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Aguantársela o resistir – (Editorial La Llamarada Mayo)

El actual gobierno hace méritos para que se consolide cada día un poco más su desprestigio entre los sectores populares y muchos de sus votantes en general. Pese al blindaje mediático y a la bendición imperial dada en persona por el representante de la Casa Blanca, los primeros efectos del deterioro de la imagen presidencial se reflejan en varias encuestas, y además se perciben en la calle, en los lugares de trabajo, entre los vecinos. Muchos que, con bastante ingenuidad o por despecho hacia el gobierno saliente, votaron por la fórmula de Cambiemos en el ballotage, empiezan a expresar en público cierto arrepentimiento. Despidos a granel, devaluación y tarifazos, todo sin anestesia y en menos de cuatro meses que vislumbran además un escenario de recesión. Pago a los buitres, quita de impuestos a los ricos y avanzada represiva. Varios signos que desnudan el carácter de clase de la actual camarilla empresarial que se encaramó en el aparato estatal con una caterva de gerentes y CEOs a los cuales la tarea de capitanear la bamboleante embarcación parece quedarles grande. La revolución de la alegría fue efímera; el marketing empieza a mostrar sus dobleces y las costuras quedan a la vista.

Sin que el descontento popular se haya desatado aún ni siquiera remotamente en consonancia con el ajuste aplicado, sus primeras manifestaciones empiezan a insinuarse.

En un contexto donde el principal bastión del gobierno actual es su pose republicanista y su prédica “anticorrupción”, el macrismo trata de camuflar los tarifazos con denuncias rimbombantes sobre los nada ficticios desfalcos de empresarios aliados al kirchnerismo, como Lázaro Báez o Cristóbal López. A esa andanada de denuncias mediáticas y judiciales, el oficialismo saliente le supo responder no ya con desmentidas acerca de las acusaciones, tarea bastante dificultosa, sino con contraataques basados en análogas denuncias. Así, carpetazo va, contradenuncia viene, la trama de negociados y evasión fiscal; de defraudación al fisco y tráfico de influencias; de empresarios amigos amamantándose de los dólares de la obra pública… todo eso queda obscenamente a la vista, salpicando de manera inocultable tanto al gobierno que se retiró como al que lo suplantó.

La pieza, digna del grotesco, contiene escenas tales como la del presidente Macri balbucenado excusas pretendiendo argumentar sobre lo inocuo de sus empresas en paraísos fiscales. El gobierno de los gerentes y empresarios evasores nos pide que paguemos impuestos “con alegría”. El espectáculo incluye a exfuncionarios kirchneristas y actuales ministros macristas acusándose mutuamente por la compra de dólares a precio de saldo, sin que ninguno logre desmentir las acusaciones del otro.

En medio de ese escenario, la expresidenta rompe la reclusión autoimpuesta. Con soltura, responde al requerimiento judicial de Bonadío, que facilitó involuntariamente dicha reaparición con una citación judicial que no hizo más que volverse en contra del oficialismo que como juez él representa.

El regreso de Cristina Fernández se da en medio de una importante movilización callejera que, más allá del aparato residual, demuestra la capacidad de recomposición del kirchnerismo, que sigue concitando adhesión en una parte importante de nuestra clase. A su vez, y en un mismo movimiento, se expone su incapacidad o negativa a dar pelea a fondo para enfrentar al macrismo como bloque político, como así tampoco a sus medidas de ajuste. La buena oratoria de CFK, que contrasta de manera palmaria con la mediocridad para exponer del actual presidente, fue utilizada para ridiculizarlo a él y a su plantel de manera relativamente sencilla. El revuelo de los Panamá Papers que salpica al clan Macri y a sus ministros torna inverosímil el halo de “lucha contra la corrupción” que el actual gobierno trata de instalar. Sin embargo y más allá de todo esto, al momento de las propuestas, es notorio que la multitud recibió de la líder indicaciones tales como sumirse en la intimidad de los hogares a reflexionar sobre si antes se estaba “mejor o peor que ahora”, o a la casi ecuménica y pastoral recomendación de olvidar a quién se votó en diciembre, pero apostar a la conformación de un “Frente Ciudadano”, cuyo programa y liderazgos serían un verdadero interrogante.

Más allá de las figuras retóricas utilizadas, la esgrima verbal contra las “corporaciones” y los “buitres” fue prolijamente olvidada. En su lugar, apareció el llamado a la amplitud, que carece de sustento real que lo materialice: no se llama a coordinar de manera amplia los esfuerzos por la defensa del salario, ni contra los tarifazos, ni contra la pérdida de derechos sociales, ni por la defensa de las leyes derogadas, etc. Esto no responde meramente a una “falta de audacia” para que el kirchnerismo encabece la confrontación, sino que expone a quien desee verlo que las políticas de ajuste, despidos y represión que aplica el PRO las imitan con estilo propio Alicia Kirchner en Santa Cruz, Rosana Bertone en Tierra del Fuego, o Ledesma-Zamora en Santiago, para no enumerar lo hecho por el motonauta cuando gobernó Bs. As. Es decir, en lugar de una agenda que, sin dejar de responder a sus raíces policlasistas y de defensa a ultranza del sistema imperante, enfrentara al actual gobierno con medidas palpables, se empleó la táctica discursiva de la “amplitud”: la misma táctica que consagró una fórmula presidencial encabezada por Scioli en la que nadie, ni propios no extraños, terminó creyendo.

En ese plano, el “Frente Ciudadano” posiblemente intente amalgamar a los legisladores en fuga, o a intendentes del conurbano que oscilan entre la identidad peronista y la necesidad de financiamiento de Cambiemos, pero que en muchos casos, además, quedaron resentidos por los lugares subalternos en las listas de la pasada elección.

Pero, si se quiere dejar lugar al testimonio y quitárselo a las elucubraciones, están las propias palabras de los protagonistas. “Tenemos que ser la válvula de escape del sistema”, dijo CFK en una de las primeras intervenciones desde el Instituto Patria (La Nación, 15/04/16).

El Frente Ciudadano, herramienta táctica que empalma con la estrategia de sobrevivir hasta 2017 o 2019 sin sobresaltos ni dando grandes batallas, es sin dudas un intento de ampliación de la base social del FpV. ¿Hacia dónde? ¿Con qué características? El “frentismo” puede ser una discusión abstracta, pero su concreción no lo es nunca: se hacen frentes entre fuerzas concretas, con fines que también lo son. En el peronismo, esta idea concita inevitablemente, como se ha dicho, la matriz de la conciliación de clases. ¿Qué posición tendría el Frente Ciudadano acerca del pago a los holdouts? ¿Lo repudiaría hablando de la patria, diría que era correcto negociar con los antaño llamados “buitres” pero buscando regatear para restarle una rebanada a la usura, sostendría que hay que darle quórum al oficialismo –como plantea Abal Medina- o directamente votaría junto al PRO como Maurice Closs, los diputados tucumanos del FpV que responden a Manzur o el senador Pichetto? ¿Avalaría el Frente Ciudadano que se reclute para la Policía Infantil a niños de seis años, como pretendió implantar en Catamarca la gobernadora de ilustre apellido, Lucía Corpacci Saadi, electa por el FpV?

Éstas y muchas preguntas pueden resonar en miles de trabajadores. Muchos, pasaron honestamente varias horas bajo la lluvia esperando el discurso y la reaparición de Cristina Fernández. Esos trabajadores no recibieron ningún llamado a la acción. Mientras los cesanteados se cuentan por millares y los precarizados de ayer se transforman en los despedidos de hoy; mientras el ajuste se siente como pocas veces en el bolsillo y el estómago de millones; mientras el aumento de la pobreza y la indigencia nos ofenden de manera escandalosa, la necesidad de salir a dar pelea también va en aumento. Dispuestos a dar la lucha reivindicativa en las calles con la mayor amplitud posible, planteamos que la salida no es ni va a ser nunca la de hacer un frente con el empresariado criollo, con el aparato del PJ, con los Berni, los Milani, los Capitanich o los Insfrán.

La salida va a ser por izquierda, o no va a ser. Es necesario superar la fragmentación que nos imponen las centrales sindicales que no impulsan medidas reales como un paro general; rebasar el institucionalismo y las mezquindades que muchas veces imperan en buena parte de la izquierda… Nuestro pueblo supo resistir el ajuste en la calle más de una vez. La cita de la Historia para que le pongamos freno a la prepotencia patronal, parece repetirse. Como pueblo, deberemos ir despojándonos de la paciencia y acudir a ese llamado. Y además, tener la lucidez suficiente como para no solo dar las batallas, sino ganarlas.