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El imperialismo yanqui y nuestros desafíos

El imperialismo existe. Estados Unidos, gendarme mundial, el gran enemigo del género humano, avanza en reafirmar su dominio sobre nuestras tierras y nuestros pueblos a quienes siempre consideró “su patio trasero” o la “gente de allá abajo”. La necesidad de recrear las mejores tradiciones del antiimperialismo revolucionario.

Las cosas por su nombre

En su Revisión Cuadrienal de Defensa, publicado en 2014, el Pentágono afirma: “La efectividad de otras herramientas, como la diplomacia y la asistencia económica, para la influencia global de EE.UU. está absolutamente entrelazada y depende totalmente de la percepción que el mundo tenga de la fuerza, la presencia y el poder de nuestras fuerzas armadas”.

Esa presencia es variada, desde las bases para operaciones tradicionales, como los sitios de operaciones avanzadas que no son reconocidas legalmente como bases pero que operan como tales y cuentan con la posibilidad de expandirse en caso de necesitarlo. A esto hay que sumar las diversas formas de apoyo, formación y entrenamiento que los EEUU realizan con las fuerzas armadas de muchos países del continente: la Escuela de las Américas “fue cerrada”… pero ahora funciona el  Instituto de Cooperación para la Seguridad Hemisférica (WHINSEC). Por supuesto el financiamiento y entrenamiento de mercenarios “coopera” con esta política estratégica.

Pero junto a esa presencia más o menos directa, hay que señalar la concepción de “seguridad” que es verdadero ejemplo de un programa común más allá de las fronteras y que la mayor parte de los países aplica. La “Doctrina de la Seguridad Nacional” corrió la misma suerte que la Escuela de las Américas: se le ha cambiado el nombre. Ahora bajo la “Seguridad Democrática” u otras denominaciones se implanta una política de militarización. La invocada lucha contra el “narcotráfico” y/o contra el “terrorismo” se convierte en argumento para que las fuerzas armadas realicen tareas de policía, saturen con presencia las calles y “disuadan el delito”. Otro puntal es el desarrollo a gran escala del paramilitarismo que permite diluir responsabilidades de los secuestros, torturas y ejecuciones.

El frente imperialista – burguesía criolla

“Lo determinante en este momento es que el frente imperialista – burguesía criolla es consistente”, escribía el Che en Táctica y estrategia de la revolución. La validez de esta afirmación no ha hecho más que corroborarse desde que fuera escrita en 1962. Enormes son los costos de no comprender ese rasgo distintivo de nuestras formaciones sociales: el imperialismo no es algo externo. Forma parte de la dinámica interna de nuestras sociedades (no sólo en lo económico). Nuestras clases dominantes fueron conscientes en los ´60 del peligro revolucionario y están alertas hoy de las rupturas que los pueblos sometidos protagonizan cuando se conjugan múltiples condiciones.

El golpe que instauró la actual dictadura en Honduras en fue promovido por EEUU y por las diez familias más ricas que concentraban en 2009 nada menos que el 90% de la riqueza producida por el país centroamericano. El asesinato de trabajadores, de estudiantes, de periodistas, de  militantes y referentes en Honduras no ha cesado desde el golpe que destituyera a Manuel Zelaya. La impunidad del régimen, denunciado por las organizaciones que resisten la expropiación y la represión, ha ocupado algún lugar en los medios monopólicos a raíz del infame crimen de Bertha Cáceres (ver recuadro).

La acción conjunta se manifiesta también en Venezuela. Simultáneamente al lanzamiento de una hoja de ruta con el objetivo de destituir a Nicolás Maduro, Barack Obama prorrogó por un año la orden ejecutiva 13.692 que impone sanciones al país y a funcionarios del gobierno bolivariano, al tiempo que califica a Venezuela como “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de EE.UU.”

La Argentina de Macri ya se ha alistado para cumplir el papel que lamentablemente tantas veces ocupara nuestro país en Nuestra América: peón del imperialismo de turno, dispuesto a encabezar la ofensiva contra los procesos sociales y políticos más avanzados. Los bancos, los agronegocios y las grandes industrias aplauden la “seriedad” del marco de las relaciones internacionales. La entrega económica se completa con la “cooperación militar” con las consecuencias luctuosas que implicará para nuestro pueblo.

Un grito de guerra contra el imperialismo

Una gran deuda que tenemos es la de recrear instancias prácticas de coordinación del antiimperialismo revolucionario. En las mejores tradiciones del guevarismo, entendemos que el internacionalismo debe tener una materialidad. Una práctica organizada que pueda disputar sentido, pero también convertirse en algo visible y convocante para amplias masas de nuestro pueblo que abrigan un sentido antiimperialista.

Es probable que no siempre esa coordinación se traduzca en unidad en todos los terrenos de la actuación política. Pero es hora de que encontremos la manera de trabajar a partir de los puntos de acuerdo comunes, respetando las discrepancias en otros ámbitos y apostando a que, como decía el Che, esas diferencias no se resolverán de palabra o con invocaciones políticamente correctas a la unidad.

Por otra parte, sin dudar en el apoyo a los procesos más avanzados de nuestro continente que vienen resistiendo los embates del establishment local y extranjero, creemos que la unidad de los pueblos en lucha contra el imperialismo no siempre coincide con los tiempos gubernamentales. El exceso de delegación de la iniciativa en la representación estatal (aun cuando la misma sea verdaderamente radical) ha demostrado tener límites serios a la hora de poner en pie una resistencia efectiva.

Debemos retomar las mejores experiencias del antiimperialismo de Nuestra América para que el repudio a los atropellos imperiales sea más fuerte, más amplio y más masivo, pero sobre todo, para recuperar la senda revolucionaria y el objetivo estratégico de la destrucción del imperialismo.

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** Cuba y Estados Unidos:

La visita de Obama a Cuba es sin duda un hecho histórico. El presidente norteamericano llega con la perenne intención de doblegar al pueblo de Martí, pero reconociendo que la política aislamiento y embargos contra la isla no logró su cometido. En noviembre pasado la resolución de Cuba en contra del bloqueo recibió 191 votos de apoyo en la ONU, y sólo dos votos negativos (EEUU e Israel).

Cuba no es cualquier país. La búsqueda del restablecimiento de relaciones comerciales con EEUU e incluso las reformas hacia el mercado son, en gran medida, una imposición de una realidad mundial que no avizora otras revoluciones triunfantes cuando hay necesidades cotidianas a resolver.

Pero Cuba sigue siendo el país con mayor soberanía de Nuestra América. Obama no entrará a Cuba como lo hiciera Coolidge durante el gobierno dictatorial de Machado, asesino de Julio Antonio Mella. Tampoco con la pleitesía con que será recibido por el gobierno argentino, festejando su propia sumisión como un éxito de “reinsertarse en el mundo”. No, Cuba recibirá a Obama haciendo valer sus derechos. Reclamará el levantamiento del bloqueo y el retiro de la base de Guantánamo. La hipocresía imperial, por supuesto, tendrá su lugar. El premio nobel de la guerra indagará sobre los derechos humanos en Cuba… aunque reconoce no tener como agenda del viaje discutir Guantánamo: territorio usurpado en el que la tortura es ley.

 

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**Bertha vive, la lucha sigue y sigue

En la madrugada del 3 de marzo, Bertha Cáceres, líder indígena del pueblo lenca, referencia internacional en la lucha medioambiental y Coordinadora General del Consejo Indígena de Organizaciones Populares de Honduras (COPINH) fue asesinada por personas que irrumpieron en su casa. La responsabilidad de este crimen anunciado es de la dictadura que ocupa el gobierno en favor de los grandes capitales nacionales y extranjeros. El repudio popular colmó las calles de La Esperanza. La lucha contra la dictadura y la entrega de los bienes comunes del pueblo hondureño seguirá adelante. Por eso mismo, en la ciudad de Buenos Aires, varias organizaciones nos movilizamos el 4 de marzo frente a la embajada de Honduras para sumar nuestro repudio.