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Seminarios Antiimperialismo

Seminarios Guevaristas de Formación – Bloque I – Imperialismo y Resistencia en América Latina

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Bloque 1 – 2º Encuentro:

IMPERIALISMO Y RESISTENCIA EN AMÉRICA LATINA

Expositor: Facundo Lastra

Con el objetivo de hacer un humilde aporte a la formación de la militancia y del activismo político, e intentando dar la batalla por el rearme ideológico de nuestra clase continuamos con el  segundo encuentro de estos seminarios con la pretensión de adentrarnos en el conocimiento del imperialismo.

Este encuentro estuvo orientado a profundizar en lo que respecta a la Teoría de la Dependencia, y las consecuencias que tiene la acción política del imperialismo en la realidad política y social latinoamericana.
Para ello debemos pensar el Imperialismo desde la especificidad de los países latinoamericanos, comprendiéndolo hoy en función de las transformaciones del capitalismo a lo largo de la historia. Esto implica pensarlo no solo como una relación entre países, ni como una relación externa entre país opresor-país oprimido, sino como forma política-económica-cultural compleja que forma parte de las especificidades de múltiples regiones del planeta.

 

    Contexto de surgimiento de la Teoría de la Dependencia

La misma emerge en las décadas del ´60 y ´70 como una corriente de pensamiento de visiones heterogéneas, pero ancladas en la misma preocupación. Dicha teoría surge en un momento histórico de radicalización de las luchas en el tercer mundo, con la Revolución Cubana como hito, marcando una ruptura con los esquemas desde los cuales se analizaba a América Latina desde el marxismo “oficial”. Cuba se presenta así como un problema teórico para las corrientes dogmáticas.
La Teoría de la Dependencia emana como crítica al marxismo oficial de la URSS y al estructuralismo norteamericano. Desde la URSS se cristalizaba una teoría de sucesión lineal de los modos de producción, postulando que al existir en América Latina relaciones feudales pre-capitalistas la revolución debía darse por etapas, derivando en la alianza de los sectores populares con las burguesías nacionales en pos de consolidar un capitalismo que permita primero desarrollar una primera etapa democrático burguesa antiimperialista, para después pensar en una revolución socialista.

Las corrientes de la Teoría de la dependencia, y sobre todo la vertiente marxista, nacen como una reacción a estas ideas importadas proponiendo pensar los problemas de la periferia desde la periferia.

Se pueden destacar 2 vertientes:

  1. Centro de Estudios Socioeconómicos (CESO), fundado en Chile, con actividad desde 1965 hasta la dictadura de Pinochet en 1973. Su referente principal es Ruy Mauro Marini, también lo conformaron Theotonio dos Santos, Vania Bambirra y André Gunder Frank. Inspirada en el marxismo.
  2. La CEPAL, más vinculada a las ideas desarrollistas, cuyo principal exponente es Fernando Enrique Cardozo.

La primera vertiente, inspirada en la visión de Marx de la dependencia, si bien es heterogénea en su interior, parte de la premisa de que el atraso en América Latina no es por falta de capitalismo sino por la forma en la que el capitalismo se desarrolla en el continente, comprendido funcionalmente en torno a un capitalismo pensado como totalidad a nivel mundial. De espíritu crítico y en la búsqueda de la especificidad de América Latina, esta corriente fue crítica del desarrollismo, idea imperante de aquel entonces.

Marini argumenta que la entrada de los países dependientes de América Latina al mercado mundial favoreció el proceso de industrialización inglés y la producción de plusvalía relativa en Inglaterra. Esto último se explica partiendo de las características propias del capitalismo como relación social de producción basada en relaciones de explotación de una clase sobre la otra para extraer valor. Según la teoría marxista, hay dos formas de incrementar ese valor: a través de la plusvalía absoluta (prolongación de la jornada o intensificación del trabajo), y a través de la plusvalía relativa (aumentar la capacidad del trabajo tecnificando la producción).  En este proceso dinámico, los países industriales desarrollan un capitalismo basado en la producción de plusvalía relativa, mientras que los dependientes lo hacen desde la producción de plusvalía absoluta, es decir, mediante una mayor explotación de la clase trabajadora. Esto permite que los países centrales se especialicen en determinadas esferas de la producción (mercancías industriales), quedando para los países periféricos la producción de materias primas o productos de poca elaboración. Según Marini, esto da lugar a un intercambio desigual que se basa en la concepción del capital monopolista. Al contar con la producción de mercancías solo producibles en los países centrales, estos países tienen la capacidad de eludir la ley del valor en la comercialización de las mercancías. Así imponen a América Latina precios más altos por esos productos manufacturados, y hay un flujo de valor que va desde la periferia hacia el centro.

Contemplando las características endógenas, se puede decir que el capital industrial en la periferia al verse desfavorecido en este intercambio internacional, tiene que compensar esa pérdida para valorizarse como capital y recurre a los mecanismos de  producción del plusvalor absoluto, y compra la fuerza de trabajo por debajo de su valor. Estos dos factores dan lugar a una superexplotación de la fuerza de trabajo de la clase trabajadora.
Las consecuencias económicas de esta superexplotación de la fuerza de trabajo son:

Mercado interno pequeño: insuficiente para que el capital nacional pueda vender sus mercancías en ese mercado interno y así acumular valor a escala ampliada, tecnificarse e  ir desarrollándose para llegar a un nivel similar al de las economías centrales.
Ciclo del capital dependiente: al no haber un fuerte consumo interno, el capital nacional depende del mercado exterior para poder desarrollarse, siendo la superexplotación la que aparece como motor de la dependencia. Es el proceso mediante el cual se recrea este ciclo de capital que se expresa de manera diferente a como lo hace en los países centrales.

    Esta concepción difiere metodológicamente de las afirmaciones que señalan la causa del atraso a la falta de capitalismo. Marini propone pensar América Latina como una expresión específica del capitalismo a nivel mundial.

 

    Diferencias metodológicas en la Teoría de la Dependencia

Nos detenemos en un debate que Marini sostuvo con F. Cardozo (referente de la CEPAL) para pensar estas diferencias metodológicas entre las distintas corrientes de esta vertiente.
Para Cardozo, el capital nacional puede llevar a cabo un proceso de desarrollo local. El impedimento, según su visión, es que en  América Latina hay un menor poder de negociación de la clase trabajadora que no le permite imponer salarios más altos, lo que obstaculiza el crecimiento del mercado interno y el desarrollo de procesos de acumulación de capital ampliado. La superexplotación sería evitable para esta corriente. Una alianza de clases con la burguesía nacional podría otorgar mejores condiciones de negociación a los trabajadores, y permitiría fortalecer el mercado interno, revirtiendo gradualmente la superexplotación y permitiendo ascender en términos de productividad y acumulación de capital al nivel de los países centrales.

Marini es crítico de esta posición, partiendo de la premisa de que las burguesías nacionales son incapaces de desarrollar la industria nacional en magnitudes que les permita superar el “subdesarrollo”, porque ello no depende de una decisión o alianza política, sino que responde a determinaciones de tipo económico. Junto a otros exponentes del marxismo latinoamericano se concibe a las burguesías autóctonas como parasitarias, no esperando de ellas nada más que capitalismo con distintos grados de dependencia. Esta definición ideológica, pero también política, deriva en que la revolución socialista será obra de las y los trabajadores y será necesario sostener férreamente la independencia política de clase.

 

    Internacionalización del Capital            

Desde los inicios de la revolución industrial inglesa, la relación social capitalista tiende a mundializarse. La mercancía (como relación social) es universal en potencia, con el desarrollo de la relación mercantil. La necesidad del capital de la acumulación de plusvalía relativa no hace más que reforzar esa necesidad de expansión. El capitalismo ya cuando se expande mundialmente posee un contenido universal pero sus expresiones toman formas nacionales y regionales. Signada por esta competencia entre las economías nacionales con el afán de expandir sus mercados surge la división internacional del trabajo.

La forma histórica que este proceso toma en nuestra región se traduce en una injerencia de los estados extranjeros que comienza apuntalada por el capital comercial inmerso en una relación social distinta del capitalismo, expresada en ideas mercantilistas inmerso relaciones sociales feudales. En este sentido el capital comercial es activo en la búsqueda de nuevas rutas comerciales y llega a nuestra región logrando la acumulación de oro y plata tras el aniquilamiento de los pueblos y culturas originarias. El capital comercial utilizará las relaciones sociales pre-capitalistas ya existentes para la extracción de estas mercancías y el apuntalamiento de la acumulación de capital.

    Si analizamos el sujeto de este proceso podemos ver  que el mismo es el capital comercial, y las relaciones pre-capitalistas forman parte del mismo dotándolo de cierta especificidad y particularidades únicas.       En este proceso se conservan las poblaciones y las relaciones de explotación preexistentes y las utilizan en función de la acumulación de capital. En los casos de las sociedades con menor nivel de desarrollo se recurre al aniquilamiento y desplazamiento de sus regiones.

La primera modalidad particular que toman los países de América Latina es la colonia: conquista directa, subordinación militar y jurídica. Implica una dependencia formal de la metrópoli y requiere la aniquilación de la población originaria. Es la expresión del desarrollo del capitalismo. Genera procesos nacionales de acumulación del capital impotentes dados por la imposibilidad de producir productos manufacturados y por la fragmentación entre países en América Latina a través de fronteras artificiales, perjudiciales para avanzar en el desarrollo de las fuerzas productivas. Otra forma que toma es el endeudamiento para la producción de materias primas, el mismo se conforma en una fuente de reflujo de la renta de la tierra.

Concluyendo, podemos afirmar que el imperialismo no es la causa del atraso latinoamericano, sino una etapa ulterior del capitalismo. Pensarlo como causa podría llevar a la apariencia ideológica de que es necesario primero enfrentar al imperialismo y luego desarrollar el capitalismo en nuestra región. Esta apariencia surge también de pensar a los países como unidades en sí mismas, mientras que la acumulación de capital tiene un contenido mundial con expresiones nacionales, que requiere un análisis más complejo y profundo.

    Si el imperialismo forma parte de la especificidad del capitalismo en América Latina, no se puede pensar la lucha contra el imperialismo sin luchar contra el capitalismo, y viceversa. El aspecto antiimperialista de la lucha anticapitalista en nuestra región le asigna particularidades a nuestra acción política, pero no se trata de desarrollar el capitalismo para liberarnos como nación sino que  tenemos que liberarnos del capitalismo para desarrollarnos como personas y sociedad realmente libre, para desarrollarnos como individuos universales y lograr la emancipación mundial de la sociedad.