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Servicios garantizados: internas, encubrimientos y secretos de Estado

El fiscal Nisman, que se encontraba a cargo de la causa AMIA, fue hallado sin vida 24 horas antes del momento en que debía presentarse ante el Congreso de la Nación para explicar su reciente denuncia contra importantes funcionarios del gobierno, incluida la propia presidenta de la nación. Detrás de su muerte, sea ésta suicidio o no, se esconde un entramado de internas en la Secretaría de Inteligencia (SI- ex SIDE) y sus conexiones con servicios internacionales.

El fiscal Nisman había realizado  una denuncia pública en la cual acusaba al gobierno de pactar con Irán la protección de los presuntos responsables del atentado a la mutual judía. En su acusación, con ribetes mediáticos y basada en gran medida en escuchas telefónicas suministradas por servicios de inteligencia, el fiscal incluía de manera poco verosímil tanto a referentes del oficialismo como al dirigente de Quebracho Fernando Esteche.

Nisman no era ajeno a las intrigas entre agentes de espionaje locales e internacionales. Son conocidos sus vínculos con la embajada norteamericana, la inteligencia israelí y el ex-funcionario de la SI Antonio “Jaime” Stiusso, recientemente desplazado por el kirchnerismo.  La filtración de cables en el sitio Wikileaks da cuenta de algunos de estos hechos: adelantar a la embajada de EE.UU. medidas judiciales, consultar con el FBI borradores de resoluciones judiciales que elaboraba él para que sean corregidas, e incluso el pedido de disculpas a funcionarios de la embajada yanqui por no anticiparles la orden de captura de Menem y otros funcionarios por el cargo de encubrimiento del atentado.

En relación a Antonio Horacio Situsso o “Jaime” como lo llaman en el entorno, recordemos que fue un histórico aliado del gobierno y que fue ascendiendo en la SI, llegando a manejar por orden del ex presidente Kirchner el Departamento de Contrainteligencia, montando una red paralela de espionaje, escuchas y pinchaduras de teléfonos. Recientemente fue desplazado por el gobierno, que inclinó la balanza en el rubro espionaje interior hacia el jefe del Ejército, César Milani, especialista en inteligencia e imputado por la desaparición del soldado Ledo en la última dictadura. Varios analistas señalan el inicio del quiebre entre Stiusso y el kirchnerismo tras la firma del memorándum con Irán.

Recordemos que Situsso era un agente que actuaba con la plena confianza de la CIA y el Mossad. Ante la interna con el gobierno kirchnerista, entre otras cosas, Stiusso decidió ventilar información sobre el atentado de la AMIA, como es el caso de buena parte de las pruebas en las que se basó la denuncia que iba a presentar el fiscal Nisman. Mediante material suministrado por Stiusso, Nisman acusó al gobierno nacional de intentar favorecer la situación de los iraníes sospechados por ser responsables del atentando de la AMIA en 1994, a cambio de comprarle petróleo más barato y venderle soja en dólares a Irán.

En esta interna dentro de la SI el sector de Stiusso empezó a jugar abiertamente en favor de Sergio Massa. En medio de este escenario local, y de un convulsionado tablero en el plano internacional, es que se enmarca la denuncia del fiscal Nisman. Y también su dudosa muerte.

Nisman, el fiscal que había acompañado todas las idas y vueltas del gobierno en la era K., se volvió  contra sus ex-patrocinadores. A nivel del Congreso, su denuncia contó con la vehemente defensa de los sectores más rabiosos de la oposición “cacerolera”, como Patricia Bullrich y Elisa Carrió.

A horas de conocerse la muerte del fiscal, se suscitaron movilizaciones en diversos centros urbanos: CABA, Rosario, Mar del Plata, Mendoza, San Juan, Bariloche, Tucumán, La Plata. Estos cacerolazos con un componente relativamente espontáneo expresan, simultáneamente, el antikirchnerismo de derecha y a su vez cierto descontento genuino por la impunidad y la corrupción del gobierno. En ese vaivén, han predominado en las protestas las expresiones afines a la oposición de derecha más recalcitrante como Massa, el PRO, Binner, el Momo Venegas, Cintia Hotton, para fortalecer un sentido común aún más reaccionario. Los políticos de oposición que ahora se rasgan las vestiduras exigiendo #justicia por el esclarecimiento de la muerte del fiscal, sostienen la función de los servicios de inteligencia como garantes del estado capitalista que resguarda los intereses de la burguesía, atacando los derechos democráticos del pueblo trabajador.

Tanto el peronismo en el gobierno como en la oposición, al igual que radicales y ex-aliancistas, todos han no sólo convivido en el estado con el poder mafioso de los aparatos represivos y de inteligencia que heredaron de la dictadura sin aplicar cambios definitorios en su planteles ni en su función de represión interna: además, han hecho uso de ellos para espiar y amedrentar a luchadores políticos y sociales y también, aunque en menor medida, a opositores burgueses, jueces, periodistas. En nuestro país, poco y nada se ha avanzado judicialmente sobre los responsables locales y extranjeros de la voladura de la AMIA que provocó la muerte de 85 personas en plena ciudad hace ya dos décadas. Esto involucra a oficialistas y opositores, incluyendo al fiscal Nisman en uno o ambos bloques. En nuestro país, donde Julio López sigue desaparecido, donde a Luciano Arruga se lo entierra “por error” como NN, donde se despliega el “Proyecto X” para espiar luchadores y donde los militantes asesinados en democracia se cuentan por decenas ante una  impunidad que es política de estado, no es del todo novedoso que un fiscal vinculado a los servicios de inteligencia muera de manera abrupta, víctima directa o indirecta de las mafias que hasta hacía poco tiempo lo alentaban a arremeter con sus denuncias.

Sin dudas la muerte del fiscal deja al  gobierno inmerso  en una importante crisis institucional, desnudando una vez más la corrupción, las internas con los servicios de inteligencia y la impunidad con la que se maneja el estado.  Los principales encubridores de la causa AMIA fueron los mismos servicios de inteligencia plagados de los más sombríos e inescrupulosos personajes, pero también lo fueron los funcionarios del ejecutivo y la justicia –policías, jueces y fiscales, etc.-.

Desde la Agrupación Hombre Nuevo, sostenemos que el esclarecimiento del atentado a la mutual judía ocurrido hace 20 años, debe ir de la mano de una investigación absolutamente independiente del poder político, ya sea del oficialismo o de la oposición patronal, que poseen ramificaciones en las camarillas de los servicios inteligencia del estado. Dicha investigación debe contar con la participación activa de los organismos de derechos humanos y exigir la apertura irrestricta de los archivos de inteligencia de la SI, cuyo aparato debe ser desmantelado; semejante tarea, sólo la podrá imponer el pueblo movilizado.

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