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Paritarias con techo, burocracias y respuesta de las clases populares

“El candidato es el modelo”

La disputa paritaria se constituyó como uno de los temas que domina la realidad política de esta mitad del año. El ejecutivo pretende imponer una pauta salarial para –junto con otras medidas económicas– garantizar la “paz social” y un recambio ordenado de gobierno.

Mientras el empresariado demanda el ajuste, el gobierno continúa intentando sostener sus medidas “heterodoxas” que garanticen la rentabilidad empresaria para evitar desatar niveles generalizados de conflictividad social. Sin embargo, la devaluación a cuentagotas continúa descargando sobre los hombros de los trabajadores los costos del fin de ciclo económico. La inflación, aún sin una escalada abrupta, sigue mermando la capacidad adquisitiva de los salarios a pesar de los intentos de estimular el consumo con líneas de crédito blandas mientras se busca solapar los despidos y suspensiones que se multiplican en todo el país.

El ingreso de dólares vía liquidación de las exportaciones y endeudamiento externo a tasas exorbitantes han dado aire al gobierno para aplazar hasta un próximo gobierno la crisis y las medidas de ajuste y mantener estabilizados -aunque en permanente tensión- los índices macroeconómicos. Los candidatos patronales discuten si será un ajuste suave o abrupto, pero todos coinciden en que será ajuste al fin.

En este marco, el gobierno responde a los intereses empresarios buscando frenar los aumentos de salarios como si estos fueran causales de la inflación. Kicillof no pudo esconder el carácter impopular del techo a las paritarias, con discursos burdos y sobreactuados acusando a las empresas de pretender un clima de inestabilidad por acordar aumentos que no pueden pagar y que luego trasladarán a los precios.

Mientras tanto, las patronales prometen seguir con los despidos y retiros voluntarios en acuerdo con el gobierno (siempre que sean a cuentagotas) a la vez que la mitad de los trabajadores de nuestro país cobra menos de $5.000 y está situación de precariedad laboral. Mención aparte merece la estadounidense Chevron y su propuesta de reestructuración que dejaría en la Argentina a 700 trabajadores en la calle.

Lo concreto es que para pasar la posta a un nuevo gobierno sin mayores sobresaltos, el modelo “nacional y popular” debe mantener el ajuste a los salarios. La merma del salario real en 2014 ha sido sentida por todos los sectores ocupados y el reclamo de recomposición salarial expresa las necesidades del conjunto de la clase. Incluso las propias burocracias sindicales, alineadas políticamente con distintas fracciones de la oposición empresaria y que buscan acomodarse al recambio de gobierno, han debido responder a una demanda de las bases. La táctica del gobierno sigue siendo dividir las discusiones y que los reclamos más efervescentes queden en el plano regional y sectorial. De esta manera se llegó a una buena cantidad de acuerdos con gremios “fieles” que legitiman el techo a las paritarias, presentados en actos oficiales. Sin embargo, incluso las centrales “leales” se vieron obligadas a mostrarse algo combativas y buscar alguna cláusula que signifique mejorar, aunque sea unas décimas, el techo del 27%. Los amagues de Caló son una muestra de la política que debe desplegar para contener el descontento de las obreros metalúrgicos.

En esta disputa, el armado del paro del 9 de junio se vio tironeado por las distintas burocracias que buscan timonear el bloque opositor. Entre los sindicatos de la CATT, La Fraternidad se mostró decidida y lograron el acuerdo de no dilatar más la fecha de la huelga general. Es que los dirigentes transportistas aprendieron del armado logrado por Moyano y la metodología que garantiza parar la producción de la Argentina presionando para traccionar a los demás gremios. En tanto, el dirigente camionero intenta supeditar esas convocatorias a sus intereses electorales oportunistas y busca mantener la hegemonía dentro de la CGT. Por ello, busca un arreglo paritario testigo que rompa el techo del 30% mediante un plan de lucha iniciado el reciente 4 de junio y sostener su aspiración a seguir conduciendo la central.

No solo de liturgia vive el hombre (y la mujer)

El descontento de las bases se manifiesta en distintos conflictos parciales, y en algunos casos logran encauzar un caudal de lucha. Algunos de los conflictos más resonantes tienen que ver con preservar la fuente de trabajo frente a los despidos y suspensiones. Esto se expresa en la lucha de los trabajadores de la gráfica WorldColor, Lear y METALSA en la zona norte de Buenos Aires, Honda en la zona sur y Tyrolit en San Luis, por nombrar algunas entre las más recientes.

Los docentes de la provincia de Buenos Aires también muestran su capacidad de incomodar a la gobernación. Clausurado el enfrentamiento por las paritarias, se desata el conflicto por otras problemáticas como el no cobro, las deficiencias de la obra social IOMA, los problemas de infraestructura y, como condimento, la aparición de un nuevo Código Educativo que augura la necesidad de sostener la resistencia para preservar los derechos históricos de los trabajadores de la educación.

A pesar de que la política de mantener la merma de salarios reales va teniendo los primeros resultados, los acuerdos de Aceiteros y del SUBTE muestran la posibilidad concreta de romper el techo salarial. La lucha de los trabajadores aceiteros, desde la construcción de la consigna del salario mínimo vital y móvil planteado en la Constitución y luego de 25 días de paro y movilización sostenidos por el conjunto del gremio, ha mostrado el camino del potencial de constituir una verdadera oposición clasista, que responda y represente a sus bases y no se ate a negociaciones y acuerdos posibilistas con las patronales. Por ello, por el ejemplo que representan para el resto de los trabajadores, desde los medios de comunicación se ha buscado invisibilizar su lucha y manipular la información acerca de los aumentos alcanzados por este sector.

La huelga del próximo 9 de junio, que nuevamente las burocracias convocan como un paro dominguero, es una oportunidad para lograr extender la lucha por superar el techo que impone el gobierno. Es la oportunidad de impulsar un reclamo justo de nuestra clase, diferenciándonos claramente de las burocracias sindicales que no expresan los intereses de los trabajadores, aglutinándonos con un discurso claro, clasista y de izquierda que nos permita mostrar en la calle que existe una alternativa al modelo y a la oposición empresarial; que nos permita atacar la ganancia de los empresarios usando una metodología de lucha decidida, a partir de piquetes en los lugares más visibles y haciendo allí nuestras proclamas.

Que este 9 de junio sirva para seguir sedimentando un proceso de unidad necesario entre los sectores del clasismo, dejando de lado las diferencias electorales.

Levantemos una gran coordinación de las organizaciones gremiales y políticas para enfrentar el ajuste y rodear las luchas en curso.