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00245

Declaración de Principios

I. Algunas definiciones. Desde dónde nos posicionamos.
II. Por qué peleamos.
III. Cómo luchamos.
IV. Perspectiva y pertenencia de clase. antagonismo de clase.

I. Algunas definiciones. Desde dónde nos posicionamos.

Nuestra organización política se reivindica marxista-leninista. Entendemos que dentro de dicha corriente, y desde el marco de la llamada Izquierda Independiente, nuestro núcleo político constituye un destacamento más de lo que será la futura organización revolucionaria. Además de retomar los aportes de Lenin y la Revolución Bolchevique hacia la izquierda toda, nos ubicamos dentro del marxismo crítico y revolucionario adscribiendo, en particular, al Guevarismo, al que consideramos como la manifestación más elevada del leninismo que se desplegó en el plano concreto y en América latina. Reivindicamos la ascendente Revolución Bolchevique, como así también la trascendental experiencia para nuestro continente de la Revolución Cubana; rescatamos el legado del Cordobazo y de la larga tradición de luchas obreras previas y posteriores en nuestro país y nuestra América; reivindicamos la experiencia política del PRT, y además nos sabemos parte de las decenas de puebladas en las rutas de Argentina, como también de la rebelión de 2001.

Somos consientes de que nuestra lucha no empieza ni culmina con nosotros ni con nuestra generación. Heroicas gestas protagonizadas por anarquistas y comunistas inauguraron el siglo XX; siglo que encontró al pueblo, desde distintas expresiones y tendencias políticas, resistiendo con abnegación a variadas dictaduras militares que tenían un común denominador: que la burguesía, mediante distintas fracciones, ejerciera más férreamente que durante las democracias formales el control sobre las riendas institucionales del país y su vida política. De esas luchas que se remontan a más de un siglo, y de la resistencia popular, también extraemos ejemplos y enseñanzas. Como parte de un pueblo que pelea, y que asumió distintas tareas a lo largo de la historia, según le estuvo planteado en cada momento, no podemos dejar de identificarnos incluso en episodios más remotos aún: reivindicamos las bicentenarias gestas de la independencia de nuestro continente en la pelea por una patria grande, y lo hacemos desde la óptica de la lucha de clases. Por lo tanto, rescatamos los procesos libertadores de nuestra América que incluyeron a mestizos y morenos como parte de un mismo proyecto con criollos y españoles que bregaban por la independencia, que no daban tregua en su pelea contra la dominación colonial, pero tampoco contra el esclavismo, lo ejercieran representantes de las metrópolis o estancieros y comerciantes nativos. A su vez, esas luchas independentistas, que reconocemos como nuestras, tienen también precedentes directos en las rebeliones de los pueblos originarios contra el saqueo y el genocidio de la conquista, saqueo que fue el impulso y la piedra fundamental del sistema capitalista a escala planetaria.

Desde nuestra agrupación, y sin oponerlo a reivindicaciones propias del plano nacional, nos consideramos internacionalistas. Tomamos en ese aspecto el ejemplo del Che y de la Revolución Cubana, que marcaron el camino luchando en cualquier lugar del mundo donde hubiera un pueblo dispuesto a liberarse del imperialismo, y a su vez dando batalla por construir el socialismo; el de las Brigadas Internacionalistas en la Guerra Civil Española, que en la unidad de tendencias pudieron expresar un elevado pico de solidaridad de clase; y el de tantos otros ejemplos que la historia de lucha de los de abajo nos ha dado y nos sigue dando.

Desde Hombre Nuevo, entendemos al marxismo como Filosofía de la Praxis: desde la unidad indisoluble entre la teoría y la práctica revolucionarias. En ese sentido, concebimos a la filosofía y a la teoría en general como herramientas no sólo para interpretar el mundo, sino, fundamentalmente, para su transformación radical. Teoría y práctica son, simplemente, distintos momentos en la acción humana, en la praxis. Como ha dicho Lenin, sin teoría revolucionaria, no hay práctica revolucionaria; y como han agregado muchos de sus seguidores: y viceversa; sin práctica revolucionaria, tampoco hay teoría revolucionaria. Nuestra visión del marxismo se opone a las lecturas mecanicistas de la historia y de la lucha de clases. Seguimos a Marx en sus “Tesis sobre Feuerbach”, y sostenemos que el cambio de las circunstancias y de los hombres mismos son momentos de una praxis revolucionaria y no etapas disociadas entre sí. Es la praxis humana la que genera las condiciones en las que los hombres y las sociedades se desenvuelven. Nuestro papel como sujetos -y como clase- que quiere incidir en la transformación conciente de la historia, por ende, es activo. El marxismo aúna una visión de mundo y del ser humano, una crítica a lo existente y un programa revolucionario. Desde la unidad indisoluble de esos planos, lo adoptamos como teoría y asumimos nuestro rol como sujetos que luchan contra el capitalismo y contra la alienación.

Sostenemos que la construcción de hombres y mujeres nuevos, y la meta impostergable de construir una nueva sociedad, suponen una lucha diaria, incansable, por aproximar cada vez más lo que somos hoy (como personas, como militantes y como organización) a los valores de la sociedad comunista que queremos construir. Creemos que el desafío de toda praxis revolucionaria es poder integrar en un todo la meta ~la revolución~ y los medios que conducen a ella; integrar en un todo el contenido y la forma. Porque sabemos que cuando se escinden fines y medios, forma y contenido, se pone en peligro la esencia de lo que queremos construir.

II. Por qué peleamos.

Quienes conformamos la Agrupación Hombre Nuevo lo hacemos desde la convicción de que es necesario organizarnos políticamente para la lucha contra los explotadores, sus instituciones y, fundamentalmente, su sistema: el capitalismo. Nos organizamos para la pelea hacia la meta común que tenemos junto con otros núcleos revolucionarios de la clase trabajadora, que es el fin de este sistema injusto y opresor. Peleamos contra el imperialismo –la manifestación más descarnada de este sistema-; por la abolición de la explotación humana, de la enajenación, del patriarcado, de la discriminación étnica y de toda forma de opresión.

Al afirmar que nuestra organización política pelea contra el capitalismo, lo hacemos desde la certeza de que este sistema, desde su consolidación, puede ser sólo fuente de miseria para las mayorías, de saqueo y depredación de recursos; de desarrollo para unos pocos y de devastación para el planeta. Más allá de sus posibles variantes, los antagonismos que entraña el capitalismo son irresolubles dentro de este sistema: nuestra meta es su superación revolucionaria. Por ello, nuestra pelea no es por un mero cambio en el reparto de bienes: estamos en contra de la explotación, en contra de que exista una clase que viva del trabajo ajeno. Peleamos por el fin de la enajenación, por la realización plena de las potencialidades de todos los hombres y mujeres, lo que incluye condiciones de igualdad en el acceso a bienes materiales, pero también implica otra forma de relacionarse socialmente, donde el ser humano no sea enemigo de sus semejantes, ni deba basar su realización en la privación ajena. Como se ha dicho, peleamos por la construcción de hombres y mujeres nuevos, de valores revolucionarios desde una praxis revolucionaria. Pero nuestra lucha no se restringe a la autosuperación militante: fundamentalmente peleamos por una nueva sociedad. La sociedad por la que luchamos es la sociedad socialista, que tienda a la construcción del comunismo y la extinción del propio estado.

III. Cómo luchamos

Como militantes políticos y sociales, desde la Agrupación Hombre Nuevo orientamos nuestra acción en pos de un avance en organización como pueblo y como clase. Aspiramos al gobierno real del pueblo trabajador. Nuestra labor entre las masas tiene como estrategia el desarrollo de instancias embrionarias de poder popular que, desde su ampliación y extensión, contribuyan a la meta de la construcción del socialismo en la sociedad toda. Consideramos el trabajo de base como una forma indispensable para el desarrollo de las ideas socialistas entre el pueblo y a la organización política, aporte a lo que será, insistimos, la futura organización revolucionaria -cualquiera sea su forma en el momento histórico determinado: frente revolucionario, partido único, unión de diversos afluentes, etc.-, como la herramienta para promoverlas y como instancia de elaboración de lineamientos estratégicos en ese sentido. Concebimos necesario el trabajo en unidad honesta y fraterna con compañeros y corrientes de distintas tendencias de la izquierda. En ese sentido, basados en el respeto recíproco, nos proponemos alcanzar los mayores grados de articulación posibles con otras organizaciones de izquierda en los distintos frentes en los que desarrollamos nuestra acción. Ese trabajo conjunto no se limita a una posición pragmática: somos concientes de que en tanto izquierda, y dentro del Guevarismo que se enmarca en la llamada Izquierda Independiente, tenemos puntos de unidad no sólo prácticos con otras tendencias, sino un potencial enriquecimiento teórico mediante el debate de ideas. Históricamente, y sin abonar el eclecticismo, el Guevarismo ha sabido apoyarse en Marx, Engels y Lenin tomando también aportes de teóricos trotskistas, maoístas y vietnamitas entre otros.

En el perfil de nuestra organización, y el que alentamos en las diferentes instancias organizativas de base en las que nos desarrollamos, el antiburocratismo tiene un lugar de importancia. Entendemos a las luchas cotidianas y reivindicativas como la escuela de la lucha por otra sociedad, lucha en la que las masas se organizan y tienen un papel protagónico. Nuestra participación en las luchas reivindicativas del pueblo es conciente y sistemática, y excluye concebirlas como un fin en sí mismo: nuestra meta es la revolución social.

Nuestra perspectiva es internacionalista, y concebimos a América latina como nuestra patria. Como revolucionarios, no renunciamos a ningún método de lucha, sea en el marco legal de las instituciones de la burguesía o fuera de él; reivindicamos la acción directa, el derecho de los pueblos a ejercer la justa violencia de abajo contra la opresión de arriba. La historia ha demostrado, y lo sigue haciendo a cada paso, que las clases privilegiadas defienden dichos privilegios a sangre y fuego. Por ello, sabemos que la revolución por la que luchamos implicará el uso conciente y planificado de la violencia por parte del pueblo hacia sus verdugos y su aparato represivo, y que el enfrentamiento entre clases antagónicas en disputa, más tarde o más temprano, se dirime en el plano militar.

En este marco, concebimos que todas las acciones que encaremos como organización política o desde los distintos frentes de intervención siempre deben estar orientadas por una perspectiva política: lograr el avance en organización de los de abajo, en poder para el pueblo, en obtener pequeños o grandes triunfos desde nuestra clase en pos de nuestra perspectiva estratégica de un mundo justo y una patria libre; es decir, del socialismo.

IV. Perspectiva y pertenencia de clase; antagonismo de clase.

Nuestra agrupación se inscribe en la tradición de organizaciones políticas que luchan por la revolución proletaria, por el socialismo. Nuestra posición al respecto nos ubica del lado de los trabajadores, de los explotados, provengan del campo o de la ciudad, sean obreros calificados o no, posean o no empleo formal. Nuestra perspectiva, como la de miles de luchadores, es de clase. Eso implica luchar por la emancipación de la clase trabajadora, que conducirá en su lucha por la liberación a todos los oprimidos y a la humanidad en su conjunto.

Por su parte, reconocemos que la burguesía, incluidas las llamadas “burguesías nacionales”, que no son otros que los grandes propietarios de los medios de producción locales, actúan y actuarán siempre en defensa de sus propios intereses, que objetivamente, se hallan en la vereda contraria a los nuestros, los del pueblo que genera las riquezas con su trabajo; los de los trabajadores explotados en cuya desgracia se basan sus ganancias. Es sabido que en períodos y coyunturas favorables, las burguesías autóctonas pueden otorgar concesiones a la clase trabajadora, y que ésta puede ver mejorías en sus condiciones de vida y albergar la ilusión de un bienestar común, de un posible equilibrio y de una perspectiva compartida entre ambas clases. Pero cuando las ganancias capitalistas se ven afectadas más allá de lo tolerable, o cuando las coyunturas dejan de serle favorables, esa momentánea convivencia aparentemente armoniosa se desvanece en el aire, y las burguesías –autóctonas o no- no dudan en descargar con violencia cualquier costo sobre las espaldas de los explotados. La clase social que basa su subsistencia en la explotación del trabajo humano y la depredación de los recursos a escala planetaria, no puede ni podrá compartir en tanto clase ningún interés con los trabajadores, se trate de la burguesía de una potencia imperialista o la que habita en nuestro propio país.

Más allá de las efímeras concesiones, o de las conquistas que puedan arrancársele, jamás las clases privilegiadas consentirán poner en discusión el ordenamiento social que permite sus privilegios, que convalida que vivan del trabajo ajeno. Por otra parte, no es preciso insistir en que jamás se logró ni se logrará que una clase privilegiada abandone esos privilegios pacíficamente y sin resistencia.

La asociación o fusión con grupos extranjeros del gran capital, el giro de divisas al exterior, el apoyo a las políticas retrógradas locales o directamente gestadas por potencias imperialistas, el sostenimiento de dictaduras, pero por sobre todo, la cotidiana y continua explotación de millones de trabajadores en las condiciones más extremas, hacen que nuestra perspectiva respecto a la clase capitalista nativa también sea, objetiva y subjetivamente, de un antagonismo irreconciliable.

Nuestra pelea de fondo no es para arrancarle concesiones a la burguesía, aunque en la construcción de poder para nuestra clase peleemos más de una vez por reformas concretas que hacen a mejorar nuestras condiciones de vida y fortalecer nuestro nivel de organización.

Nuestra lucha es por la liberación de los explotados y oprimidos, por una sociedad sin clases, donde puedan desarrollarse plenamente todos los seres humanos. Nuestra pelea sin descanso es para contribuir a la creación de una patria socialista, que siente las bases de una sociedad comunista.

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