de fuerza en el inicio y masivas asambleas (ver nota al respecto).

En Mendoza los docentes impulsan paros escalonados con un altísimo acatamiento, donde además de la cuestión salarial, se disputa con la gobernación del radical PRO, Alfredo Cornejo, la aplicación del llamado “Ítem aula”, que consiste en un nuevo “presentismo” que dejaría exceptuado de su cobro a cualquier docente que enfermase, debiese realizar un pedido de licencia por ART, por familiar enfermo,  o decidiese adherirse a una huelga. Es ésta, tal vez, como han sido en CABA la eliminación de Juntas de Clasificación o la creación de un ente evaluador externo, una pelea testigo de las políticas neoliberales del PRO en educación.

En Santiago del Estero, la docencia se halla en paro por tiempo indeterminado, en medio de masivas movilizaciones, donde incluso los trabajadores han sido reprimidos, con el saldo de algunos de ellos heridos y detenidos. Esto no ha hecho menguar la combatividad ni elevada adhesión al paro.

Tierra del Fuego se halla virtualmente paralizada por un paro donde confluyen estatales y docentes, y donde hay medidas acompañadas por otros gremios. Los trabajadores del SUTEF realizan cortes y un acampe frente a la gobernación, dando pelea no solo contra el ajuste sino contra la criminalización de la protesta (recordemos que hay docentes procesados por protestar y que pretenden ser exonerados por la gobernación kirchnerista). La importancia de esta lucha es central, porque pone de manifiesto no solo la resistencia a la avanzada patronal, sino que es una reivindicación de la acción directa como método de lucha.

 

Es preciso poner en pie una articulación que incluya a todos los sindicatos, seccionales y corrientes docentes opositores a la burocracia; a quienes desarrollan la oposición dentro de CTERA, pero también a quienes no integran la central. La docencia, al igual que el resto del sindicalismo obrero, necesita desarrollar una coordinación que supere la fragmentación, pero que se sostenga en una práctica que no sea la ya conocida y estéril del hegemonismo, de las prácticas autorreferenciales o del discurso dirigido exclusivamente al activismo. Los docentes necesitamos poner en pie una alternativa a las direcciones burocráticas que discuta lo urgente, como nuestro depreciado salario; pero que además, debata acerca de los planes y modelos educativos vigentes y sobre los retrocesos que nos querrá imponer el macrismo. Desde Hombre Nuevo, apostamos a los espacios de reagrupamiento amplios, y a nivel nacional, a la conformación de una corriente antiburocrática y plural, como es la Enriqueta Lucero. Creemos que los desafíos a los que nos enfrentaremos en medio de un panorama de crisis, exigirán nuestros mayores esfuerzos y pondrán a prueba nuestras construcciones de base.