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La juventud avanza, rebelde y combativa

En un contexto de avanzada a nivel continental de la derecha y el empresariado, Argentina no es la excepción. El gobierno de Cambiemos, plagado de CEOs, es la expresión más clara del nuevo ciclo político que golpea de forma particularmente feroz a la juventud. Este nuevo panorama nos impone actualizar nuestra lectura del momento, para clarificar las tareas que del mismo se desprenden. Creemos interesante plantear algunas hipótesis sobre este tema.

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Desde dónde partimos

Nos interesa destacar que la etapa no ha cambiado, la tarea central sigue siendo la acumulación de fuerzas. Si bien se han  generado o consolidado algunas experiencias organizativas, que referencian a la izquierda de cara a la sociedad, la correlación de fuerzas sigue siendo absolutamente desventajosa. Las últimas elecciones presidenciales, donde las principales candidaturas de peso eran tres opciones de derecha y de signo menemista, demuestran que la dominación y la hegemonía de la burguesía no se enfrentan hoy a una expresión que la ponga en duda.

Por eso, sostenemos que es impostergable reconstruir el movimiento popular. Debemos darnos la tarea de construir herramientas organizativas de masas que busquen politizar y sumar a la lucha anticapitalista a amplios sectores como una tarea central, convertir la rabia que dejan los tarifazos y los despidos, el descontento por los múltiples casos de corrupción que salen a diario o la indignación por no encontrar el “cambio” esperado, para politizarlo y traducirlo en organización.

Pero también debemos apostar a superar la fragmentación que atravesamos como izquierda después de la derrota material e ideológica que sufrimos en los ’70. Particularmente, la tendencia guevarista sufrió el embate más feroz del genocidio capitalista.

Por otra parte, la izquierda no ha superado problemas políticos propios, tales como el sectarismo y las mezquindades. El primero, más propio de la izquierda tradicional, se constituye en obstáculo infranqueable para construir una fuerza social que exceda a la izquierda; el segundo tiene que ver con la priorización de la autoconstrucción inclusive cuando ésta va en detrimento de la acumulación de espacios unitarios de la clase. Debemos superar dichos escollos para lograr poner en pie una alternativa política visible y atractiva para las grandes mayorías del pueblo.  El proyecto de la burguesía siempre será dividir a los que luchan, cooptar un sector para sus filas y eliminar a quienes interfieran en el desarrollo de la acumulación del capital. Nuestro papel no puede ser que ese plan sea exitoso, la tarea de la unidad es cada vez más urgentemente imprescindible.

Algunos de los procesos más masivos que expresaron repudio ante las políticas de este gobierno fueron la heroica lucha de los trabajadorxs de Tierra del Fuego, la marcha convocada por ATE en febrero junto a la concentración sindical de 29 de abril y las movilizaciones educativas del 6 y 12 de mayo, entre otros. Lamentablemente, las respuestas que como izquierda pudimos dar frente al ajuste fueron de carácter sectorial.

Sin embargo, nos interesa destacar que en muchas de estas luchas se vio un fuerte componente juvenil. Jóvenes trabajadorxs y jóvenes estudiantes fuimos quienes pusimos el cuerpo y salimos a protestar contra un gobierno que sólo beneficia a los empresarios. Aquí, reside una de nuestras principales virtudes como juventud: ser un actor dinámico, que responda a las avanzadas del gobierno y se plante como punta de lanza de la resistencia.

 ¿Cómo llegamos a este momento? (O sobre diferentes proyectos para la juventud)

Como Juventud de Hombre Nuevo Fernando Deliens entendemos a la juventud como sujeto, cuestión que implica cuestiones etarias, culturales, sociales y políticas, pero fundamentalmente la forma particular (y agravado) en que sufrimos la explotación y las opresiones del capitalismo y el patriarcado. Cuando nos referimos a que sufrimos el capitalismo y el patriarcado de una forma particular nos referimos a los más de 1 millón de jóvenes NINI (ni estudian, ni trabajan), al índice de precarización laboral juvenil que duplica la media general, a que el 69% de femicidios están registrados en mujeres entre 15 y 30 años producto de relaciones violentas, entre otros datos

Los y las jóvenes hemos sido protagonistas de los principales procesos de trasformación a lo largo de la historia. Con la rebeldía como característica bien propia, hemos participado de las principales luchas de nuestro pueblo peleando contra el conformismo, la pasividad, la resignación.

En nuestro país, las jornadas del 2001 implicaron la politización y el ingreso de nuevas camadas de jóvenes a la militancia. Otro hito que señala este proceso de politización fueron las tomas masivas de universidades y secundarios en el 2010. Esto evidencia que es un proceso de politización que precedió y excede al kirchnerismo. Las clases dominantes también son conscientes del rol activo que puede jugar la juventud en un proyecto político. Por eso, se han dado diversas estrategias para cooptar un sector, para dividir al movimiento y orientarlo tras sus intereses. Tal como hicieran con el campo popular en aquellos años, el objetivo claro que se dio el kirchnerismo fue abonar a aumentar la fragmentación, a sumar a sectores para su proyecto y quebrar, así, los frentes de unidad que le hacían resistencia. El kirchnerismo desplegó política para ello, impulsando como iniciativa fuerte el acto en el Luna Park “Néstor le habla a la juventud, la juventud le habla a Néstor” en medio del proceso de tomas en 2010. Las reivindicaciones hacia la juventud fueron pocas en términos concretos (voto joven y Plan Progresar), sino sobre todo en términos simbólicos. El apoyo de muchos jóvenes al proyecto kirchnerista también se apoyó en la legitimidad de ciertas políticas públicas progresistas como la Asignación Universal por Hijo, el juicio a los genocidas, el matrimonio igualitario (que en la mayoría de los casos fueron en respuesta a años de lucha de los sectores populares) generó entusiasmo en una porción grande de la sociedad.

Muchos jóvenes se sumaron a militar en esos años, convencidos de que aportaban a un cambio político significativo para el país. Podemos tomar como expresión de esto la proliferaron de numerosas organizaciones juveniles kirchneristas, que se vieron impulsadas desde el gobierno, que los interpelaban como el futuro del “proyecto”. El desarrollo de una “mística” militante que construía vasos comunicantes con el proceso de lucha de los ´70, construyendo un ideario rebelde y de lucha. Todos estos elementos permitieron embellecer el real objetivo, que Cristina nunca escondió, de alcanzar un “capitalismo serio o más humano”.

No dudamos que gran parte de esos jóvenes se sumaron a militar en el kirchnerismo con la esperanza de construir un mundo más justo, de luchar contra la oligarquía y a favor de las grandes mayorías. Sin embargo, el proyecto político del kirchnerismo demostró sus propios límites. No rompió la matriz extractivista, ni modificó ni un ápice la economía primarizada de nuestro país, y allanó el camino al macrismo, sentando las bases de la precarización de la vida, que luego el gobierno CAMBIEMOS profundizó.

Esa juventud tuvo que tragarse, desconfiada, el sapo de apoyar al viejo menemista Scioli cuando su conducción lo marcaba como única alternativa, hoy se enfrenta con nuevas contradicciones cuando explotan los casos de corrupción que apuntan a funcionarios kirchneristas y empresario afines, encargados de áreas de política pública.

El kirchnerismo, que por años se adjudicó el ingreso de “la juventud a la política”, no ha demostrado hasta hoy ser capaz de incentivar y organizar la resistencia. Lejos de eso, parece estar más preocupado por discutir leyes o disputar cargos, más que por luchar contra el ataque sistemático que venimos sufriendo como pueblo. Esto nos lleva a plantear una reflexión sobre el rol que jugó el kirchnerismo en construir a la juventud como un actor.

La estrategia política que desplegó el kirchnerismo, amén de cierta expectativa original en un espacio más transversal, siempre fue basarse fundamentalmente en la estructura de lo peor del PJ, recurrir a las viejas recetas para sostenerse en el poder.

Luego de 12 años de gobierno progresista la matriz económica sigue siendo la misma: la educación pública se encuentra en una crisis presupuestaria, a partir de lo votado por el gobierno anterior; se demuestra que la creación de empleos estuvo basada en la precarización laboral, condición que facilitó los despidos masivos en el Estado. El proyecto que le ofrece el kirchnerismo a la juventud no es más que sostener el orden existente. Su rol al organizar a un sector de los jóvenes trajo por resultado dividir al movimiento juvenil. Su impronta de construcción tan ligada a la estructura estatal, así como la estructuración de las organizaciones juveniles a partir de los recursos institucionales, contribuyó a esterilizar a dichos jóvenes como actores, a quitarles su fuerza, crítica y radical.

La Iglesia es otro sector de la clase dominante que tiene bien en claro que la juventud es un actor importante a sumar para sus filas. Casualmente, desde los ‘70, bajo el mando de Juan Pablo II, conocido por su orientación anticomunista, se comenzó a realizar una Jornada Mundial de la Juventud. En el 2014, a escasos meses de la asunción de Bergoglio como Papa, encargado de reconstruir la erosionada legitimidad de la Iglesia, no nos resulta inocente que la primera Jornada Mundial de la Juventud haya sido realizada en Brasil, país donde el peso de del catolicismo es muy fuerte. Dicha Jornada contó con la participación de más de 3 millones de jóvenes.

La derecha tampoco es ajena al rol de la juventud. Si bien no desarrolla el mismo discurso que el kirchnerismo, ni le otorga el status de actor político, es importante notar que despliega política específica hacia el sector. A lo largo de la historia han existido muchos jóvenes que se encolumnaron detrás de proyectos de derecha. A nivel latinoamericano algunos sectores de la juventud encarnan roles regresivos, como es el caso del estudiantado universitario en Venezuela, por factores diversos. El macrismo en lo político tiene una propuesta escasa para la juventud con una militancia lavada, simil ONG, o en puestos políticos, y en términos sociales y económicos demuestra que sus objetivos para la juventud son buscar que se inserte en el mercado laboral de la forma más precarizada posible. El Plan Joven, la oferta de pasantías en las universidades, son algunos ejemplos. Pero aquellos jóvenes que no pueden incluirse en el sistema laboral acaban en la marginación, sufren a diario la criminalización y el gatillo fácil, y las drogas se vuelven una válvula de escape cada vez más cercana.

Como Juventud de Hombre Nuevo sabemos que los jóvenes tenemos la potencialidad de ser un actor político que radicalice los procesos de lucha, que no se resigne a aceptar este sistema que nos explota y oprime. Pero también somos conscientes que debemos darnos una tarea para disputar la orientación del movimiento juvenil, para que el mismo no sea fragmentado y conducido a caminos que no hacen más que responder a los intereses de la clase dominante.

 La juventud en el momento actual

Estamos convencidos, y la historia lo demuestra, que la juventud puede actuar como punta de lanza para enfrentar a la derecha, como un sector combativo y organizado. Las experiencias de resistencia latinoamericanas son indicios de eso. En Colombia, Chile, México, Paraguay y Brasil lxs jóvenes son protagonistas de procesos organizativos y de luchas radicales. No se resignan a los ataques sobre la educación pública, no se resignan a vivir en un país militarizado, no se resignan a quedarse sumisos y tranquilos en un mundo plagado de injusticias.

Como Juventud de Hombre Nuevo creemos que para disputar la orientación del movimiento juvenil debemos darnos la tarea permanente y estratégica de construir organización.

Nuestra tarea es volver a plantear la importancia de construir organización política para dar la batalla integral y construir un proyecto político realmente revolucionario. Estamos convencidos que para aportar a dicho objetivo es fundamental que la juventud se organice políticamente. Nos referimos a asumir una militancia político-ideológica, como proyecto de vida, enmarcada en una estrategia de largo plazo. Sostenemos que para alcanzar ese objetivo debemos volver a poner la lucha por el poder como un punto ineludible en el empoderamiento de lxs trabajadorxs para alcanzar la real y definitiva victoria. Aunque la idea de la revolución pueda sonar anacrónica, desfasada, una de nuestras tareas centrales es, justamente, volverla actual: vincular nuestro presente con las luchas pasadas de los oprimidos y reclamar hoy mismo nuestro derecho a la revolución y a la emancipación definitiva.

Otra gran tarea que nos ordena, luego de la derrota histórica de los ’70, es jugar un papel en la organización del pueblo, en distintos espacios de lucha. Nos proponemos ser fuerza impulsora de alternativas organizativas de masas, desde las cuales lxs trabajadorxs, estudiantes, jóvenes, mujeres y disidentes podamos luchar por nuestras reivindicaciones sociales y políticas, en un camino de empoderamiento. Nos proponemos aportar a construir alternativas de masas para la juventud que puedan interpelar a los jóvenes desde sus diversas inquietudes particulares para politizarlas, para hacerlas confluir en un proyecto político común que no se adapte a lo existente, y que se proponga cambiar todo lo que deba ser cambiado. Nos proponemos aportar a construir a la juventud como un actor dinámico, activo y de rápida respuesta ante los avances del gobierno y del capital. Un actor que esté al frente de la resistencia al ajuste, que aporte su perfil rebelde para radicalizarlo. Creemos que para construir una juventud que no se resigne a “embellecer” este orden social, debemos incidir en su orientación con los principios del clasismo y  la independencia de clase.

 Por una Juventud Rebelde y Combativa

Saludamos calurosamente la realización del 1er Foro “Todos los fuegos, el fuego” que se realizó en la Universidad de Quilmes el sábado 2 de Julio. Hace tiempo diversas organizaciones que nos cruzamos -en la articulación sectorial, en los espacios de unidad, en lucha en las calles- decidimos dar un paso adelante y proponernos formar un Frente Político que nos aglutine. La coyuntura exige que avancemos en grados de unidad, que no caigamos en posiciones sectarias que no hacen más que dividirnos. Este encuentro, como instancia fundacional del Frente, es un gran paso hacia adelante que hemos podido dar.

Participamos aproximadamente 350 jóvenes que durante todo el día discutimos sobre la coyuntura actual, sobre la situación de la educación pública, de la cultura popular, de la lucha de género y de la lucha antirrepresiva. Cerró con un panel sobre “los jóvenes de ayer y de hoy” a cargo de 4 compañeros que pudieron aportar desde diferentes miradas y experiencias concretas una mirada crítica sobre la situación y el rol de la juventud. Mariano Millán, investigador del CONICET, aportó un recorrido histórico sobre el rol que jugamos los jóvenes en distintas experiencias de lucha a nivel mundial y regional. Laura Olivera, compañera de Familiares y Amigos de Luciano Arruga, con mucha claridad describió el caso de Luciano como un exponente de la cantidad de pibes que viven el hostigamiento policial a diario, que sufren la tortura y el gatillo fácil cuando se reúsan a robar para la cana. Alberto Santillán, expuso sobre la fortaleza y el ejemplo que sigue generando hoy la entrega militante de su hijo Darío Santillán. Por último, Vicente Zito Lema, trajo reflexiones sobre el rol de los jóvenes en los ‘70, remarcando los desafíos y potencialidades que detentamos como sector.

El Frente Político se cimienta sobre la independencia de clase, y toma como suyos los principios del anticapitalismo, el antipatriarcado y el antiimperialismo. Creemos que consolidar un espacio con estas características es un aporte significativo a la hora de disputar la orientación del movimiento juvenil. No porque creamos que nosotros solos vamos a representar a todos los jóvenes combativos. Desde este marco de unidad debemos tender nuevos lazos de articulación, de coordinación práctica y efectiva. Debemos construir un Frente que pueda contemplar las distintas identidades, recorridos políticos, tendencias ideológicas, con vocación de acercarnos a cada vez más organizaciones juveniles. Con el horizonte de poner en pie una alternativa política visible y atractiva para la juventud nos proponemos aportar a herramientas que organicen a todos los sectores que luchan. Sabemos que esa tarea no es fácil, que la unidad requiere acuerdos, requiere una práctica común. Es importante que el Frente Político pueda dar centralidad a la intervención política sistemática, creativa, audaz y disruptiva; interviniendo sobre las distintas problemáticas de la juventud, con consignas propositivas.

Sabemos que toda lucha reivindicativa requiere que construyamos marcos de unidad lo más amplios posibles, que podamos unificar a todos los sectores que luchan por los derechos de los trabajadores para golpear con un solo puño y frenar el avance de la derecha. Creemos que en el plano de la unidad política es una tarea impostergable reconstruir nuestro espacio político, la izquierda anticapitalista.

Nos diferenciamos de los sectores que plantean la unidad política con las organizaciones kirchneristas, orgánicas al FPV. Creemos que esa táctica, hoy por hoy, lleva  a un sólo objetivo, aportar al proyecto electoral del Frente Para la Victoria. Pero también somos críticos de la táctica que se viene dando el FIT ante los últimos procesos de lucha donde plantean sistemáticamente marchar de forma independiente, por más que los compañerxs de trabajo, los gremios estudiantiles vayan por otro camino. Creemos que debemos escaparle al sectarismo y a la mezquindad política, no vamos a construir una referencia política hacia el conjunto de la juventud de manera aislada. Debemos estar en su seno para discutir cada posición, para disputar en concreto su orientación.

Entendemos que debemos disputar el sentido de la resistencia, no relegándola a un lugar simbólico, desde las banderas del anticapitalismo, el antipatriarcado y el antiimperialismo, y un perfil de intervención disruptiva. Lo haremos también construyendo organizaciones de masas, que aporten a politizar y organizar a todxs lxs jóvenes. Para ello, es una tarea construir una plataforma de lucha, que aborde propositivamente las principales problemáticas de los jóvenes, y que ordene nuestro espacio político juvenil.

Entendiendo que tenemos tareas también a nivel continental, debemos construir lazos concretos de solidaridad internacional, como expresión concreta del internacionalismo.

En América Latina, y en nuestro país, la tarea es construir unidad para resistir, independencia para vencer.

Por la construcción de una juventud rebelde y combativa.

Hasta la victoria siempre.