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CÓRDOBA: arderá la memoria hasta que todo sea como lo soñamos

A 40 años del golpe genocida, visibilizamos que también se cumple el 40° aniversario de la ocupación de una imprenta del PRT que fue convertida en centro clandestino de detención, y sobre el cual aún, persiste la injusticia, pero también la lucha.

La lucha ideológica. Una tarea central del partido

La estrategia revolucionaria del PRT se caracterizó por desarrollar una política integral. Su disputa no se acotaba a la lucha sindical o armada, sino que tenía en claro la necesidad de dar un lugar central a la lucha política, a la batalla de ideas,  la disputa por la conciencia del pueblo, y allí la prensa escrita, jugaba un papel fundamental.

El enfoque con el cual se pensaba la función de la prensa era claramente leninista, al comprender que el periódico no se limitaba a difundir ideas revolucionarias y educar políticamente al pueblo, sino que también debía ser un organizador colectivo. Es decir que era una herramienta para el debate político hacia afuera del partido, con las masas, activistas y otras organizaciones, pero que también servía para ordenar el trabajo político interno partidario y de las organizaciones de masas, buscando jerarquizar sus tareas, objetivos y resultados. Consciente de la necesidad de la apropiación de esta línea, en febrero del 73, el Comité Central del partido resolvió iniciar una campaña interna de lectura y formación marxista-leninista sobre la agitación y propaganda, apoyándose en los textos leninistas “Por dónde empezar” y los capítulos IV y V del “¿Qué hacer?”.

Los resultados estaban a la vista de toda la militancia. El periódico partidario “El Combatiente” llegó a producir 40 mil ejemplares quincenales, y la prensa del ERP, llamada “Estrella Roja”, alcanzó un pico de 100 mil periódicos quincenales en el ‘74. A ello debemos sumar la elaboración de al menos 32 boletines fabriles, la publicación de revistas políticas y periódicos legales como fueron el diario El Mundo, la Revista Nuevo Hombre, Posición y Patria Nueva, y la edición de libros de debate político, poesía y literatura. La capacidad instalada era tan basta que, incluso, se Intercambió infraestructura de propaganda, por infraestructura de armamento con la organización Montoneros. Es importante remarcar, como punto fundamental, que la gran mayoría de este trabajo se desarrolló en un contexto de clandestinidad y creciente represión.

 La casa corazón de tinta

Como cada regional tenía la tarea de crear su propia imprenta (e incluso se llegó a pensar que cada célula tenga capacidad de impresión propia), la militancia perretista de Córdoba se dispuso a iniciar los preparativos para montar una de las dos imprentas nacionales del partido. Como el internacionalismo de la Junta de Coordinación Revolucionaria no era un principio en abstracto, se contaba con el asesoramiento técnico de los Tupamaros uruguayos, especialistas en construcciones clandestinas urbanas. Se eligió una casa sencilla del barrio obrero Observatorio (ubicada en la calle Fructuoso Rivera 1035/1039) y durante más de un año se trabajó con muchísima discreción y cautela para excavar 250 metros cúbicos de tierra, que era retirada en pequeñas bolsas de 10 kilos por día y arrojada por las noches a orillas del rio Suquía para no despertar sospechas.

La imprenta subterránea comenzó a funcionar recién en junio del ‘74. Su funcionamiento era sumamente especializado, ya que la casa contaba con dos sótanos insonorizados. También contaba con un sistema de poleas de accionamiento interno que corría una losa de 1,80 por 2,20 metros de una tonelada, para acceder a un montacargas que permitía ingresar materias primas y elevar las producciones gráficas. Las máquinas de la imprenta eran de la más alta tecnología de la época. El taller estaba equipado con dos impresoras Cabrenta, dos Rotaprints, laboratorio de fotocomposición y una guillotina Krausse. Contaba con un sofisticado sistema de ventilación, con tuberías hacia la superficie y tres extractores. Desde esta imprenta se distribuía a todo Córdoba y el norte argentino alrededor de 70 mil ejemplares mensuales de El Combatiente, Estrella Roja y numerosas publicaciones culturales.

Para poder desarrollar esta importante tarea de carácter clandestino sin despertar sospechas, la casa era habitada por dos militantes del PRT-ERP, Victoria Abdonur y Héctor Eliseo Martínez junto a sus tres hijos, quienes hacían una vida de barrio, encubiertos ella en su rol de ama de casa y él en su oficio de herrero, mientras sus compañeros Matilde Sánchez y Miguel Barberis (quienes realizaba la tarea de obreros gráficos en el subsuelo) se mantenían invisibles para los vecinos.  Héctor Martínez buscaba diariamente a la pareja, los ocultaba en la parte trasera de su camioneta de trabajo y los introducía y sacaba de la vivienda a través de un portón al que ingresaba desde la calle, sin que nadie lo advirtiera. En esta oportunidad, como en tantas otras, se podía ver claramente la audacia del PRT para montar tamaña imprenta de manera clandestina, asegurándose los mecanismos de producción y distribución de miles de periódicos, sumamente necesarios para la lucha político-ideológica del momento.

De imprenta revolucionaria a centro clandestino de detención y tortura

Hace pocos años, a partir de los testimonios en el marco del juicio por “La Perla”, se supo que el 12 de julio del 76 fue allanada la casa mediante un fuerte operativo militar y policial que estuvo a cargo del teniente coronel Carlos Alfredo Carpani Costa. Los militantes que vivían en la casa, y que actuaban como pantalla (Abdonur y Martínez), fueron alertados por la mañana desde Buenos Aires que se aproximaba un allanamiento a su casa y lograron escapar, aunque meses después fueron desaparecidos por la dictadura, al igual que Matilde Sánchez y Miguel Barberis. Ese mismo día se habían realizado una serie de allanamientos en el sector de propaganda del PRT en el que ellos militaban y habían desbaratado otra imprenta de la organización en la localidad de San Andrés (Buenos Aires). Haciendo uso de esta casa, los militares decidieron vallar las calles paralelas y convertirla en un centro clandestino de detención y torturas, que funcionó al menos durante tres meses. De aquella casa salían grupos de tareas que secuestraban activistas y militantes populares para ser detenidos y torturados.

De la (in)justicia a la lucha por la memoria y acción revolucionaria

Luego de abandonar la casa a fines del ´76, los genocidas se apropiaron de la vivienda, e intentaron por todos los medios ocultar la verdadera historia. El juez federal Miguel Puga (quien se encuentra detenido actualmente en el penal de Bower por ser cómplice del genocidio) se sintió facultado entonces para disponer libremente de la propiedad y se la “prestó” a un empleado de Tribunales, Héctor Varela, para que haga uso de la misma junto a su familia, que la ocupa hasta el día de hoy. Incluso se ha inventado documentación falsa que pretendía mostrar la venta de la casa a una tal Juana Ercilia Bianchi de Jaroszowok, dando fe de ello la escribana Melba Rosa Catoira de Torchio. El problema es que la documentación intenta justificar que tal venta se realizó en abril del ´76 a una compradora, que había muerto tres años antes, lo cual demuestra la falsedad de esa operación.

Desde hace algunos años los hijos de Hector Martínez y Victoria Abdonur, junto a ex militantes del PRT exigen esclarecer los hechos y reclaman a la justicia la entrega de la casa para que sea convertida en un centro a la memoria de la militancia revolucionaria. Desde nuestra organización nos hemos sumado a esta lucha, realizando hace pocos meses una primera actividad que buscó señalizar la zona, esclareciendo de cara al pueblo cordobés (con volanteadas, murales, cambio de nombre de las calles interceptoras, pasacalles y afiches) que en pleno Barrio Observatorio, se montó un centro clandestino de detención y tortura y que la impunidad sigue vigente mientras la casa está apropiada y no es entregada a los hijos de los militantes revolucionarios.

A 40 años de la caída de la imprenta del PRT (el 11 de julio), iniciamos una nueva campaña de visibilización, denunciando la impunidad de ayer y de hoy. No permitiremos que aquella casa que se dedicó a imprimir ideas revolucionarias, poesía y literatura para el pueblo, quede manchada de muerte y olvido, debemos recuperarla como un lugar de lucha, de organización y de vida.

Regional Córdoba de Hombre Nuevo