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Economía: Ajuste de cuentas

El Presidente del cambio ha dicho recientemente en una entrevista televisiva, que el único camino para el país es pagarle a los fondos buitres de manera tal que, aunque salgan u$s 15.000 millones de dólares de un plumazo, fluirán las inversiones; y en vez de un ajuste “gradual” volverán los paquetazos, la híper y los palos. Ante una economía mundial que anda de mal en peor, los empresarios quieren recuperar su ganancia ajustando nuestras condiciones de vida. Aquí, la verdad de la milanesa (que no podemos comprar) de cómo nos afectan a los sectores populares las medidas económicas del macrismo y quienes se la siguen llevando en pala.

La madre de todas las batallas

Así han calificado los dirigentes macristas la disputa por el pago a los fondos buitre ¿La pelea es con el carroñero Paul Singer? No, la batalla principal es con todo el espectro político argentino para conseguir el aval que les permita pagar alrededor de u$s15.000 millones (en efectivo). La ecuación del gobierno PRO es tan sencilla que asusta: pagarle a los fondos lo que ellos pidan le permitiría a la Argentina volver a tomar deuda en el exterior por entre u$s10mil y u$s20mil millones (sea volviendo al FMI o a los mercados). Con estos dólares frescos, según el propio Macri, el camino será un “ajuste gradual” ya que una parte se utilizaría para financiar el déficit fiscal y otra para obras públicas. Para el resto de un déficit que llega a $300mil millones, utilizan el eufemismo de “reordenar las cuentas”. Así se evitaría seguir imprimiendo billetes y, sumado al propio freno de la economía, se bajaría la inflación. A grandes rasgos, éste es el núcleo duro del plan económico del macrismo.

Pero las cosas se le han complicado un poco más de lo esperado. El gobierno ofreció pagar a los fondos una suma total al 14 de abril, que se conocerá en su exactitud al momento de la efectivización del acuerdo, pero que todos los economistas calculan alrededor de los u$s12000 millones. Para esto, el Ministerio de Hacienda piensa sacar una serie de bonos al 8% anual que le permitan recaudar esa cifra sideral y así poder pagar en efectivo.  También, el gobierno de Macri se comprometió con Griesa a modificar la ley Cerrojo y la ley de Pago Soberano, modificando la legislación argentina a pedido del juez yanqui. Como si esto fuera poco, el gobierno había logrado que se levantara el impedimento para que Argentina contrajera nueva deuda, aunque esta medida quedó sin efecto hasta pocos días antes de la fecha límite. El equipo económico de Cambiemos tomó un camino que no tiene vuelta atrás: pagar todo lo que pidan, esperando que no surjan nuevos juicios de los buitres que aún no acuerdan y se levante la medida cautelar para zafar del pozo ciego. Parece mucho a cambio de una luz de esperanza para el futuro del gobierno, pero aún hay más.

El primer paso acordado es la derogación de las leyes antes mencionadas. Al cierre de esta edición, el gobierno consiguió el aval de la Cámara de Diputados, quienes dieron su media sanción (165 votos a favor, 86 votos en contra y 5 ausencias). Este resultado fue posible gracias al apoyo del massismo y sectores del peronismo. La parte más difícil la tendrá en la Cámara de Senadores, donde el Frente Para la Victoria cuenta con mayoría absoluta. Pero si ya los diputados kirchneristas mostraron sus internas y diferencias sobre el acuerdo con Macri, los senadores que responden a los gobernadores del PJ están más deseosos aún, las provincias necesitan el arreglo con los fondos buitres para poder salir a tomar deuda y así financiar sus números provinciales

Las cuentas no cierran

Con el salteño Urtubey a la cabeza, las provincias manejadas por el PJ han mostrado su predisposición a no poner palos en la rueda. Ni lerdos ni perezosos  vieron la urgencia poco disimulada del macrismo y pusieron sus propias condiciones: que el Estado Nacional les devuelva el 15% de la coparticipación de los impuestos, retroactivo al 2006 cuando se aplicó este descuento compulsivo en los fondos coparticipables ¿Qué significa esto? Que el gobierno nacional deje de recaudar $76 miles de millones de pesos por año a cambio de sus votos en el Senado. En principio, los enemigos peronistas y macristas acordaron una devolución de ese 15% en cuotas, condonando las deudas que las provincias mantienen con el Estado Nacional.

Este panorama de negociación, sólo empeora las cuentas fiscales. El Ministerio de Hacienda anunció hace pocos días que el déficit fiscal del 2015 sumó nada menos que $300mil millones, es decir alrededor de un 7% del PBI. Hasta ahora, este déficit se venía financiando una parte con deuda, pero mayoritariamente con emisión monetaria. Esto significa que haya más pesos dando vueltas. Según los economistas del gobierno, esto genera inflación y presión para devaluar (lo que genera aún más inflación). Por eso, para poder frenar el aumento de precios indiscriminado, es necesario un recorte del gasto público y endeudarse para no tener que agregar billetes a la circulación.

Lo que el gobierno calla, es que cada vez que se contrae deuda, se patea el problema para adelante ya que al monto que uno toma de deuda hay que agregarle cada vez más intereses. Además, el recorte del gasto genera que se frene la economía y con ella caigan los ingresos del Estado, agrandándose aún más el déficit fiscal. Pero lo sustancial, es que para los mercados ningún ajuste es suficiente. Cada peso que se ahorra el Estado, es un peso más que puede ir a los bolsillos del FMI, el Banco Mundial, Paul Singer o cuanto buitre ande dando vueltas. Grecia es un ejemplo muy actual, pero no podemos olvidarnos de la Argentina de Menen, De la Rúa y Cavallo: cada paquete de deuda era a cambio de un nuevo recorte en el gasto público. Por eso, por más gestos de sumisión que dio Macri ante el dios mercado, ya todos anuncian que los bonos para pagarle a los buitres tendrán un interés de casi 8%, apenas por debajo del interés que le pedían a CFK. A pesar de que estos u$s15mil millones sea la toma de deuda más grande desde el año ‘96, a pesar de los gestos de buena voluntad, para el capital financiero internacional lo que importa son los números del ajustey estos están lejos de sus pretensiones.

Las cuentas que sí cierran

Ante un panorama como el que describimos anteriormente, de pesos y dólares que escasean, el gobierno de Cambiemos tiene una política clara: beneficiar al máximo al empresariado al que pertenece. Las medidas que proyectábamos en la última edición de La Llamarada se han cumplido casi al pie de la letra, beneficiando al capital concentrado.

Devaluación: luego de levantado el cepo y de llegar a un pico de $16, el dólar se estabilizó alrededor de los $15 gracias a la venta masiva de dólares del BCRA y la suba de tasas que llegaron al 40%. Además del lógico traslado a la inflación, esta medida benefició al capital agro-industrial que vio su rentabilidad subir un 50% de un día para el otro.

Retenciones: además de la devaluación, el gobierno tuvo otra medida que benefició ampliamente al sector que más impulsó su candidatura. Sin ninguna ley de por medio y a la velocidad de la luz, el macrismo eliminó las retenciones a todos los productos agrícolas y a la carne, también redujo un 5% la retención a la exportación de soja. Un nuevo impulso a la rentabilidad del campo, que en medio del abultado déficit fiscal sólo empeora la situación. Para tener una idea, se calcula que lo que pierde el Estado en recaudación por estos impuestos equivale a 1.000.000 de jubilaciones mínimas por todo un año o a 6.000.000 de AUH por 12 meses. Además, en un contexto de inflación, reducir el impuesto al comercio exterior significa que al empresariado le conviene vender sus productos en el extranjero, por lo que aumentan los precios locales. Blanco sobre negro, el que pierde es el pueblo.

A cambio de estas medidas, el Gobierno había acordado con las cerealeras que venderían u$s400 millones por día. Una vez más, las exportadoras quieren un dólar más alto. Para la burguesía agraria la tasa de ganancia nunca es suficiente cuando olfatea un poco de sangre, por lo que también incumplieron este acuerdo.

Eliminación de impuestos a los autos de alta gama y champagne: en una medida más simbólica para su propio sector social, el empresariado que dirige el país redujo impuestos a los autos que superen los $350mil y al champagne. No vaya a ser que no alcance para los festejos.

Restricciones a las importaciones: se eliminaron las Declaraciones Juradas para importar, primer paso para la apertura del mercado interno. Se ponen en riesgo así industrias como automotrices, tecnológica, calzado, etc. con la posterior pérdida de puestos de trabajo.

Subsidios a las petroleras: el Ministro de Energía, antiguo CEO de Shell, autoriza aumentos de nafta cuando el precio del petróleo no para de caer a nivel internacional. Mantiene el subsidio del kirchnerismo que garantizaba internamente u$s70 por barril cuando a nivel internacional se encuentra alrededor de u$s35. Pero además, autorizó un subsidio de u$s7 por barril en ciertos pozos de extracción.

Las cuentas que no cierran II

            Frente a este paquete de medidas en beneficio del capital concentrado y el panorama antes descripto, el gobierno decidió iniciar un recorte del gasto público. Por el natural reacomodamiento en las oficinas del Estado, se han frenado numerosas obras públicas. Hasta ahora se desconoce cuáles se han paralizado completamente y cuáles volverán a iniciarse. Pero hay otras medidas que perjudican de manera directa a los sectores populares, algunas ya tomadas y otras por tomarse.

Despidos: en lo que va del año, se han  perdido 100.000 puestos de trabajo. El Gobierno Nacional se embarcó en una campaña de desprestigio del empleo público, acusando a todos (menos a sus funcionarios y diputados) de “ñoquis”. Así intentan justificar el despido de 60mil trabajadores estatales nacionales, provinciales y municipales, se calcula que en los próximos meses los recortes podrían seguir. El Estado se pone a la cabeza y da el ejemplo a seguir por el sector privado. Además de las familias que dejan en la calle, recortan programas que son importantes para los sectores populares como el Conectar Igualdad y el de Salud Sexual y Reproductiva entre otros.. En 100 días de Gobierno, el macrismo tiene la triste marca de generar 1.000 despidos por día contando el sector privado.

Paritarias: los despidos tienen el objetivo de amedrentar y ponerle un techo a las paritarias. “Cada uno sabe donde le aprieta el zapato y hasta qué punto puede arriesgar salario a cambio de empleo”, dijo el propio Prat Gay,.. Siempre prestos a la negociación, la burocracia sindical quería aceptar un techo de 25% a cambio de fondos de las obras sociales por $20mil millones. La propia realidad y el disconformismo de las bases los ha obligado a, en el mejor de los casos, romper ese techo y acordar por un 30% o firmar acuerdos hasta mitad de año. Con una inflación al 40% anual o más, los trabajadores perdemos rápidamente nuestro poder de compra.

Subsidios: desde el primer día de asumido el gobierno nacional inició una campaña contra los subsidios a la luz, el gas y el transporte. Los cortes de luz del verano serían, en su visión, producto de los subsidios (¿y a donde iba toda esa plata?). El Ministro de Energía ya anunció un aumento de las tarifas de luz que promedia el 400%, así, el Estado Nacional se “ahorra” $155mil millones que deberán abonar los consumidores. La tan anunciada tarifa social brilla por su ausencia y el recorte del subsidio llega a las casas de Recoleta y a las casas de los trabajadores por igual. Este recorte en la luz, puede servir de parámetro para analizar de cuánto será en el gas y el transporte. Para realizar estos anuncios, están esperando que pasen las paritarias.

Impuesto a las Ganancias: Macri prometió en campaña la suba del mínimo no imponible a $30.000 y la modificación de las escalas. Finalmente, la suba fue menor a la esperada y se eliminó un decreto por el cual quienes cobraban menos de $15.000 al 2013 no pagaban ganancias. El actual mínimo quedó en $18.800 para solteros/as y en $25.500 para casados/as. En el gobierno calculan que alrededor de 100mil trabajadores dejarán de pagar ganancias. Pero no dicen que cerca de 500mil que no pagaban volverán a pagar por la quita del decreto. Además, es de esperar que con las paritarias ese nuevo mínimo no imponible quede desactualizado rápidamente y esta mínima mejora quede licuada rápidamente. La modificación de las escalas quedará a debatirse por ley para el 2017, a pesar de que las retenciones se eliminaron por decreto de un plumazo en menos de un mes.

AUH y Jubilaciones: la asignación hasta ahora se ha visto a salvo del recorte, aunque quedó desactualizada por la inflación. Las jubilaciones se encuentran en una situación similar, aunque el gobierno ya anunció que no renovará la moratoria para quienes no lleguen a los 30 años de aportes jubilatorios. Además, se han recortado programas para los movimientos sociales como el Compre Social que sostenía productivos en todo el país, se achicó la mercadería que llegaba a los comedores populares y se mantiene congelado el sueldo de $2600 del Programa Argentina Trabaja.

Un guiño al norte

Por si quedaba alguna duda, el primer viaje al exterior de Macri fue al Foro de Davos, que congrega a los jefes de los pulpos financieros internacionales. En un gesto de sumisión ante el viejo orden mundial, el gobierno fue a explicar cuál era su programa económico. Por si esto fuera poco, eliminó las retenciones a la minería. Las mismas representan u$s200 millones anuales, una cifra que no es significativa ni para las empresas ni para el gobierno. Por eso, hay que leerlo como un gesto a las empresas mineras yanquis, canadienses, francesas, etc.

La Alianza Cambiemos ha mostrado un claro realineamiento con la política exterior estadounidense, atacando a la Venezuela bolivariana en cada oportunidad que tuvo. Pero, y aún más importante, Macri ha anunciado en reiteradas oportunidades la necesidad de estrechar lazos con la Alianza para el Pacífico, corriendo el eje del Mercosur. La Alianza está formada por los gobiernos títere de EEUU: Chile, Perú, Colombia y México y se propone a corto plazo la firma del Tratado TransPacífico, un gigantesco acuerdo comercial de EE.UU., Australia, Canadá, Japón entre otros. Este acuerdo supera ampliamente al rechazado ALCA por su masividad y alcances económicos, introduciendo fuertes medidas de protección de la propiedad intelectual que afectará, por ejemplo, la disponibilidad de medicamentos genéricos. Como parte de esta vuelta al eje occidental, Macri ha avanzado en la firma de un tratado bilateral entre la Unión Europea y el Mercosur.

Un mundo agotado

Como decíamos en la anterior edición de La Llamarada, “ya no está presente el viento a favor con el que contó el kirchnerismo durante buena parte de su mandato. El mundo de la abundancia de dólares parece llegar a su fin de la mano de un desaceleramiento de la economía China (cuyo crecimiento disminuyó del 7 al 5%) y la anunciada suba de las tasas de interés en EE.UU. que conllevará un flujo de capitales especulativos hacia ese país. A esto se suma la caída de precios del petróleo y del conjunto de las materias primas que, como la soja, son la principal vía de ingresos de divisas para  economías dependientes como la nuestra. Además, se profundiza la crisis económica y política en Brasil, lo que impacta en las exportaciones argentinas, especialmente de la industria automotriz.”

 

Este panorama no sólo se cumplió sino que ha empeorado. Las tasas de interés en EE.UU. efectivamente aumentaron. Pero, a diferencia de lo que se esperaba, lo hicieron solo 0,25 puntos debido a la inestabilidad económica mundial.  En tanto China sigue su estancamiento y muchos economistas ya pronostican el estallido de una burbuja financiera en el país oriental. Sus importaciones siguen cayendo (un 18% en el último año) por lo que los precios bajos de las materias primas como la soja y el petróleo llegaron para quedarse. Esto afecta no sólo al campo y sus dólares, sino también a la industria metalúrgica. En la misma, la UOM ya está pactando suspensiones con reducción de salario a cambio de que no haya despidos, mismo panorama que para los petroleros.

 

Brasil no se encuentra en mejor situación. El FMI pronostica que su economía caerá casi un 4% este año, afectada por la inestabilidad política.  La profundización de la recesión del país vecino afecta directamente a la Argentina, sobre todo en la industria automotriz, que ya empieza a sentir la caída de las ventas y las suspensiones de trabajadores.

 

La crisis financiera desatada en el 2008 pudo ser peor de no haber sido por el motor chino. En la nueva coyuntura, el centro del estancamiento mundial se traslada de EEUU y Europa a China y los países emergentes, en especial América Latina.

 

Ajuste de cuentas

 

El gobierno apuesta todo a la solución del conflicto con los fondos buitres, busca que de esa manera entren dólares que se transformen en inversiones y salven a la economía. Pero el panorama mundial no lo ayuda. Conseguir financiamiento barato para un país que puede entrar en juicio en cualquier momento, con una economía mundial que desconfía de los países emergentes, es más difícil de lo que suena en los discursos de Macri y Prat Gay. Por esto, el realineamiento con los EE.UU. y la llegada de Obama es estratégica para el Gobierno: si el endeudamiento es caro en los mercados, se optará por paquetes en el FMI y el Banco Mundial.

 

Además, las medidas no están surtiendo el impacto esperado. La inflación se encuentra en un promedio de 4% mensual desde diciembre y no hay perspectivas de que llegue al rango del 20-25% anual que esperaba Prat Gay. Ya todos los economistas citados por el Gobierno han sincerado que la expectativa de que la economía vuelva a crecer en la segunda mitad del año quedó desactualizada. El FMI prevé que la Argentina caerá un 2% este año, trasladándose la difícil situación también al año que viene.

 

Ante una situación económica por demás difícil, el gobierno nacional empieza a explorar salidas que implican un mayor ajuste. Todos los funcionarios ventilan a cuatro voces las internas del gabinete, dando a entender que si la economía no se encamina en el corto plazo volaría Prat Gay y llegaría el menemista Melconián, defensor de un ajuste más feroz. Se acelerarían las subas de tarifas de gas y transporte, y habría una segunda de luz. El nuevo ciclo de endeudamiento planificado en u$s25mil millones pasaría a ser uno de u$s40mil millones.

El panorama para los trabajadores y el pueblo es sombrío. El gobierno quiere ajustar las cuentas todo lo que pueda para recomponer la tasa de ganancia del capital, con los despidos y recorte de subsidios a la orden del día. La capacidad de Macri de imponer su plan económico es inversamente proporcional a la capacidad del pueblo organizado de oponerle resistencia en cada lugar de trabajo, en cada derecho que nos quieran recortar. Seremos los trabajadores los que ajustemos nuestras cuentas con los verdugos del capital para que, por una vez, no seamos nosotros los que paguemos los platos rotos.