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Editorial: Claridades

¿Quién ha visto a la paloma casándose con el gavilán al recelo con el cariño / al explotado con el  explotador? Juan Gelman

Cuando se juntan a hablar de un pacto los empresarios, un gobierno de empresarios y sindicalistas,  que también son empresarios, solo puede tratarse de un pacto entre ellos y en contra nuestro. En el poema que lleva como título, justamente, “Claridades”, Juan Gelman lo plantea con exactitud milimétrica. No son posibles bodas de este tipo, salvo para engendrar monstruos. A quienes no convence o conmueve el género poético, puede bastarles la historia o la propia rea- lidad, con su palmaria actualidad ambas, para aclarar las cosas. Y así  es  el  asunto, salvo para quien no quiera verlo: la idea de que es posible la armonía entre explotadores y explotados, entre patrones  y laburantes, no la inventó, ciertamente, este mediocre y recién llegado gobierno. Su plantel de gerentes y cajetillas de nariz respingada carece de originalidad, y a duras penas puede cubrir los cargos ejecutivos sin apelar a un desfile fantasmal  de exfuncionarios del menemato, la Alianza o el propio sciolismo que defenestraba en campaña. El flamante mandatario, sin embargo, desempolva esta idea: hace falta un pacto social.

Este punto, compartido como planteo con los otros dos candidatos presidenciales más votados, lo ha planteado en la 21º Conferencia de la Unión Industrial  Argentina  (UIA)  ante  más  de 1.500 grandes y medianos empresarios, y frente a conspicuos mercenarios de la corrompida CGT, ante miembros de la OIT especialmente llegados para abordar dicho eje. En esta conferencia, el presidente de la nueva derecha gobernante ha realizado apelaciones generales a un esfuerzo compartido en pos del bien común. Desde luego; ese pedido de compartir sacrificios es  de  un  inocultable  cinismo,  ya  que se realiza en el mismo día en que el propio Macri había anunciado la eliminación total de las retenciones a la exportación de trigo, maíz y carnes, además de hacer lo propio sobre las exportaciones industria- les frente a la propia cúpula de la UIA. Es decir, una exención impositiva millonaria para los que son millonarios. A la par, se anuncia la inminente devaluación de nuestra moneda, la eliminación de subsidios al consumo de gas y luz, se hace la vista gorda a la asfixiante suba de precios de los alimentos -que en algunos rubros trepó al 30% en apenas días- y se exhorta  a los asalariados a trabajar un poco más: “Con este nivel de ausentismo y de conflictividad no somos un país viable”, sostiene el líder del PRO en su discurso. El peronismo en retirada ha dejado listo el escenario.

Más allá de algunos escarceos protocolares con el bastón de mando, se ha producido una transición que  venía  planteando un contexto carente de toda épica, como no sea la discursiva, reducida a una campaña maniquea y falaz que planteaba los pagos  de deuda externa realizados como una cruzada patriótica, y los por venir en manos   de Macri, como una claudicación. El gobierno saliente ha acomodado el escenario de manera tal, que el gobierno entrante no ha encontrado muchos escollos. El traspaso incluyó el drenaje voluntario o no- de funcionarios (Telerman, Barañao, Granados…) pero fundamentalmente,  incluyó  una prédica de coexistencia que presagia una actitud de poca confrontación  desde  las expresiones legislativas o sindicales del FpV o lo que quede de él. Este es el escenario donde se pretende anclar el pacto: en un terreno ya abonado por la idea de conciliación de clases, mérito del peronismo   y –en la historia reciente- del kirchnerismo.

Quienes supieron reconstruir celosamente una institucionalidad burguesa erosionada por las jornadas de diciembre de 2001, se retiran, cumplida la tarea, y es la derecha    la que asume las riendas. De esta manera,   el PRO se instala como alternancia y despliega una “gerentocracia” para hacer uso de ese aparato estatal que los predecesores supieron rearmar. El pacto social, en boca de los ricachones, es poco verosímil. Pero para convencimiento de los incrédulos están los casi 100.000 hombres armados de la mayor asociación ilícita del país, que es la Policía Bonaerense, que gentilmente Scioli engrosó y le legó a Ritondo. El PRO asume con las calles en relativo orden, y con un arsenal represivo (Ley Antiterrorista, Proyecto “X”, AFI…) que constituye una cuota enorme de poder para acompañar sus planes de ajuste.

El desafío histórico que tenemos como pueblo es enorme. Por un lado, desmontar  la lógica de pasividad. La década ganada lo fue en naturalización de la coexistencia entre explotadores y explotados para gran- des sectores de nuestro pueblo. La realidad del ajuste se encargará de demostrar, como dice Gelman, los desastres que nacen de esas bodas. Pero si queremos que la consecuencia política de los enfrentamientos que se avecinen no sea la nostalgia del populimo perdido, nuestro trabajo como izquierda debe ser arduo. Debemos ser claros: el pacto social de Macri es una farsa entre burócratas cegetistas, la UIA y su camarilla de funcionarios oligarcas. Pero cualquier pacto social que se pretenda entre explota- dores y explotados, sea más o menos burda su confección, usen patillas o gemelos de oro sus ministros, es en definitiva un eufemismo para aplacarnos. Por eso, cada  vez más urge la unidad de los que luchan. En este sentido, cabe resaltar el camino señalado por la acción que encabezaron organizaciones   y   sindicatos   combativos  este 14 de diciembre, donde participaron los trabajadores aceiteros, los ferroviarios de oposición de la UF de Haedo, los docentes de Ademys y AGD-UBA, los trabajadores precarizados de  la  AGTCAP,  entre  otros, y donde el papel impulsor de la Cte. Rompiendo Cadenas fue clave. Pero esas valiosas y esforzadas coordinaciones no bastan. Es preciso avanzar en un encuentro amplio de trabajadores combativos y antiburocráticos, como el que se proyecta para el mes de marzo, y poner en pie una agenda política y social de la izquierda  anticapitalista.

La única garantía de que nuestras luchas, que seguramente nos encontrarán resistiendo junto a amplios sectores del pueblo, deriven en una salida para los trabajadores es que trasciendan lo defensivo y puedan avanzar en una alternativa política revolucionaria y de masas.

Un nuevo ciclo de luchas puede abrir-  se en el enfrentamiento al ajuste en puerta. Confrontando con el lagrimeo melancólico por el peronismo en retirada, necesitamos unidad y combatividad. Pero también, precisamos claridad política, para que la alternativa a la derecha gobernante no sea la del consumismo o un capitalismo “progre”, sino  la impostergable pelea por  una patria socialista.

Equipo de redacción de La Llamarada.-

Diciembre 2015