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La Lucha Anticapitalista y Antipatriarcal desde nuestra perspectiva

Como militantes políticos que luchamos por un cambio social radical entendemos que, incuestionablemente, la opresión de género es real y nos atraviesa a todos y todas. Los ejemplos son innumerables: la violencia física que sufren las mujeres, el menor salario por el mismo trabajo, la discriminación en el terreno laboral, social y familiar, la trata de personas, la prostitución, etc. son algunas de las tantas opresiones que sufre la mujer en este sistema patriarcal. Además, consideramos que la izquierda no es ajena a esta problemática, y reproducimos a menudo estas prácticas sociales: las mujeres suelen ocupar posiciones de menor decisión política dentro de las organizaciones tanto políticas, como sociales o sindicales. En los últimos años este panorama se ha ido revirtiendo, pero es preciso admitir que aún hay grupos o colectivos  que no reflexionan sobre esta cuestión.

Cuando decimos que la temática nos atraviesa a todos y todas, queremos explicitar que para superar los roles establecidos y ratificados por la cultura hegemónica no alcanza con la  mera reflexión. La opresión de género, sólo puede ser combatida en la práctica misma, de manera consciente y reflexiva. Así también creemos importante señalar que la opresión de género no se reduce a una dicotomía entre hombres  y mujeres, sino que existe una diversidad sexual y múltiples identidades de género que deben ser tenidas en cuenta en un proyecto de emancipación de la humanidad toda. La compresión de que el género es una construcción histórico-social, un conjunto de ideas, prácticas y prescripciones sociales que una cultura desarrolla, denota su condición de transformable.

A la hora de pensar la “cuestión de género”, partimos de la premisa de que esta forma de opresión social, sólo se superará en el camino de la emancipación social del conjunto de la humanidad y en tal sentido, no puede escindirse de la lucha de clases contra la explotación capitalista, lucha que no empieza con nosotros, sino que tiene una larga historia de experiencias y desarrollo teórico y práctico que debemos reivindicar.

Si bien es necesario reconocer que la cuestión en general, no ha sido abordada en profundidad por los teóricos “fundadores” del pensamiento marxista, ya desde los primeros estudios acerca del origen de la propiedad privada y de las formas de desigualdad, Engels sostenía que “La primera división del trabajo es la que se hizo entre el hombre y la mujer para la procreación de hijos. Y hoy puedo añadir: el primer antagonismo de clases que apareció en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en la monogamia; y la primera opresión de clases, con la del sexo femenino por el masculino”.

También Lenin, aún frente al triunfo de la revolución rusa, reconocía que “La igualdad ante la ley todavía no es la igualdad frente a la vida. Nosotros esperamos que la obrera conquiste, no sólo la igualdad ante la ley, sino frente a la vida, frente al obrero”.

Sin embargo, estos análisis y los aportes teóricos de revolucionarias como Rosa Luxemburgo, rara vez han sido tenidos en cuenta por la izquierda oficial y hegemónica durante el siglo pasado, lo que ha tenido y tiene importantes consecuencias para nuestra reflexión y práctica política actual.Es sabido que no todos entendemos lo mismo cuando hablamos de marxismo. La tradición estalinista no es representativa del método marxista de estudio-acción. El marxismo como tal ha sido simplificado por esta experiencia, quitándole su contenido revolucionario y convirtiéndolo en un dogma. Esta es una de las razones por las que no ha sido abordado eltema de género por el “marxismo oficial” promovido desde la URSS. No es casual que la opresión y el proyecto de liberación hayan sido soslayados por una experiencia en la que se conformó una estructura burocrática.

Como organización nos posicionamos desde la perspectiva guevarista que intenta retomar los postulados esenciales del pensamiento marxista crítico, desde una visión  de totalidad, que no reduce el análisis de la sociedad sólo a sus contradicciones económicas, sino que contempla y busca profundizar acerca de las diferentes formas de enajenación y opresión que hoy contribuyen a sostener y reproducir las relaciones sociales capitalistas.

Cuando frente a las sociedades de clase pre-capitalistas -en las que el ejercicio de la violencia política era un requisito indispensable para la extracción del excedente-, se destaca que la explotación específicamente capitalista opera sobre la base de la “coacción económica”, a menudo no se toma conciencia de que no sólo el capitalismo se vale también de formas de coacción física permanentemente (uso de la violencia y la represión en distintas escalas), sino que reproduce viejas opresiones y genera otras nuevas: las formas de opresión son parte de la explotación capitalista.

En su estudio de la forma de explotación capitalista, el marxismo no escinde la contradicción entre el capital y el trabajo del análisis de las formas de alienación. Por el contrario, en sus Manuscritos de Economía y Filosofía (1844) Marx analiza cómo, el trabajo enajenado arranca al ser humano su vida genérica, convirtiendo su esencia humana en algo ajeno a sí mismo. Por ello, consideramos imprescindible recuperar esta visión desde el marxismo, que no aísla las relaciones de explotación de los diversos mecanismos ideológicos y estatales y las diversas opresiones nacionales, culturales y de género, entre otras, de las que los explotadores se valen para poder reproducir esta sociedad deshumanizada.

El capitalismo como totalidad social basada en la explotación de los seres humanos y la apropiación por parte de unos pocos de lo producido por la mayoría de la sociedad, despliega distintos mecanismos ideológicos, políticos y culturales que le permiten reproducirse como sistema. Pero, como señalamos más arriba, el capitalismo no “inventó” el patriarcado. Es un sistema antiguo que ha ido tomando distintas formas a lo largo de la historia. El Patriarcado como sistema cultural, modela y organiza las relaciones sexuales/sociales generando desigualdad entre los hombres y las diversas identidades de género, a través de una serie de instituciones, estereotipos, roles, jerarquizaciones que se han logrado instalar a lo largo de la historia. Esto supone la existencia de mecanismos de reproducción que impactan tanto sobre los hombres como sobre las mujeres. Es decir ambos sufren este tipo de opresión, de distinto modo, siendo así las mujeres las que padecen las principales consecuencias.

Por ello, entendemos el patriarcado como un sistema cultural que preexiste al capitalismo pero que juega un papel muy importante en la constitución de nuestra identidad como sujetos al asignar a los varones una posición de poder y superioridad con respecto a las mujeres y otros géneros. Como sucedió con otras formas de opresión, la formación económico-social capitalista ha adaptado y hecho funcional a su lógica al patriarcado. De la contradicción Capital-Trabajo no se deriva inmediatamente la opresión de género, por ende la superación de la primera no implicará automáticamente la superación de la segunda, que podrá subsistir como un sistema cultural,  del  cual hoy el capitalismo se vale para reproducir determinadas relaciones sociales.

Por ello, desde nuestra concepción política, retomamos en particular los aportes del Che y otros revolucionarios y revolucionarias que pusieron al hombre, a la mujer y su actividad en el centro de la escena, sin negar los condicionantes objetivos, pero haciendo especial hincapié en la construcción de una nueva subjetividad.

Entendemos que el socialismo no consiste sólo en la “abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción”. Socialismo es la humanización de la sociedad, es la abolición de todas las taras que dificultan el desarrollo de los hombres y las mujeres, es la superación de las formas de dominación económica y, por supuesto, también las culturales. Socialismo es la lucha por la emancipación humana, meta que no se alcanza de una vez y para siempre sino que requiere el fin de la explotación capitalista como su condición de posibilidad pero que no termina allí. Como afirmaba Vilma Espín, después del triunfo de la revolución cubana “…esta lucha por la promoción femenina no es tarea fácil, ni de un día, pero la visión crítica, realista tanto de nuestra organización como de nuestro Partido, …nos permitirá alcanzar las metas a que justamente aspiramos”.

Porque pensamos la sociedad desde un anhelo profundamente humanista y emancipador, insistimos en que el socialismo no es sólo la expropiación de los medios de producción. Es el combate contra la enajenación y, también, contra todas las opresiones en el plano de la cultura y en el plano de la política. Sin hombres y mujeres nuevas, no habrá socialismo. El papel  de la conciencia revolucionaria en el proceso de transformación, es y será central, por ello es que estamos convencidos de que hay que hacer un trabajo sistemático y cotidiano para crear esa nueva subjetividad. Y la necesidad de ese trabajo constante no se reduce al momento actual en el que vivimos en una sociedad capitalista, sino que la experiencia histórica nos demuestra que esto es tanto o más importante luego de la conquista del poder.

La contradicción principal. Capital-Trabajo.

Desde que la humanidad se encuentra dividida en clases, todas las esferas de la vida social están atravesadas, por la contradicción entre los explotados y los explotadores. ¿Qué es lo que permite que una clase viva a costa del trabajo ajeno? Esto fue cambiando a lo largo de la historia. En el feudalismo, por ejemplo, para que los campesinos entregaran parte de su producción al señor feudal, éste debía utilizar abiertamente la coacción física. El surgimiento histórico del capitalismo implicó la expropiación de los productores directos y obligó a los trabajadores a entrar “libremente” en una relación de explotación para poder sobrevivir. Como dijimos, a lo largo de la historia los grupos privilegiados y clases dominantes han vivido de la apropiación de lo producido por los trabajadores, fueran estos campesinos más o menos libres o esclavos, y dicha apropiación ha sido fundada tanto en legitimaciones religiosas como en el uso directo de la fuerza. Las formas de dominación y opresión que utilizaban las clases dominantes eran las que permitían la reproducción de ese orden social en el que garantizaban, justamente, su dominación como clase.

En el capitalismo, los burgueses viven del plusvalor que extraen a los trabajadores. Por ello, en la sociedad actual la contradicción entre capitalistas y trabajadores es la que rige la producción y reproducción del sistema como un todo. Para reproducir su existencia como clase, los capitalistas –dueños de los medios para producir todos los bienes que el conjunto de la sociedad necesita para vivir  utilizan distintos mecanismos, entre ellos, también la opresión de género. Pero es la contradicción entre los intereses del capital y los de los trabajadores lo que ordena y jerarquiza toda la sociedad, por eso constituye el antagonismo principal.

En este sentido, entendemos que no hay posibilidad de resolver ni superar ninguna de las formas de opresión en tanto las condiciones de existencia de la humanidad sean las de la explotación capitalista.Desde nuestra concepción, es importante abordar la cuestión de género desde una perspectiva clasista, entendiendo que es la contradicción capital- trabajo la que estructura la sociedad, son los burgueses como clase (hombres y mujeres) los que dominan el mundo, y no lo varones. Las mujeres son oprimidas por su condición de mujeres y explotadas como trabajadoras al igual que los trabajadores hombres. Entonces, varones y mujeres trabajadores debemos dar la batalla contra el patriarcado y contra el capitalismo al mismo tiempo. La emancipación de las mujeres será parte de un proceso de emancipación de la humanidad en general.

Esto no significa que no haya que luchar por reivindicaciones parciales, que representan en la práctica mejoras concretas en la situación de los oprimidos, sean estas mujeres, pueblos originarios, grupos nacionales o culturales. Pero sí, que el camino de lucha por la obtención de esas reformas debe proyectarse en una lucha de clases que permita la emancipación del conjunto de los trabajadores y trabajadoras, es decir, la superación del capitalismo. Reconocer esto nos permitirá superar la fragmentación de las luchas aisladas por demandas particulares y potenciará la disputa general contra nuestro enemigo principal, garantizando los triunfos particulares.

No identificar esta realidad nos puede llevar a justificar la fragmentación de las luchas, promoviendo y multiplicando los particularismos -tarea que ya se ha dado el posmodernismo- y que ha sido totalmente funcional a la dispersión de fuerzas promovido por la clase dominante. Es preciso tender un hilo rojo entre las diferentes reivindicaciones, para identificar con claridad a nuestro enemigo de clase y el norte estratégico.

Proyecto socialista y cuestión de género

En síntesis, entendemos que la cuestión de género debe ser abordada desde una perspectiva clasista, única forma de superar el corporativismo. La lucha feminista escindida del proyecto socialista, sólo puede quedarse en el terreno del reformismo. Esto no significa, como dijimos, que no luchemos por reformas; sino que incluyamos esas reformas en un proyecto emancipatorio, superador y de clase.

Como Agrupación creemos en  un proyecto socialista que incluye las demandas de todos los oprimidos, así es que debemos tener política para todos los sectores. Además es necesario avanzar en un estudio a fondo desde una concepción marxista, ya que esto aportara a una mayor claridad en nuestra intervención frente a la reinante fragmentación de los sectores populares.

Desde nuestra visión del socialismo, sabemos que no podemos poner fin a la explotación capitalista y construir una humanidad emancipada si se mantiene una estructura desigual que implique sometimiento y dominación hacia otros géneros. Por ello, en este camino de transformación, creemos de suma importancia la participación de todos los géneros, pues si hay un sistema que opera en cómo establecemos nuestras relaciones, es primordial poder cambiar esas relaciones, desde una perspectiva anticapitalista y anti- patriarcal  prefigurando así la sociedad del mañana, la sociedad de la igualdad de seres libres, la sociedad sin explotados ni explotadores: la sociedad socialista.

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