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El final y después

Con el 51,4 % de los votos finalmente el macrismo se impuso en una ajustada elección presidencial frente al candidato del Frente para la Victoria, Daniel Scioli. La fórmula de Cambiemos avanza en consolidarse como expresión política a nivel nacional y es quien asumirá el mando del gobierno a partir del 10 de diciembre, con la continuidad en el poder en la Ciudad de Buenos Aires y el detalle no menor del triunfo en territorio Bonaerense.

Con lo acontecido se cierran 12 años del kirchnerismo en el poder quien a pesar de todo, se mantiene como la primera fuerza de la oposición y con un peso de relevancia en el congreso nacional, lo que nos indica un escenario inevitable de negociación entre los partidos patronales para mantener la gobernabilidad en el futuro.

El kirchnerismo puro tendrá peso legislativo, pero no ejecutivo, dicha fuerza ha obtenido un caudal político que no se diluirá, sino que se pondrá en función de un posible regreso en 2019 una vez ordenada la tropa dentro del PJ.

Los resultados consolidan el giro derechista del escenario político en nuestro país que tiene su correlato también en nuestro continente, lo que marcará la agenda de lucha para los sectores populares.

El impensable resultado hace unos meses atrás, en buena medida se explica  por la apuesta distinguida de los sectores concentrados al candidato derechista, quien también se vio beneficiado en la segunda vuelta por el apoyo de Sergio Massa,  Margarita Stolbizer, Rodríguez Saa,  junto con  el aparato que aportó el radicalismo como socio en la alianza Cambiemos y la abrumadora victoria en la segunda vuelta de las elecciones en Córdoba.

Pero eso no es todo, los límites del propio oficialismo como representantes capitalistas  en su versión populista, mantuvieron irresueltos graves problemas sociales. El ajuste en goteo, la consolidación de la megaminería, la sojización, la tremenda extranjerización de la economía  y una profundización de la dependencia de la exportación de granos en un contexto de crisis internacional, corroboran lo antes mencionado. El oficialismo mostró así, blanco sobre negro y más allá de lo discursivo, que en sus 3 mandatos la matriz productiva del  país no fue modificada y que la desigualdad social va en incremento.

Entre los elementos que explican el retroceso en las urnas del Kirchnerismo, se encuentran también los errores políticos como el sostenimiento de Aníbal Fernández como candidato en la provincia de Buenos Aires, el abandono de la estrategia pasada de la transversalidad que imposibilitó acaudillar a otros sectores y el papel desmovilizador de sus propias bases para mantener la restauración conservadora. Todo lo mencionado colaboró a que la balanza ceda finalmente en favor del PRO en el reciente acto eleccionario. Bajo un discurso hegemónico derechista y a pesar de la “década ganada” los empresarios apuntalaron al candidato que representaba más fielmente sus planes económicos, apoyados en  la legitimación entre los sectores medios y  porciones de las capas populares, que bajo diversos intereses, incluso contradictorios, interpretaron que el “cambio” podría venir de la mano de sus propios verdugos.

El macrismo logró unificar tras de sí toda la oposición de derecha que tiempo atrás se encontraba fragmentada, quienes se mostraron entusiastas y colaborativos con el triunfo del nuevo mandatario bajo las expectativas de poder ser convocados para cumplir funciones gubernamentales. Así lo declaró Sergio Massa: “Mauricio, vos y tu gobierno cuentan con toda nuestra colaboración porque entendimos hace mucho que para un argentino no debe haber nada más importante que otro argentino. Contás conmigo como conductor de este espacio político y con todos los intendentes, diputados y legisladores que integran nuestra fuerza”. El líder del Frente Renovador estima poder ser parte activa de un gobierno de coalición.

Bajo un discurso que logró encubrir y aggiornar ante los millones de votantes sus planes de ajuste y retroceso de las conquistas sociales, junto con un shock devaluatorio de fuerte impronta neoliberal en lo político y económico, el candidato empresarial (como un gran estratega del marketing) logró instalar la idea en la población, de que con él vendría “lo nuevo” y el anhelado “cambio”. Su efectiva modificación de la estrategia electoral en las últimas semanas dieron sus frutos, luego de haber resuelto astutamente esconder en el ropero a Melconian, Espert y Broda (el autodenominado “equipo económico a lo Cavallo”) y asegurar que no quitaría la AUH ni avasallaría ningún derecho de los trabajadores. El cambio de táctica le permitió difuminar la sombra que trae consigo como representante del establishment, garante ejemplar del ajuste y el orden a la medida de lo que hoy exige la burguesía.

Entre los que festejan los resultados del domingo pasado se encuentran también los grandes medios de comunicación. Así lo refleja la miserable y repulsiva  editorial del diario La Nación que propone, en consonancia con el nuevo gobierno de derecha, que se termine con los juicios de lesa humanidad contra los genocidas de la sangrienta dictadura militar que se llevó la vida de 30 mil detenidos desaparecidos.

Así lo declaran impunemente: “La elección de un nuevo gobierno es momento propicio para terminar con las mentiras sobre los años 70 y las actuales violaciones de los derechos humanos” (…) “Los trágicos hechos de la década del setenta han sido tamizados por la izquierda ideológicamente comprometida con los grupos terroristas que asesinaron aquí con armas, bombas e integración celular de la que en nada se diferencian quienes provocaron el viernes 13, en París, la conmoción que sacudió al mundo” (…) “Hay dos cuestiones urgentes por resolver. Una es el vergonzoso padecimiento de condenados, procesados e incluso de sospechosos de la comisión de delitos cometidos durante los años de la represión subversiva y que se hallan en cárceles a pesar de su ancianidad. Son a estas alturas más de trescientos los detenidos por algunas de aquellas razones que han muerto en prisión, y esto constituye una verdadera vergüenza nacional”.

Con un repugnante olor a impunidad, los genocidas y sus encubridores, en menos de 24 horas del triunfo de Macri desempolvan las tesis de la “guerra contra la subversión” como una  bestial  apología de  la masacre más grande sufrida por el pueblo argentino en la década del 70, que ahogó en sangre a la clase trabajadora y a la mejor generación de revolucionarios que tuvo nuestro país. De nuestro lado, del lado de los que luchan, estamos seguros que la movilización popular será la única  garante de que haya verdadera justicia para todos nuestros caídos junto con la incansable búsqueda de los nietos que aún no han recuperado su identidad.

Por estas horas Cambiemos delinea su nuevo gabinete y las principales medidas económicas a abordar, con el termómetro puesto en el clima social, estarán atentos a una transición ordenada. En ese sentido es posible que no puedan llevar a cabo en los primeros meses de gobierno una mega-devaluación de la moneda, que era su pretensión inicial. El ajuste será paulatino y firme, pero que lo habrá no hay dudas.

En las primeras declaraciones Mauricio Macri dio ya varios indicios de los pasos a seguir una vez que ocupe el Sillón de Rivadavia. En el plano internacional  buscará  negociaciones con los fondos buitres, presentará en el congreso la derogación del memorándum con Irán, anticipó que pedirá que se apliqué la cláusula “democrática” vigente en el Mercosur contra Venezuela y no ahorró embates contra el proceso antiimperialista bolivariano de la mano del exponente derechista Capriles, quien prepara una avanzada conservadora el 6 de diciembre en las elecciones legislativas venezolanas.

Enfatizó que el nuevo gobierno avanzará con “convenios con la Unión Europea y la Alianza del Pacífico”, lo que expresa el giro conservador también en el plano internacional y promete retomar relaciones estrechas con EEUU, quienes ya preparan la visita oficial del mandatario en la Casa Blanca, como un notorio gesto de pleitesía respecto al capital financiero internacional.

Todo lo cual, vislumbra un plan de endeudamiento a gran escala del país para conseguir inversiones, de la mano de ajuste del gasto social, junto con la devaluación del peso que golpeará el poder adquisitivo de la clase trabajadora, aumento de tarifas y la eliminación del cepo al dólar. Por su parte los sectores patronales agrarios aguardan ansiosos la prometida eliminación de las retenciones al maíz y al trigo para liquidar los granos, medida que fue ratificada por el presidente recientemente electo.

Además prometió declarar la emergencia en seguridad, para “tomar el control del territorio” lo que nos indica que se avanzará con la militarización en los barrios y la judicialización de la pobreza, así como en el control social que le permita llevar a cabo el plan de ajuste.

En la misma línea, se confirmaron recientemente, varios de los funcionarios del gabinete que acompañarán al presidente electo. Un gabinete de corte empresarial donde desfilan menemistas, duhaldistas, aliancistas, empresarios y gerentes. Todo muy  acorde al perfil de la nueva gestión y a la altura del ajuste que se viene. Entre los designados se encuentra Alfonso Prat Gay como titular de Hacienda y Finanzas, mientras que el empresario Francisco Cabrera ocupará la cartera de Producción, y el titular del Banco Ciudad ex menemista, Rogelio Frigerio, el Ministerio del Interior. El ex titular de Shell, Juan José Aranguren, ocupará la cartera de Energía y Minería. Por su parte Patricia Bullrich será quien dirija el Ministerio de Seguridad. Pero como si esto fuera poco Federico Sturzenegger quien había declarado, “Cuando seas gobierno hace lo que vos creas, pero no lo digas ahora”, es el designado en el Banco Central.

Quienes también están atentos y buscaran fortalecer su poder frente a un nuevo escenario político es el sector del gremialismo burocrático. La victoria macrista reafirma la conducción de Hugo Moyano que hoy es el principal interlocutor de Macri, con potestad para marcar el rumbo de las paritarias y el pacto social que está en carpeta. De hecho el dirigente camionero influyó fuertemente en el reciente anuncio del futuro titular del Ministerio de Trabajo, el diputado Jorge Triaca, hijo de quien ocupó el mismo cargo durante el gobierno de Menem.

Ambos se necesitan mutuamente para garantizar la paz social y el orden institucional  para llevar adelante la gestión del gobierno entrante. Macri aseguró darles juego en el marco de un Pacto Social, en acuerdo con las grandes cámaras empresariales a cambio de contener los nacientes reclamos gremiales. Entre las cláusulas del acuerdo el macrismo prometió no meterse con el modelo de unicato, a la vez que probablemente tendrán sus despachos en áreas del Ministerio de Trabajo, el de Transporte y la Superintendencia de Servicios de Salud, el organismo que debería controlar el mega negocio de las obras sociales sindicales.

Por su parte los sindicalistas que apoyaron la campaña de Scioli, no quieren quedarse en la mesa de los perdedores y reclaman entre pasillos frente a los actuales resultados, la unidad de todos los sectores del gremialismo burocrático, puesto que nadie quiere ser el último orejón del tarro frente a tantos intereses en pugna.

Se avecina un panorama complejo para el campo popular. El triunfo de la variante más expresamente conservadora de los sectores dominantes tiene impacto en nuestro país pero también en América Latina. El proceso venezolano atraviesa difíciles circunstancias. Estados Unidos y su táctica (tras el fracaso del ALCA) de la Alianza para el Pacífico recuperan terreno en América Latina, Argentina se suma con fuerza a la derechización en marcha de los gobiernos de Brasil y Uruguay, empalmando con las políticas  reaccionarias de Colombia, México y Paraguay acentuándose un retroceso en la región.

En nuestro país, el gobierno de Macri no será improvisado. La burguesía también ha sacado sus lecciones de los levantamientos populares del 2001.

El justicialismo ha pagado caro sus fuertes disputas internas y hoy se encuentra fuera de los principales centros del ejecutivo. Resta ver cómo dará resolución a sus internas el PJ y qué actitud tomará hacia el nuevo gobierno.

Finalmente entre otras de las consideraciones que arrojaron los resultados del ballotage podremos decir en el campo de la izquierda, que el voto en blanco no expresó la cantidad de votantes que obtuvo el FIT en la anterior elección. Por el contrario los mismos se redujeron y muchos activistas y sectores de la clase trabajadora optaron por votar a Scioli como una forma de enfrentar el ajuste más clásico liderado por las fuerzas macristas. Todo esto nos merece una reflexión precisa en torno a la ineludible tarea de construir una alternativa política de izquierda anticapitalista, para enfrentar en las calles el ajuste, con la experiencia de resistencia que llevamos en nuestras espaldas, pero también para avanzar y dar pasos firmes en un programa propositivo de acción capaz de acumular la suficiente fuerza que logre sortear las viejas encrucijadas del mal menor que históricamente nos han  impuesto  los de arriba.

Por ello ante la ofensiva de la derecha, organizar las luchas para frenar el ajuste. Noviembre 2015