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El frente antiimperialista y por el socialismo – Parte II – Un embrión del frente de liberación nacional y social

Ver También: Frente Antiimperialista y por el Socialismo. Parte 1: Un ejército político de masas impulsado por el PRT

La composición del FAS: la unidad entre la izquierda marxista y el peronismo revolucionario

El FAS no fue un frente exclusivo del PRT, sino que el mismo fue compuesto por otras organizaciones políticas y sociales, personalidades y referentes políticos, tanto de la izquierda marxista, como del peronismo revolucionario. El acuerdo inicial entre el PRT y el Bloque de Agrupaciones Peronistas en apoyo a la CGT fue ampliándose durante los congresos y el proceso de construcción regional y zonal. Intentando clasificar a las organizaciones que formaron parte o adhirieron al frente, podríamos dividirlas en (1) Publicaciones: El Combatiente y Estrella Roja, América Latina, Patria Nueva, Nuevo Hombre, Posición, Rescate, Delegación de Trabajadores del Diario El Mundo; (2) Grupos culturales: Cine Clasista, Grupo Cine de la Base; Mesa Cultural del FAS; (3) Organizaciones populares, sindicales y de trabajadores: Agrupación Trabajadores de la Construcción de Santiago del Estero, CGT Clasista de Salta, Frente de Villeros y Campesinos, Trabajadores de General Motors de Bs. As., Movimientos vecinales combativos de distintos barrios y villas, Sindicatos de Ingenios y ex Ingenios de Tucumán, Organizaciones de aborígenes; Empleados públicos de Mendoza, frente de Villeros y Campesinos; Trabajadores Municipales, Trabajadores de Perkins, Luz y Fuerza, SITRAC-SITRAM, Movimiento Sindical de Base (MSB); (4) Organizaciones políticas y político-militares: Columnas FAL América en Armas, FAL-Che, FAL Comando Lezcano/Polti/Tabora, Juventud Peronista y Juventud Trabajadora Peronista de Salta y Jujuy, Juventud del Partido Marxista Leninista, Ejército Libertador Nacional, Juventud Guevarista, Comandos Populares de Liberación, Grupo Espartaco, Orientación Socialista, El Obrero, Cristianos por el Socialismo, Partido Comunista Marxista-Leninista (PCML),  PRT-ERP, Liga Espartaco, Liga Socialista, Movimiento de Izquierda Revolucionaria, Izquierda Socialista, Grupo Praxis, Socialismo Revolucionario, Peronismo de Base, Ejército Libertador del Norte, Acción Proletaria, Organización Revolucionaria “Poder Obrero”, Democracia Obrera Revolucionaria y Círculo Socialista, Unidades Básicas de Tucumán, JP y JTP de Santiago del Estero, Organización Guerrillera, Unidad Básica “Evita Montonera”, SOLBA (Solidaridad y Lucha Barrial), PST (observadores), Política Obrera (observadores), Frente Revolucionario Peronista, Peronismo de Base (observador)[1].

La lista organizaciones nos dejan entrever datos significativos. Uno de ellos es la profunda inserción obrera y popular congregada en el FAS, expresada en la representación de distintas organizaciones sindicales, trabajadores rurales, campesinos, villeros y pueblos originarios, que adherían al frente. Estos sectores estaban en el centro de la escena, no por nada el IV° y V° Congreso del FAS se realizaron en el corazón del norte argentino (Tucumán-Chaco) junto a los trabajadores más humildes. A su vez, se contaba con la adhesión de un dirigente sindical de la talla de Agustín Tosco, y la presidencia del frente estaba a cargo de un referente de los trabajadores como Armando Jaime. La segunda cuestión es que el FAS evidencia la posibilidad real de congregar en un armado político-organizativo a la izquierda marxista y al peronismo revolucionario. De este último sector no sólo participaba Armando Jaime, militante del FRP y dirigente de la CGT Clasista de Salta, sino que también adherían Alicia Eguren, intelectual, militante revolucionaria, referente viva de la tendencia revolucionaria del peronismo y compañera de J.W.Cooke; Ortega Peña, diputado por el FreJuLi, abogado de presos políticos y director de la revista “Militancia”; y Manuel Gaggero, una referencia activa de la CGTA, protagonista en la defensa de los presos políticos, y director del Diario El Mundo. Solo faltaban a la cita organizaciones de peso como el Peronismo de Base (que sólo participó como observador en el V congreso) y Montoneros (reacia a compartir un espacio organizativo que enfrente la política de Perón y, menos aún, si era liderado por el PRT).

La construcción del FAS, entre la unidad y la disputa

La construcción del FAS lejos estuvo de ser un proceso “por arriba” y sin debate político. De los distintos puntos en tensión que se suscitaron en el frente, esbozamos al menos uno que da cuenta de las disputas existentes por la dirección del FAS: el programa del frente, su carácter y el marco de alianzas.

La posición del PRT en relación al programa del FAS y, con ello, el marco de organizaciones con las cuales realizar alianzas, se encontraba en tensión con otras posiciones políticas, incluso de la izquierda marxista. Para comprender el carácter del FAS es necesario retomar el folleto “Perspectiva del Frente de Liberación” del PRT en el cual deja en claro los distintos niveles organizativos que debe impulsar el partido revolucionario. En él distingue entre el frente de liberación y el resto de organizaciones existentes (partido, órganos de masas, ejército popular y frente táctico). El PRT retomando a Lenin sostiene que “el campesinado pobre, la pequeña burguesía y otras clases que no tienen proyecto político propio, deben seguir a la clase obrera o a la burguesía, y que si la clase obrera no se preocupa por acercase a ellas, por ganarlas a la causa de la revolución nacional y social que traerá también la solución de sus problemas, serán indefectiblemente engañadas por la burguesía, influenciadas por ella y lanzadas contra la revolución como fuerza de choque.”[2] En ese sentido, impulsaba un frente que acaudille bajo la hegemonía de la clase obrera a sectores no proletarios. Ese frente debía ser de liberación nacional y social (FLNyS), contra el imperialismo y sus aliados burgueses locales tiene un carácter estratégico y permanente, es el arma de unidad y lucha de la clase obrera y sus aliados, campesinos, villeros, capas medias. Ahora bien, el PRT entiende que dicho frente es una alianza de clases para concretar un objetivo común, y que es precisamente la diferencia de clases y comunidad de intereses lo que hace necesario y posible al frente. Si los intereses de clase en juego fueran homogéneos no sería necesario un frente, bastaría un partido para representarlos. Es justamente dicha organización, el elemento permanentemente organizado bajo la unidad y homogeneidad política, ideológica, estratégica y programática, quien debe librar una lucha constante al interior del frente para anular las tendencias reformistas y populistas impulsadas por los sectores no proletarios. Desechada la idea de frente como partido, el PRT plantea que el FLNyS no se decreta por voluntad de una organización, sino que es necesario ir nutriéndolo de todos los sectores oprimidos y explotados dispuestos a luchar contra el imperialismo y el capitalismo. Aquí se centra la construcción del FAS, como un germen de dicho FLNyS. Por ello el FAS está orientado a ser un ejército político de masas, que pueda tomar el conjunto de problemas inmediatos del pueblo en una plataforma de lucha contra este sistema de miseria y explotación, a la par que aporte a la construcción del poder popular, impulsando la organización local de las más amplias masas. En esta sintonía, el FAS no era pensado como un organismo de base ya que “el Frente toma todos los problemas de las masas, económicos, sociales y políticos, partiendo de la comprensión establecida previamente de que cada uno de esos problemas no son más que manifestaciones parciales de una realidad más general, es decir del régimen capitalista imperialista. Por el contrario, los órganos de masas pueden haber o no arribado a esa conclusión previa. Ellos se ocuparán fundamentalmente de resolver de manera inmediata los problemas parciales que afecten a su sector de clase, y en la lucha cotidiana por esos problemas será precisamente que irán tomando una conciencia más amplia del problema general del capitalismo. En este sentido, se puede afirmar que los órganos de masas constituyen el primer escalón en la organización y desarrollo de la conciencia de las masas. Por eso mismo, los órganos de masas específicos tienen un carácter mucho más amplio y flexible y existe en ellos una variada gama de matices, desde los puramente reivindicativos hasta los más politizados.”[3]

Una última distinción que realiza el PRT en relación al FAS es con respecto a un ejército popular y un frente de unidad de acción.  En este sentido, sostiene que un ejército popular es una organización destinada al combate y, si bien levanta un programa similar al del FAS, su composición se restringe a los combatientes probados. En relación al frente de unidad de acción, el PRT entiende que, a diferencia del FAS, el primero es un frente táctico por un objetivo concreto (la lucha contra el fascismo) y que por ende su contenido de clase es aún más complejo que el del FLNyS. En ese sentido impulsó a fines del ´73 el Frente Antifascista y Antiimperialista.

Por último, para el PRT, la extensión y profundidad del programa del FAS debía adecuarse a las tareas políticas del momento orientadas a desarrollar ese embrión del FLNyS. En ese sentido irá de a poco profundizando la idea de ampliar el FAS a otros sectores políticos. El PRT caracterizaba que la vuelta de Perón venía a jugar un rol clave en la contrarrevolución. Su retorno verificó ese análisis a través de la masacre de Ezeiza, la escalada fascista y represiva expresada en la creación de la Triple A y otros grupos contrainsurgentes parapoliciales, el “Navarrazo” y la política de expulsión del peronismo revolucionario cuyo emblema fue el 1º de mayo de 1974. Muerto Perón esas tendencias ya presentes se potenciaron. Ante eso, el PRT sostuvo que era necesaria la mayor unidad política y organizativa del campo popular contra los explotadores[4].  Así intentó una y otra vez tender lazos con el PC y Montoneros. A sabiendas de que eran las principales organizaciones que representaban las tendencias populistas (Montoneros) y reformistas (PC), era necesario agruparse en un Frente de Liberación contra el imperialismo y sus aliados burgueses. El PRT era consciente de que apostar a alianzas con estos sectores implicaría una disputa político-ideológica por la dirección del frente, pero estaba dispuesto a dar esa lucha interna en pos de construir un frente de los explotados y oprimidos que pudiera oponerse a la ofensiva imperialista y burguesa.

Distintas organizaciones participaron del debate sobre el programa del FAS, pero nos enfocaremos en los postulados que sostenían las organizaciones afluentes de la Organización Comunista Poder Obrero que formaban parte (MIR-Grupo El Obrero-ORPO), ya que fueron quienes más debatieron con la orientación hegemónica del frente. Desde el IVº Congreso, en el cual se acordaron 15 puntos programáticos -en tanto ejes a profundizar de cara elaborar las bases programáticas del frente- el MIR plantea que “al faltar en el Programa del Frente una propuesta de Poder, una propuesta de organización socialista y revolucionaria para las masas (Consejos Obreros, Campesinos y Populares que garanticen el armamento general de la población), todas las reivindicaciones presentes adquieren inmediatamente un carácter de reformas, de cambios en los marcos del actual sistema de explotación capitalista.”[5] Esta idea inicial de exigir al armado frentista una estrategia de poder (elevando así sus definiciones primarias) se irá profundizando hasta el VI° Congreso del FAS, donde los afluentes de OCPO plantean en un folleto de convocatoria al  mismo, la dicotomía “Frente Popular o Frente Revolucionario”. En él plantean firmemente que la tarea del FAS no es conformar un frente estable o estratégico con sectores burgueses o pequeños burgueses como el FIP, el PC, o incluso Montoneros y la JP, ya que eso sería “abrir las puertas al camino frente-populista, promoviendo en los hechos, justamente lo que hay que combatir. Si los revolucionarios nos planteamos estrategias, programas y frentes tratando de «no espantar» a los reformistas, no llegaremos a la revolución porque los reformistas pretenden llegar al socialismo con estrategias, programas y frentes que no asusten a la burguesía.”[6] En esta sintonía, los afluentes de OCPO, sostiene que el FAS debía ser fundamentalmente un Frente Revolucionario, una instancia política-organizativa que aporte a la unidad de los destacamentos revolucionarios y por ende su programa y definiciones deberían tender a la unidad de las organizaciones. El documento “Lucha democrática y hegemonía proletaria”, escrito desde el exilio en 1977, muestra de manera cabal esta perspectiva, cuando sostiene- luego de criticar hasta la médula al frente- que: “(…) de todos modos, el FAS significó un enorme paso adelante en la unificación de los revolucionarios marxistas, cuya síntesis más alta sería OCPO más adelante.”[7]

Apuntes para un balance del FAS

Intentar realizar un balance exhaustivo de esta experiencia frentista nos llevaría a un estudio más detallado que el presentado en esta oportunidad. Aún así, creemos importante sacar algunas conclusiones de este armado. En primera medida, el desarrollo del FAS echa por tierra la idea de que el PRT no tuvo ningún tipo de política durante el período abierto en el ´73 (más de un estudio intenta encasillar su propuesta política únicamente ligada al “desarrollo de la guerra revolucionaria”)[8]. En segunda instancia, el frente muestra la posibilidad real de congregar a la izquierda marxista y al peronismo revolucionario, desmintiendo la idea de un supuesto sectarismo del PRT fundado en la autoconstrucción partidaria, como único camino para hacer la revolución en nuestra patria. Como tercera cuestión, entendemos que el frente no se limitó a un armado superestructural sin desarrollo real por la base. La intervención del FAS en el trabajo local, su elaboración programática y estatutaria, dan muestra de un desarrollo vivo en vías de consolidación, que implicó más de un traspié debido al intrínseco carácter heterogéneo del frente. En ese sentido, entendemos que, si el FAS no llegó a consolidarse como un órgano de intervención entre las organizaciones, no fue porque el PRT se haya provisto de otros órganos para intervenir políticamente9.  Esta idea supone que el FAS debía ser la herramienta política organizativa que sintetice los diferentes trabajos sectoriales y/o multisectoriales. Pero, justamente, la riqueza de este frente era albergar a pesar de la diversidad política e ideológica, a extensos trabajos de masas en una herramienta común de trabajo, en un ejército político de masas, orientado por una plataforma de lucha antiimperialista y anticapitalista, sin exigir una síntesis política, orgánica e ideológica. Por último, creemos que su desenlace está ligado (al menos) a dos cuestiones fundamentales: la avanzada represiva que rápidamente se cobró la vida de sus principales referentes (Silvio Frondizi, Alicia Eguren, Ortega Peña, Agustín Tosco) y llevó a la clandestinidad a muchos dirigentes y trabajos de masas; y la incapacidad de ampliar el FAS en un Frente Democrático Patriótico Antiimperialista, que necesitaba del aporte de grupos de peso como Montoneros, el Peronismo de Base y el PC, reacios a conformar un espacio común con el PRT.

Sobre la actualidad de una construcción frentista

Decíamos en la nota del número anterior que nuestro interés al estudiar la experiencia del FAS era profundamente político. Resulta pertinente que organizaciones guevaristas que reivindicamos la experiencia del PRT realicemos un estudio del FAS, ya que diversas corrientes y sectores han intentado apropiarse de la misma. A menudo, organizaciones que niegan la perspectiva de construcción partidaria como herramienta para la revolución que debe construirse desde hoy, al tiempo que repudian al PRT, exaltan al FAS. Pero mucho más importante que lo anterior, es el estudio de la experiencia del FAS para nosotros sumamente necesario ya que desde nuestra Organización Política Hombre Nuevo participamos e impulsamos hace ya varios años, de múltiples experiencias de trabajo frentista.

Dada la enorme fragmentación que todavía prima en el campo popular y en la izquierda en particular, la construcción de un frente estable que pueda abordar lo social y lo político adquiere un carácter estratégico para la acumulación de fuerzas. El análisis de la experiencia del FAS corrobora una conclusión política a la que ya habíamos arribado: la forma organizativa que corresponde a dicha instancia es la de un frente social y político, en el que organizaciones políticas y sociales podamos unirnos con la voluntad de intervenir en la lucha de clases. En este punto, partiendo de la necesidad de la amplitud no sólo respecto del tipo de organización (sindical, de base o política), sino también de las tendencias político – ideológicas, reconocemos que un frente de estas características implica tanto la unidad como la disputa. Estamos convencidos de que esa disputa por la orientación debe darse de cara al pueblo, a la clase trabajadora, y dentro de la intervención en la lucha de clases.

Válido en general para la etapa, entendemos que la nueva etapa que se abrió con el triunfo del macrismo y de una contraofensiva a nivel continental del imperialismo y los sectores más concentrados, nos obliga a avanzar en una perspectiva de confluencia. Sabiendo que no siempre la identidad ideológica y la perspectiva estratégica habilitan la fusión, un frente social y político permite construir unitariamente haciéndonos cargo también de que las diferencias existen y, probablemente, existirán durante largo trecho. La independencia de clase, el anticapitalismo, el antiimperialismo, la acción directa son un conjunto de principios que debería tener un frente para la etapa de acumulación, pero también de resistencia que ya estamos teniendo que enfrentar. En ese sentido, es necesario construir un programa que se adecue a las tareas de la etapa y que, entre otras tareas, pueda llegado el momento intervenir también en el terreno electoral para que en unos pocos años nuestra clase no tenga que elegir entre tal o cual candidato de la burguesía.

Como supuesto de todo lo anterior, resulta desde todo punto de vista indispensable que el frente tenga una clara hegemonía proletaria. La composición obrera y del pueblo pobre, es una condición para construir una alternativa política de los trabajadores, única clase capaz de llevar adelante un proyecto revolucionario. Hacia ese norte caminamos, y hacia allí pondremos todas nuestras fuerzas.

Lautaro Flores

[1] Por su carácter clandestino no figuraron pero también participaron los grupos anarquistas: Organización Anarquista de Córdoba, Acción Directa de Buenos Aires y la Organización Resistencia Libertaria.

[2] Editorial El Combatiente n°87. 24/08/73.

[3] “(…) Hoy con el reagrupamiento que ha comenzado a producirse, tanto programática como or-gánicamente, el FAS se convertirá en una herramienta estrecha, insuficiente. La nueva etapa que se abre y que se prolongará muchos años se caracterizará por gobiernos pro-imperialistas, abier-tamente antipopulares divorciados totalmente de las masas y distanciados hasta de algunas apo-yaturas burguesas; enfrentados totalmente a nuestro pueblo, a las organizaciones populares y también a algunas corrientes burguesas, tal como ocurrió con la Dictadura Militar. En esta situa-ción corresponde la organización de un Frente Democrático, Patriótico, Antiimperialista, de un frente más amplio que el FAS, que programática y orgánicamente esté en condiciones de unir, organizar y movilizar a las más amplias masas antigubernamentales.” (Resoluciones Comité Cen-tral, septiembre de 1974)

[4] Véase la prensa del MIR Venceremos. N°2, 31/08/73. En www.eltopoblindado.com

[5] “Frente Revolucionario o Frente Popular. Todos al 6to congreso del FAS”. Organización Revolucionaria Comunista “El Obrero”- MIR- Organización Revolucionaria “Poder Obrero”. En www.eltopoblindado.com

[6] Obra colectiva [et.al.]. Organización Comunista Poder Obrero. Una aproximación al socialismo revolucionario en los 70. Buenos Aires. A Vencer. 2009.

[7] Esta es quizás una de las principales conclusiones de Luis Mattini en “Hombres y mujeres del PRT-ERP, de Tucumán a La Tablada”. Buenos Aires. De La Campana. 2007.

[8] Esta conclusión preliminar es esbozada por los compañero/as de la Organización Política La Caldera en su artículo “Hacia un partido de masas con libertad de tendencias”.