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Fidel, una vida al servicio de la revolución

Fidel Castro, Comandante de la lucha revolucionaria por el poder en Cuba y dirigente indiscutido de la única revolución socialista de América, murió a los 90 años, dejándonos un enorme legado de entrega y compromiso por una nueva humanidad.

SI hay algo que atraviesa la historia de Fidel Castro es su dedicación total y abnegada a la lucha por un mundo justo e igualitario, sin explotación ni opresión

Nació en 1926, el 13 de agosto. El mismo año en que Julio Antonio Mella, fundador del Partido Comunista Cubano y de la Liga Antiimperialista de las Américas debía exiliarse a México y comenzaba a planificar un desembarco en la isla para continuar la revolución en Cuba.

La lucha anticolonial y antiimperialista que llevó a José Martí a empuñar el fusil contra España y a alertar contra la intervención norteamericana, ya se había integrado en una lucha más amplia contra la opresión y la explotación, protagonizada por obreros/as del azúcar y el tabaco, campesinos/as pobres, y por un importante movimiento estudiantil.

En esa Cuba hija de Martí y de Mella, se crió Fidel. Una Cuba sometida a las imposiciones del imperialismo norteamericano; marcada por la desigualdad entre las mayorías populares empobrecidas y la burguesía pro yanqui de la isla; acostumbrada a desgano a los dictadores y a la corrupción; convulsionada por movimientos de lucha contra tanta injusticia.

Ya como estudiante de derecho, con menos de 20 años, Fidel comenzó a destacarse en la militancia estudiantil, y muy prontamente política. Se enfrentó al gobierno de Ramón Grau San Martín y a los 21 años participó del desembarco que intentó voltear al dictador de República Dominicana Rafael Trujillo.

Para intervenir en la lucha política, contra el gobierno de Carlos Prío Socarrás que repetía la entrega y profundizaba la desigualdad social, Fidel se incorporó en 1952 como candidato en las listas del Partido Ortodoxo que se hallaba conmocionado por el reciente suicidio de su líder Eduardo Chibás. Pero esas elecciones no llegaron a cristalizarse, fueron obstruidas por el golpe de estado de Fulgencio Batista.

En su lugar protagónico en la resistencia a esa dictadura, Fidel se destacará como el dirigente más importante del pueblo cubano

Siempre es 26

Siempre es 26, saben decir en Cuba. Hoy, 26 de noviembre, y siempre. Es porque el 26 de julio de 1953 los jóvenes revolucionarios liderados por Fidel Castro plantaron un mojón fundamental en la lucha cubana, al alzarse en armas contra el régimen de Batista y plantear una perspectiva de lucha por una nueva Cuba.

Aquel día, el asalto al Cuartel Moncada contó con unos/as 130 combatientes, que eran parte de un joven movimiento clandestino de unos/as 1200 obreros/as, estudiantes y campesinos/as. No logró copar las plazas militares que se proponía, muchos/as de ellos/as fueron torturados/as y 55 fueron asesinados/as.  Pero el Moncada logró instalar un proyecto de revolución, contra la dictadura y por un cambio social en la isla. Los moncadistas se abrieron un lugar en la historia, a pesar del rechazo al alzamiento que expresaron no sólo los partidos del régimen, sino también el PSP, que era entonces la expresión cubana del Partido Comunista pro soviético.

Fidel Castro, que con sólo 27 años dirigió todo el movimiento, acompañado por su hermano Raúl y por Abel Santamaría, logró sobrevivir y fue enjuiciado y condenado a  varios años de prisión. Al no poder acceder a abogados asumió su propia defensa. En ella (pronto difundida bajo el título “La historia me absolverá”) Fidel ya expuso un programa de reformas políticas y sociales que planteaban la necesidad del alzamiento armado, no sólo para terminar con la dictadura, sino para iniciar un verdadero gobierno popular en la isla.

En aquel planteo de 1953 Fidel Castro ya expresaba las líneas centrales por las que lucharía el naciente Movimiento 26 de Julio (M-26): llamaba a la rebelión con la aspiración de conquistar un gobierno revolucionario; rechazaba las reformas regresivas de la constitución, planteaba la garantía de la propiedad de la tierra para pequeños/as colonos/as y arrendatarios/as; promovía que al menos el 30% de las utilidades de las grandes empresas e ingenios fueran para sus obreros/as y empleados/as; planteaba un ingreso mínimo para los/as colonos/as cañeros; reclamaba la confiscación de bienes a malversadores y enemigos de la revolución, cuyos fondos debían ir para proyectos sociales; sostenía la necesidad de una profunda reforma agraria; de una reforma educativa integral; y planteaba la nacionalización de empresas de servicios que eran de capitales norteamericanos.

La revolución, es socialista

Aunque el régimen de Batista lo quiso mantener preso, la presión popular obligó a la dictadura a liberar a Fidel, quien fue obligado a exiliarse en México, desde donde dirigió el reimpulso de la lucha. En México, un grupo de revolucionarios/as dirigidos por Fidel, entre los que se integró Ernesto “Che” Guevara” prepararó un desembarco en Cuba, que contaba con el apoyo de los sectores urbanos del naciente M-26. Así el 25 de noviembre de 1956, hace 60 años, 82 combatientes revolucionarios/as que viajaban en el yate Granma alcanzaron la isla, para dar nuevo impulso a la lucha revolucionaria.

Fidel Castro fue el líder indiscutido de aquel proceso en el que se forjó toda una generación de combatientes revolucionarios/as, entre los cuales se destacan el Che Guevara, Camilo Cienfuegos, Haydée Santamaría, Raúl Castro, Celia Sánchez, Juan Almeida, Melba Hernández, entre otros. Los combates del pueblo cubano y sus organizaciones, encabezadas por el M-26 y su Ejército Rebelde lograron derrotar al ejército de Batista, y tomar el poder el 1 de enero de 1959. Todo el pueblo humilde de Cuba festejó en las calles y recibió con los brazos abiertos el triunfo revolucionario.

Fidel Castro, el líder estratégico de la guerra por el poder, se convirtió entonces en el principal líder político del proceso de construcción de la revolución. En apenas 5 meses de gobierno revolucionario, el programa del Moncada cambió radicalmente las condiciones de vida del pueblo. La ley de alquileres los redujo hasta el 50%, los medicamentos y las tarifas telefónicas bajaron drásticamente enfrentando los intereses de empresas norteamericanas. La primera ley de reforma agraria limitó la propiedad a 400 hectáreas expropiando el resto para impulsar granjas estatales y cooperativas, lo que afectó principalmente a la burguesía agrícola y a las grandes compañías azucareras de propiedad norteamericana.

El creciente boicot patronal e imperialista a las medidas de corte social, fue respondido una y otra vez con la radicalización del proceso revolucionario. El Che Guevara, protagonista destacado de este proceso de radicalización, dirigió desde su puesto de combate en el Ministerio de Industrias, la expropiación de grandes empresas incluyendo la nacionalización de las refinerías de Shell, Esso y Texaco; y del Bank of Boston, el City Bank, el Chase Manhattan y el resto de la banca. Lo mismo sucedió con las grandes empresas industriales, comerciales y de transporte, y con los edificios destinados al alquiler.

El pueblo de Cuba, protagonista de la revolución se organizó masivamente en los Comité de Defensa de la Revolución, los que jugaron un papel fundamental cuando EEUU intentó promover un desembarco militar en Playa Girón. El imperialismo yanqui fue derrotado estrepitosamente por un pueblo alzado en armas. Fidel Castro estuvo en el primer lugar de combate. Luego de ese intento, Fidel fue quien habló a Cuba de su presente y su futuro: la revolución, para ser popular, para ser antiimperialista, debía ir a fondo. La revolución, dijo aquel 16 de abril de 1961, era una revolución socialista.

Ni calco ni copia, creación heroica

Fidel Castro estuvo en la primera línea de construcción de la experiencia más radical de nuestro continente. La primera revolución socialista de América. Los/as trabajadores/as, campesinos/as, las mujeres y la juventud de nuestro continente pusieron su mirada en esa experiencia fundamental que marcó un quiebre histórico, influyendo en millones de compañeros y compañeras que se sumaron a la lucha por la revolución y el socialismo.

Crear el socialismo, no imaginarlo ni proclamarlo, sino crearlo desde sus cimientos, partiendo de las lamentables condiciones de pobreza y dependencia existentes en América Latina, es lo más osado que ha sucedido en el último siglo en nuestro continente. Fidel Castro estuvo siempre en la primera fila de esa batalla.

Como siempre que las cosas se hacen, la experiencia cubana tiene sus problemas y sus errores. Los revolucionarios cubanos son muchas veces los primeros en señalarlos. La construcción del socialismo en Cuba en el marco de la guerra fría, del “socialismo real” heredado del stalinismo, del avance imperialista, de la derrota de los intentos revolucionarios latinoamericanos, entre otras tantas condiciones, llevó a tomar decisiones de política interna y exterior que fueron muchas veces discutidas.

La Cuba socialista que ayudó a forjar Fidel ha sido, con esos errores encima, el mayor acierto y ejemplo que pueda tenerse presente en nuestro continente. Su autenticidad, encarnada en el compromiso profundo que ha mostrado el pueblo cubano por décadas, es de tal magnitud, que la revolución cubana sobrevivió al mayor embate reaccionario que vivió el mundo a fines del siglo XX con la avanzada capitalista que implicó la caída del muro de Berlín, la desestructuración de la URSS y la plena incorporación de China a las relaciones de mercado.

Durante todo este período, de grandes penurias, Fidel estuvo, como siempre, en la primera línea de combate. Cuba atravesó el período especial, casi sin recursos para alimentarse, asediada por el bloqueo norteamericano, manteniendo en alto las banderas de la revolución y poniendo en primer lugar la defensa de conquistas sociales fundamentales.

Así Cuba, país pobre de América Latina, se convirtió en ejemplo. Es aún hoy el único país de América sin desnutrición infantil, el que tiene la tasa de mortalidad más baja del continente, donde nunca un niño (como sucede en el resto del continente) duerme en la calle, con el mejor sistema educativo y de salud a nivel continental, hasta el punto que sus miles de médicos graduados son un ejemplo de solidaridad, porque Cuba, como dijera Fidel “exporta médicos, no bombas”.

Cuba, faro de América, ha tenido un Comandante: Fidel. Su muerte, a los 90 años, nos deja un legado enorme.

Fidel Castro, comandante de la revolución cubana, comandante de América, comandante de todos aquellos que luchamos por una nueva humanidad, es el ejemplo vivo de una vida al servicio de la revolución. Su ejemplo impregna la lucha de los que están y los que vendrán, arando el porvenir.

¡Hasta la victoria siempre comandante!

Izquierda Revolucionaria – OP Hombre Nuevo