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El programa de nuestra Organización Política

Luego de un profundo trabajo colectivo, hemos aprobado el Programa de la Agrupación Política Hombre Nuevo. En esta nota damos a conocer sus coordenadas generales con el propósito de hacer un aporte al rearme ideológico, organizativo y político de la corriente guevarista.

La voluntad orientada a un fin

En el contexto de retroceso que la burguesía nos impuso como clase y como pueblo, no es ocioso explicitar o reponer cuál es la finalidad de un programa. La sociedad capitalista tiene una dinámica propia que, librada a sus propias fuerzas, tiende a autorreproducirse no sólo en el plano objetivo (de la acumulación y la explotación) sino también en el plano de la conciencia. Por supuesto, esta sociedad atrozmente desigual está atravesada por la lucha de clases y aun en etapas como la actual, marcadas por un severo revés histórico, los explotados y oprimidos resisten y pelean. Sin embargo, esas luchas espontáneas y la conciencia inmediata que les otorga sentido no salen del terreno burgués que la realidad misma impone como único horizonte posible.

El estallido de la realidad en una multiplicidad de dimensiones y partes nos empuja a la acción parcial. Arrastrada por esa inercia vertiginosa, la acción se vuelve dispersa e, inevitablemente, ineficaz. La crítica posmoderna, claramente paralizante (cuando no reaccionaria), rechaza la teoría y el plan por considerarlos “a priori” que “limitan” las posibilidades de acción.

Efectivamente, el programa y la acción partidaria organizada buscan determinar, dirigir, la dirección del proceso y es propio de cualquier proceso vivo alumbrar lo nuevo. Pero este reconocimiento ineludible de la novedad, no se confunde para nosotros con el culto a “lo nuevo” como algo positivo en sí y desligado de la historia anterior.

Apoyándonos en nuestra condición de trabajadores, retomando la larga experiencia de organización de nuestra clase, aprendiendo de las experiencias revolucionarias pasadas y presentes, entendemos al programa como una herramienta indispensable para combatir contra la sociedad actual. Como obrero colectivo, como destacamento, el programa sintetiza nuestros fines y nos obliga a subordinar a esos objetivos toda nuestra acción y nuestra voluntad. Parafraseando a Marx podemos decir que,  al igual que ocurre con el obrero que trabaja esa subordinación de la voluntad se manifiesta como atención, el programa es una guía para combatir la fragmentación y la tendencia a la dispersión que promueve la realidad en la que nos movemos.

El programa sirve para jerarquizar y evitar la fuerza centrípeta de la energía militante, contribuyendo a enfocar la atención en los problemas y las acciones que realmente pueden cambiar este mundo capitalista que tanto padecemos.

Una síntesis de nuestras certezas

Cualquier organización que pretenda realizar algún aporte a la lucha de clases debe tener la capacidad de aprender, de captar lo nuevo, de autocriticarse y reformular. No obstante, esto no significa que todo esté en duda. Es cierto que el dogmatismo ha hecho (y hace) un enorme daño a las organizaciones de izquierda, pero la superación del dogmatismo no es el eclecticismo ni el relativismo paralizante. La crítica al capitalismo que realizara Marx, la comprensión del tipo de herramienta a construir que aportara Lenin y la necesidad de una estrategia de poder que enfrente al imperialismo que nos enseñó el Che han sido y serán enriquecidas por la lucha de clases, incluso podrán ser complejizadas, pero mientras el capitalismo impere no serán negadas. Lo mismo podemos afirmar del rol central de la clase trabajadora en un proyecto de transformación, la necesidad de la revolución para la construcción del socialismo y el inicio de la transición hacia una humanidad emancipada, o la importancia estratégica de la unidad latinoamericana para la concreción de esas metas.

A diferencia de otros programas de nuestra clase de otros momentos y de otras latitudes que podían resolver muy sintéticamente esos puntos de partida, pensamos que hoy es imperioso reponer los objetivos y causas de nuestra lucha, hacer un conciso repaso de la memoria de la clase  de la que se apropia nuestra organización. Por ello, el desarrollo de esos puntos de partida explica aproximadamente la mitad del documento de nuestro programa.

En esa misma dirección de marchar a contrapelo de un contexto de definiciones efímeras y confusas, explicitamos en el programa  nuestra identidad guevarista: Desde nuestra perspectiva, el guevarismo constituye la máxima expresión del leninismo en América Latina así como el punto más alto de desarrollo teórico y práctico del marxismo latinoamericano.”[1] En nuestro país, la máxima expresión del guevarismo remite para nosotros a la experiencia del PRT – ERP.

Haciéndonos cargo de que el significado del guevarismo está en disputa, nuestro programa expresa una convicción profunda que forma parte del perfil de nuestra organización: el guevarismo puede y debe (re) construirse como una alternativa política de masas. No es desde una marginalidad autocomplaciente que conseguiremos presentar batalla a los poderosos enemigos que enfrentamos. Por el contrario, desde el guevarismo debemos trabajar por la construcción de una fuerza social revolucionaria que se cuente por decenas y centenas de miles. Tampoco aportaremos a la reconstrucción revolucionaria diluyendo la historia y los principios que hacen a nuestra identidad y los aportes que el guevarismo ha hecho a la tarea de construir una estrategia de poder.

El desafío de preparar la revolución en una etapa no revolucionaria

Para planificar la acción política, los principios generales y la perspectiva estratégica son indispensables pero insuficientes ya que la intervención real requiere asumir cuál es la situación en la que nos encontramos.  Entre los fines que nos planteamos y el punto de partida se nos presenta una escisión demasiado amplia. Pero como somos militantes revolucionarios, del pesimista análisis de la razón derivamos tareas con el optimismo de la voluntad. Una tarea central de la etapa es la construcción partidaria entendida de un modo integral:

“Nuestro objetivo es aportar a reconstruir una alternativa revolucionaria para nuestro país. Ese objetivo supone indispensable la acumulación de fuerzas política y organizativa, en diversos niveles articulados, con una orientación revolucionaria: a) La construcción de la organización político partidaria revolucionaria. b) La construcción de un bloque amplio antiimperialista y por el socialismo. c) La construcción de poder popular de masas.

“La construcción de la organización político partidaria posee para nosotros un carácter central y permanente, siendo la única capaz de articular dichos niveles organizativos y de llevar a cabo las tareas específicas de preparación de la revolución. La misma debe caracterizarse por su iniciativa, su visión de totalidad, el ejemplo revolucionario de sus militantes, su inserción y trabajo con el pueblo.”

El programa partidario es entonces una herramienta para intervenir en la realidad atendiendo, al mismo tiempo, tanto al punto de partida real como al objetivo revolucionario. Muchos de los problemas programáticos son, estrictamente, problemas de la praxis que ni la mejor redacción del programa resolverá mágicamente.

El tipo de programa

¿Qué tipo de programa entendemos que contribuye mejor a resolver esa mediación entre la realidad y la revolución? En forma consciente, este programa se inserta en la tradición que especifica una diferenciación entre programa mínimo y programa máximo.” Para nosotros es la división entre programa mínimo y máximo la que mejor ubica y concentra las tareas e iniciativas que debemos realizar. Entendemos que es fundamental entender cuáles son las condiciones reales (objetivas y subjetivas) de nuestra etapa para construir con los pies en la tierra la fuerza real que, en un escenario revolucionario, pueda tomar el cielo por asalto.

“Sin desconocer la tensión real de que programa máximo y mínimo se escindan -tensión que se ha manifestado históricamente en más de una ocasión- consideramos que la distinción contribuye a ordenar las tareas y a orientar la práctica de acuerdo a las condiciones concretas de la lucha. No es la formulación de medidas que corresponden a una etapa de confrontación abierta con las clases dominantes y su estado adosada a reivindicaciones inmediatas lo que soluciona el problema estratégico de la relación orgánica entre el presente que existe y el futuro que queremos construir. Es el grado de homogeneidad, autoconciencia y organización del sujeto capaz de llevar adelante las tareas propuestas el que determina la validez de plantear determinadas consignas (orientadoras de la acción) y no otras.”

El programa no es una sumatoria de consignas, menos aún un conjunto de medidas de gobierno (desarrollamos más abajo). El programa es una totalidad, el objetivo estratégico, el análisis crítico de la realidad, la definición político – ideológica en debate con otra tendencias, el programa de máxima (con sus consignas) y el programa para la etapa. Y para nosotros el programa incluye también la materialización de las ideas en la práctica. Por eso, alertamos contra la tentación de tomar aisladamente alguna de las consignas para compararlas con las levantadas en otros programas. Muchas pueden tener una formulación similar y hasta idéntica a la de otras organizaciones y corrientes ideológicas, pero como decía el viejo Hegel “sólo el todo es verdadero”

No hay conjuro o elixir que nos libre de una vez y para siempre del peligro del reformismo o del sectarismo. La lucha contra ambas desviaciones atraviesa el documento de programa, sabiendo que la precisión de la formulación es indispensable, pero que lo definitorio es la construcción de una organización firme, formada por cuadros sólidos, con perspectiva crítica y autocrítica, con vocación de poder, con capacidad de organizar cientos de miles de hermanos de clase, con iniciativa para desarrollar la lucha en todos los terrenos.

En debate con los “programas de gobierno”

Hay una tendencia a rebajar el programa a un conjunto de medidas de gobierno, sin contar con la fuerza (material y moral) para ser gobierno. El reformismo de centro izquierda, charca a la que se han zambullido no pocas de las organizaciones que hasta hace unos años se reivindicaban como “nueva izquierda”, hace gala de este tipo de programa. Argumentando la necesidad de interpelar a “la sociedad” (como un “todo”, sin antagonismo de clase), sostiene que hay que proponer un conjunto de medidas factibles que podrían ser aplicadas hoy, sin una alteración radical de las relaciones de fuerzas. Esto significa adoptar el punto de vista de la gestión de lo existente, aun cuando tenga un barniz “progresista”. Y sabemos que en el marco del capitalismo y de la actual relación de fuerzas las opciones realizables son bastante estrechas. Lo realizable puede ser una conquista, pero también puede ser una herramienta de cooptación, de reforzar la creencia en que los problemas estructurales del pueblo se pueden resolver sin la participación popular, sin la lucha. Subyace una lógica tecnocrática, de funcionario, que supone que medidas “responsables” y “correctas” pueden resolver dichos problemas. De ahí la nula referencia a cuál es el sujeto, cuál es la clase que puede (y debe) llevar adelante las medidas que se proponen.

Asimismo, también se explican desde esa concepción la tendencia a coquetear primero y subsumirse después en el peronismo kirchnerista por presentarse hoy como la opción menos regresiva dentro de las otras opciones (burguesas) que existen y que hoy concitan la adhesión de la mayoría de “la sociedad”.

Para nosotros, “La clave es la acumulación de fuerzas revolucionaria, esto significa, el aumento de la organización, homogeneidad y la conciencia de los explotados y oprimidos en antagonismo al orden vigente. Parte de ese proceso es conseguir victorias parciales que contribuyan a fortalecer la moral y la autoconfianza de las masas. Sin embargo, el programa para la etapa no debe consistir sólo en las medidas “realizables” bajo el orden capitalista, o incluso solo aquellas que las mayorías reclaman o reconocen como legítimas. Como revolucionarios, es una tarea permanente contribuir a que el pueblo tome conciencia de que sus principales problemas se resolverán cuando los trabajadores dirijan el conjunto de la sociedad y que la clase revolucionaria se organice y actúe en consecuencia.

En debate con los programas transicionales

La definición adoptada en cuanto al tipo de programa implica, también, que tomamos distancia respecto de las organizaciones que reivindican o se apoyan en la lógica del Programa de Transición elaborado por Trotsky en 1938, como documento fundacional de la IV Internacional. Vale aclarar que la adopción de ese tipo de programa excede ampliamente a los partidos trotskistas, siendo tomado por muchas organizaciones cercanas y compañeras.

Detrás de la definición a favor de un programa enmarcado en la lógica transicional hay una inquietud y una decisión que compartimos: no desligar las tareas o consignas actuales de un proyecto revolucionario. Nuestra posición difiere en la respuesta a cómo se construye esa ligazón orgánica. Para nosotros, el problema que a menudo se presenta es creer que la formulación discursiva, o el adosar alguna mención al socialismo, convierten a una consigna defensiva o por reivindicaciones inmediatas en “consigna transicional”, en el contexto de un régimen burgués cuyo poder no está siendo disputado por ninguna fuerza real, actuante, en nuestro país. Puede discutirse hasta qué punto el análisis de situación de Trotsky en 1938 era correcto o no, pero lo que es innegable es que transición implicaba: revolución, pueblo en armas, toma del poder y dictadura del proletariado, guerra civil. Puede resultar más atractivo darle una formulación más radical a nuestras consignas, pero no serán programas transicionales si partimos de que no sólo la meta de la toma del poder sino la idea misma de socialismo no forman parte de la conciencia de amplias masas, ni siquiera de parte importante del activismo.”

Por supuesto, puede argumentarse que lo que se busca es generar un avance desde el bajo punto de partida hacia una conciencia de clase socialista, proletaria. Pero una cosa es acumulación de fuerzas, o la necesaria acción de agitación y propaganda de la posibilidad y la necesidad del socialismo, o incluso la preparación de la revolución; otra cosa es la transición. No es desde la erudición academicista que señalamos esto, sino porque entendemos que a consecuencia de ello se confunden las tareas de dos momentos de la lucha de clases que están vinculados pero que son cualitativamente diferentes.

Hay también quienes reivindican la lógica transicional en confrontación con el etapismo que efectivamente ha marcado experiencias como la de la socialdemocracia, del estalinismo o de las diversas variantes de reformismo o de nacionalismo burgués, cuyos programas se insertaban en la división entre mínimo y máximo. El etapismo no es atender a la etapa, es hacerlo de forma ahistórica y pasiva. Pero si se interpreta que el análisis de la relación de fuerzas para derivar tareas equivale a etapismo, en definitiva se supone que todo el tiempo se puede hacer el llamado a la toma del poder y que no hacerlo es una demostración de claudicación o de reformismo. No es casual que ese tipo de planteos dé lugar a prácticas sectarias y a no pocos fracasos.

Nuestro programa para la etapa actual

Nuestro programa plantea entonces una doble diferenciación, tanto con el posibilismo y la política de conciliación de clases como de la arenga de consignas “correctas” políticamente, pero impotentes frente a la hegemonía burguesa.

Las imprescindibles mediaciones entre lo que es y lo que queremos que sea dependen justamente de la audacia de la organización partidaria en el análisis concreto de la totalidad de la lucha de clases, el estudio de cada escenario particular -asociado fundamentalmente la inserción real- y la elaboración de consignas propositivas, como respuestas concretas -orientadoras para la acción-, articuladas en un todo programático en un sentido socialista. Esta es la búsqueda expresada en nuestro Programa Mínimo denominado como Programa para la Etapa.

Partiendo de que hoy no tenemos el poder, las consignas que levantamos en el programa para la etapa se formulan en términos de exigencias al estado burgués. Sin embargo, esas consignas se insertan en una explicitación de que las mismas surgen o derivan de una lucha más amplia y más ambiciosa que les otorga sentido.

Los siguientes son los ejes ordenadores que en nuestro programa para la etapa organizamos las diversas consignas: Por la independencia política y económica de Argentina y Latinoamérica. Para frenar la extranjerización y el avance de la lógica mercantil, para avanzar hacia la soberanía energética, para la defensa del medio ambiente y los bienes comunes, para la soberanía Alimentaria, para la soberanía nacional y el respeto a la autodeterminación. Exige la implementación de un Plan de emergencia económica frente a la crisis y contra el ajuste. Conteniendo exigencias frente a las presiones de los organismos internacionales de crédito, a las presiones devaluatorias y la especulación del capital exportador, a la especulación financiera y la ausencia de crédito, al régimen impositivo regresivo imperante y a las presiones inflacionarias. Exige la Garantía de los derechos fundamentales del pueblo y defensa de los sistemas de Educación y Salud Pública. La recuperación del Transporte Público. La Garantía del derecho a Vivienda Digna y la democratización de la comunicación y de la cultura. Aboga por la defensa y ampliación de los derechos de los trabajadores. Por la defensa y ampliación de los derechos de las mujeres y colectivos LGTBI. Por los derechos de la juventud. Y de los pueblos originarios, el campesinado familiar. Finalmente pugna por la defensa y ampliación de los derechos humanos y derechos democráticos.

Un llamado a la organización y a la acción política

Como revolucionarios, como guevaristas, tenemos una enorme tarea pero también una inmensa responsabilidad ante nosotros, ante quienes nos precedieron y ante quienes nos van a suceder en la lucha. Por eso, el programa es, además de todo lo que venimos exponiendo, un llamado a la acción, a la organización, a la lucha. Como decía Domingo French, forjador junto a otros compañeros de la primera independencia, “Este mundo es nuestro mundo; este país, nuestro país; esta sociedad, nuestra sociedad: ¿quién tomará la palabra si no la tomamos nosotros? ¿Quién pasará a la acción si no somos nosotros?”

“El presente programa es nuestro punto de partida. Se concentran aquí parte importante de las definiciones políticas e ideológicas estratégicas a las que ha arribado nuestra joven y abnegada organización en el proceso de reconstrucción de la vanguardia revolucionaria en nuestro país”.

“Asumimos con disposición y valentía la lucha por los grandes y nobles objetivos que nos hemos propuesto, así como lo hicieron, con coraje inigualable, nuestros primeros patriotas en las históricas gestas independentistas. No estamos solos. Nos acompaña en pleno siglo XXI el viejo Marx, la visión estratégica y vocación de poder de Lenin, la confianza inquebrantable en el cambio revolucionario del Che, la mirada penetrante y la acción política de Mario Roberto Santucho. Nos inspiran los levantamientos del Cordobazo con su vanguardia obrera, y cobijamos como nuestro tesoro más preciado los ideales por los que lucharon nuestros 30.000 desaparecidos. Nuestra organización hace suyos los innumerables ejemplos de resistencia contra el capital de las últimas décadas en nuestro país y en Nuestra América. Somos hombres y mujeres nacidos al calor de las revueltas populares de aquí y de allá. Pero por sobre todas las cosas mantenemos la llama encendida de la revolución socialista en nuestra mente y nuestros corazones. Con el abrazo palpitante de la clase trabajadora, somos parte de una nueva generación que se pone de pie con dignidad, de cara a los poderosos y con profunda determinación de vencer.

“¡Por la revolución y el socialismo!”

Agrupación Política Hombre Nuevo

[1] Todas las citas de este artículo fueron tomadas del Programa de la Agrupación Política Hombre Nuevo.