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Estudiar en tiempos del macrismo (y resistir para contarlo)

Durante mayo la lucha docente fue la punta de lanza del conflicto educativo a lo largo y ancho de nuestro país. En el contexto actual se vuelve fundamental la organización y la unidad. Construyamos un plan de lucha común que incluya todos los niveles educativos en defensa de la educación pública.
La educación como derecho, para pocos.
En el marco de una resistencia que se comienza a gestar, y que va en ascenso, durante mayo la lucha docente fue la punta de lanza del conflicto educativo a lo largo y ancho de nuestro país. Logramos poner en escena -a fuerza de asambleas, clases públicas y cortes de calles- la movilización educativa más grande de los últimos años. El motivo lamentablemente no es novedad, las universidades públicas enfrentan un fuerte recorte presupuestario que pone en peligro algo tan básico como continuar con las actividades cotidianas, ya que no alcanza el dinero ni para pagar la luz. Una vez más fuimos los estudiantes, junto a los docentes y no docentes, los que salimos a visibilizar este problema, y gracias a dicha unidad logramos poner en la calle más de 50.000 personas que dejaron un claro mensaje al gobierno de Macri: la educación del pueblo no se vende, se defiende.
El presupuesto destinado a la educación superior votado el año pasado implicaba un aumento del 30%. Sin embargo, la devaluación con la que arrancamos el año, la inflación de más del 40% y los tarifazos de los servicios públicos lo volvieron obsoleto. Al punto que para la UBA, una de las universidades más movilizadas estas semanas, el aumento presupuestario representa un 0%. Según cálculos que presentaron los gremios docentes y estudiantiles, la universidad no podría pagar la luz después del mes de agosto.
Este gobierno -soberano de la alegría y la felicidad (para pocos)- quería convencernos que no era tan grave la situación. Que tenemos que colaborar y ahorrar. Capaz sea mejor cerrar los turnos nocturnos, como pasó en la Universidad de La Rioja, para ahorrar luz, y los estudiantes que laburamos, bueno… habrá que esperar tiempos mejores. O las facultades como Exactas y Ciencias Naturales, deban evaluar desenchufar las heladeras de los laboratorios porque es importante pensar en el otro y dialogar, ya que para este gobierno, todo se soluciona con globos amarrillos y una sonrisa (!).
En lugar de ser las grandes empresas las que tengan que ahorrar o pagar multas por el consumo excedido y la nula inversión en infraestructura, seguimos siendo los laburantes y el sector público los que más sufrimos el ajuste.
Cuando las clases públicas y cortes de calle rompieron la normalidad, y la situación que afrontan las universidades se instaló como un problema en la opinión pública, Macri salió a vendernos espejitos de colores una vez más. Tal como hizo ante el debate de la ley antidespidos cuando nos quiso conformar con un “compromiso” firmado con los empresarios; el presidente salió a anunciar una partida presupuestaria extraordinaria de $500 millones. Lo lamentable de esta cifra grandilocuente, es que, al dividirse en 53 universidades, el aumento se termina licuando, se encuentra lejos de representar una solución al problema de fondo, ya que implica el 1% del presupuesto universitario nacional.
Este ataque a la Universidad pública y gratuita es la antesala para abrir aún más las puertas a los sectores privados, ya que sin presupuesto las universidades terminan buscando fondos privados, aumentando los postgrados arancelados, cesanteando docentes y cerrando cátedras. Así, de a poco, el gobierno de Macri (y las editoriales de La Nación) comenzará a plantear que hay pocos graduados, que el modelo educativo de Chile es el norte a seguir, que los docentes son vagos… en fin, que si querés estudiar, tenés que pagar.
Para completar este cuadro de situación el gobierno decidió avalar la declaración del Juez federal Pablo Cayssials de declarar inconstitucional dos artículos de la Ley 27.204. Casualmente dichos artículos establecían el ingreso libre e irrestricto a la educación superior. Al parecer, el modelo de la “revolución educativa” del macrismo no es tan amplio ni inclusivo como nos decían en las publicidades de campaña. Mientras para el Ministro de Educación Esteban Bullrich “el ingreso irrestricto es demagogia”, para nosotros esta nueva ofensiva implica la expulsión de sectores populares de la educación superior.
Los funcionarios se excusan diciendo que esta medida es para defender la autonomía universitaria, porque supuestamente el acceso a las mismas no debe ser decretado por ley sino por cada casa de estudios; y que el problema está en que el sistema educativo primario y secundario es insuficiente. Pero poco hacen desde el Estado para garantizar la educación como un derecho, y no como un privilegio de quienes pueden hacer frente a pagar el boleto del subte o bondi, comer afuera, pagar los apuntes. El acceso a la educación superior es un derecho universal, es decir, de todos los sectores sociales, es responsabilidad del Estado garantizarlo, y no –como nos quieren hacer creer- de cada individuo.
Acá sí se resiste con aguante.
En este contexto de ajuste, las paritarias de los docentes universitarios implicaron un proceso de fuerte negociación y movilización. Tras numerosas jornadas de paro con clases públicas en todas las universidades, y  la realización de la marcha educativa del 12 de mayo que reunió a todos los gremios docentes y estudiantiles, el gobierno tuvo que mejorar su oferta salarial. CONADU Histórica fue la federación docente que encabezó con más fuerza el reclamo por la recomposición salarial, pero también por la adecuación de todas las universidades al convenio colectivo docente. Históricamente los sueldos de los docentes universitarios han sido miserables, a lo que debemos sumar la gran cantidad de docentes que por años trabajan gratuitamente (ad honorem). Estos docentes, en su mayoría jóvenes que comienzan dando clases mientras finalizan su carrera, son quienes realmente sostienen la vida universitaria, estando a cargo de miles de cursos.
La solidaridad entre docentes, estudiantes y no docentes no se hizo esperar estas semanas. La organización que desde la izquierda se viene gestando en los gremios docente y estudiantil demostró hacer la diferencia cuando un conflicto se desarrolla. En la UBA las jornadas de paro con clases públicas fueron impulsadas de conjunto con los gremios estudiantiles combativos. Se organizaron cortes de calle en avenidas muy transitadas, día a día se multiplicaron las clases públicas llegando a realizarse en subtes, en el metrobús, en trenes o en plazas. Este proceso de movilización llegó a todos los rincones de la Universidad de Buenos Aires y logró romper la normalidad de la misma. Pero también implicó un conflicto a escala nacional: 28 de 53 Universidades Nacionales estuvieron en paro por esta lucha.
Expresión de esto fue la movilización del pasado 12 de mayo que convocó a más de 50 mil personas bajo la consigna “Defendamos la educación pública”. Docentes, investigadores, estudiantes, no docentes y hasta varias gestiones de facultades, estuvimos juntos en la calle demostrando que no dejaremos que avancen estos ataques contra la educación. Salimos a discutirle a los medios de comunicación, que se empeñan en mirar para otro lado, que somos miles los que luchamos por defender este derecho. Que somos miles los que salimos a gritar bien fuerte que queremos salarios dignos para los docentes, que queremos más presupuesto para la educación pública, que queremos el boleto educativo ya!
La masividad de este hecho político obligó al Gobierno a mejorar su propuesta que había comenzado en un 25% para luego reducirse escandalosamente a 15%. Finalmente, todos los gremios: Conadu, Conadu H, Fedun, Fagdut (docentes de la UTN), Ctera y la UDA (docentes de escuelas preuniversitarias) firmaron una aumento del 34% al 36% según la categoría en cuatro tramos. Además, se logró incluir una cláusula para revisar el acuerdo en septiembre con el objetivo de actualizarlo según la inflación, y se consiguió que las nuevas paritarias se reabran en febrero del 2017. Esto implica que las paritarias de docentes universitarias que solían será cada 16 meses se reduzcan a 10, permitiendo que el salario no quede tan atrasado.

 

La educación que defendemos, la educación que queremos.
Nos parece importante que incorporemos una reflexión que nos permita profundizar el proceso. Los conflictos educativos universitarios de los últimos años vienen siendo motivados principalmente por recortes presupuestarios, por disputas salariales o por problemas edilicios. Es fundamental que acompañemos esos procesos y que los llevemos a fondo, para construir mejores condiciones de acceso y permanencia a la educación pública. Sin embargo, no debemos perder de vista que la Universidad cumple un rol social, es una institución más del sistema capitalista y patriarcal, y que es nuestra tarea desarrollar una disputa dentro de la misma. Como usina de pensamiento, como espacio de producción de conocimiento y formador de profesionales, docentes e intelectuales, la Universidad pública es parte integrante de la sociedad; y como tal, reproduce las relaciones sociales generales que en ella imperan. Sus objetivos están orientados por los intereses hegemónicos del sistema. El conocimiento se fragmenta, se divide y se orienta con el fin de reproducir el sistema de dominación y explotación. El principal rol de las Universidades es formar mano de obra calificada para las exigencias productivas, al mismo tiempo que se construyen intelectuales que podrán legitimar el orden social existente.
Aunque sabemos que no podremos construir una Universidad socialista en un mundo capitalista, que es necesario transformar el sistema como un todo para modificar sus instituciones, la disputa por la orientación social de la Universidad es una tarea actual. Nos alejamos de quienes ven a la Universidad como un mero espacio de formación de cuadros para la burguesía. Hoy la mayor parte de los estudiantes somos también trabajadores, que buscamos mejorar la calificación de nuestra fuerza de trabajo para venderla en mejores condiciones (si es posible). Nuestro rol como jóvenes organizados es propiciar debates sobre los planes de estudio de nuestras carreras, sobre el perfil profesional con que nos forman, sobre las líneas de investigación que se ponderan o no. Discutir el rol social de la Universidad es también proponerse construir conocimiento para y con los sectores populares, y no de manera aislada como científicos que observan la realidad social detrás de una vidriera.
Discutir qué educación tenemos, pero principalmente qué educación queremos y necesitamos para abonar a un proceso de transformación social de raíz es la gran potencialidad que tenemos. Los estudiantes somos la parte mayoritaria de las universidades, somos el núcleo vivo, activo, somos a quienes no han logrado domesticar, a quienes no nos es indiferente lo qué les pasa a nuestros compañeros de estudio, a nuestros docentes o compañeros de trabajo. Desarrollar tareas gremiales es urgente y fundamental al tiempo que construimos Centros de Estudiantes movilizados, que se preocupen por y ocupen de generar mejores condiciones de acceso y permanencia como tarea de primer orden. Los Centros que construye el troskysmo suelen ser indiferentes a esta dimensión, relegando un espacio que termina ganando la derecha. Nuestro proyecto para los Centros de Estudiantes es integral, es entenderlos como gremios, como espacios de organización reivindicativa. Pero también como espacios de denuncia y lucha política. Desde donde discutir las relaciones sociales clasistas y patriarcales que la Universidad aporta a reproducir, discutir el carácter expulsivo que la educación tiene hacia los sectores populares en este sistema. Perderse en sólo una de esas dimensiones implica retroceder en la tarea de construir un movimiento estudiantil crítico y combativo, que esté a la altura de las grandes gestas históricas que protagonizó.
Con ese objetivo, también es fundamental la batalla teórica en la Universidad. Disputar la producción de conocimiento a la burguesía, al posmodernismo, así como al marxismo ortodoxo que se pierde en la academia y en las determinaciones y olvida el rol trasformador del sujeto. De las Universidades han surgidos muchos cuadros dirigentes que hicieron grandes aportes a la lucha obrera. Es nuestra tarea disputarlos y ganarlos para nuestro proyecto político.

 

 

Los proyectos para la juventud.

Como bien sabemos los planes del macrismo para la juventud están lejos de fortalecer la educación gratuita, pública, científica y de excelencia. Si por ahora logramos sortear los más de 100.000 despidos, arreglarnosla para comprar los apuntes con inflación, y hacer frente el aumento del 100% del transporte para seguir cursando, también nos enteramos que no nos alcanza con terminar el secundario para anotarnos en la facultad porque nos quitaron el acceso libre e irrestricto. Pero aquí no se acaba el asunto. Según este gobierno plagado de CEOs de empresas, los jóvenes entre 19 y 23 años ahora tenemos nuevas oportunidades de “progreso” y “de movilidad social ascendente” ya que el Ministro de Trabajo Triarca, ha firmado un acuerdo con la multinacional McDonald´s  que nos propone trabajar 6 horas diarias a cambio de $4500. Nuevamente, bajo la farsa de querer brindar nuevas oportunidades a los jóvenes se nos propone trabajar en forma precaria, por un sueldo que está muy lejos del del Salario Mínimo Vital y Móvil ($8060). En lugar de ofrecer becas de estudio, de invertir presupuesto en educación, salud o de generar puestos de trabajo dignos, el gobierno, fiel a sus intereses, subsidia a estos paladines de la comida (y el trabajo) chatarra para que nos explote más y mejor.
Como juventud organizada no nos resignamos al rol que nos pretende imponer este y tantos otros gobiernos. Nos negamos a ser siempre los jóvenes los trabajadores más precarizados, las víctimas del gatillo fácil, a ser uno de los sectores más vulnerables y explotados de la sociedad. Creemos que en este contexto es fundamental impulsar espacios de organización gremial, pero también políticos. Debemos construirnos como un actor que con voz unitaria haga escuchar sus reclamos, visibilice los problemas que nos aquejan. En este sentido, vemos fundamental apostar al Frente Político de la Juventud que se viene gestando entre varias organizaciones, con un claro perfil disruptivo de acción, levantando las banderas del anticapitalismo, del  antipatriarcado y el antiimperialismo.
Apostamos a construir una herramienta que ordene y visibilice el espacio político de la Nueva Izquierda Anticapitalista desde la independencia de clase. El avance de la derecha nos impone con más urgencia construir espacios defensivos desde la más amplia unidad. Sin embargo, a la luz de las últimas experiencias de movilización y coordinación amplias no debemos ser ingenuos y creer que la unidad se construye a cualquier costo o sólo con buenas intenciones. Es fundamental que pongamos en pie una alternativa política propia, que tenga un perfil político claro, que nos permita demostrar en la calle los años de acumulación y crecimiento que con tanto esfuerzo dieron frutos en nuestras construcciones.
Como jóvenes estudiantes, docentes o investigadores sabemos que el único camino es la lucha y la organización desde abajo. Por eso venimos impulsando en las facultades comisiones y asambleas para discutir en conjunto estos problemas y desarrollar planes de acción. Tenemos que profundizar este camino. Discutir la situación educativa en cada curso, en cada pasillo, con todos nuestros compas de estudio y amigos. Es nuestra tarea, como juventud organizada, como juventud rebelde, no conformarnos.
Si el norte educativo del macrismo es el modelo chileno, nosotros tomaremos el ejemplo de nuestros jóvenes hermanos del país vecino, que hace años vienen luchando con radicalidad en las calles contra ese sistema neoliberal de educación. En Paraguay, en Chile, en Brasil los estudiantes venimos siendo los protagonistas de grandes movilizaciones, de procesos que se oponen a los recortes a la educación y que cuestionan el sistema educativo privatista y expulsivo.
Este gobierno de derecha neoliberal, en sintonía con el proceso que vive el resto de nuestro continente, tiene un plan claro: hacer que el capital avance, y que los sectores organizados retrocedamos, nos desarticulemos. Por eso es fundamental la organización y la unidad. Construyamos un plan de lucha común que incluya todos los niveles educativos en defensa de la educación pública. Los docentes ya avanzaron sobre su acuerdo paritario, pero el ataque a la educación no termina allí. Debemos luchar por más presupuesto y por más transparencia en su ejecución. Debemos luchar por disputar qué conocimiento y que profesionales se forman en la universidad. Debemos luchar por hacer avanzar un proyecto político propio, que se plantee como una alternativa para el conjunto de los jóvenes.

 

¡Debemos luchar hasta vencer!
Juventud de Hombre Nuevo Fernando Deliens