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JUVENTUD

De proyectos, promesas y principios…

“Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños. De examinar con atención la vida real, de confrontar nuestra observación con nuestros sueños, y de realizar escrupulosamente nuestra fantasía.”

Lenin

 

 A pesar… de la juventud

Decía el filósofo alemán padre de la dialéctica que la historia se presenta primero como una tragedia y luego se repite como una farsa. Y en las recientes PASO, la farsa dijo presente otra vez más en la historia. Una nueva generación -otra más- votó a contrapelo de su voluntad más profunda, de lo que dictaban sus fibras íntimas, con una confianza dudosa, con un temor creciente, sin la paz interior del que obra tal como dice y piensa. Es que miles de jóvenes que creían en un proyecto progresista de país, que se habían ilusionado con las promesas de inclusión social, con un modelo “que se enfrentaba al imperialismo y a los monopolios” (luego discutiremos cuánto de esto es real) votaron a un claro representante político de la derecha: Daniel Scioli. Es que muchos jóvenes genuinamente kirchneristas, que confiaron en el modelo por sus aspectos progresistas, “no se vieron en otra alternativa” que votar al que hiciera carrera política de la mano de Carlos Menem, la expresión del neoliberalismo salvaje, de los ’90. Y aunque se vieron tentados de cortar boleta, depositaron en la urna la lista completa, atrapados en la siniestra idea del mal menor, el tan mentado posibilismo: elegir “entre lo que existe” y no entre lo que quisiéramos.

A los poderosos éste sin sabor de la juventud les pasará inadvertido. Olvidan que la juventud ha dicho presente y se ha puesto en primera fila en todos los procesos revolucionarios de la historia. Hay ejemplos sobrados, tanto en Latinoamérica como en el mundo. Y en esa forma de ser de la vida, que se llama juventud, hay un principio de verdad en lo que señalara la inconformista Mafalda: “si uno no se apura a cambiar el mundo, después es el mundo el que lo cambia a uno”. La fe en el porvenir, la audacia respaldada en que la vida en este sistema no es justa, la avidez de conocimiento, la razón de que un cambio es certeramente posible, se sintetizan en la juventud.

Pero el 9 de agosto la juventud se vio mancillada. ¿Por qué los jóvenes genuinamente kirchneristas, que se acercaron al K por el contraste progresivo que generó con los 90′, por sus medidas más avanzadas “a pesar de Monsanto”, “a pesar de Chevrón”, a pesar de Berni y Milani, y las represiones a los QOM, apoyaron a un candidato que es abiertamente defensor de esas políticas y contrario a todo lo supuestamente progresivo del K? Todas las organizaciones del “ala izquierda” del kirchnerismo, desde lo político-organizativo, como el Movimiento Evita, y desde lo intelectual, como Carta Abierta, se encolumnaron silenciosas tras la figura de Scioli, sin siquiera fingir disgusto. ¿Existe proyecto más allá del proyecto? ¿Se puede confiar en el modelo a pesar del modelo?

 

 “Argentina, un país en serio”

Más allá del recambio, conviene hacer un balance preciso del gobierno que se aleja. El kirchnerismo asume en 2003 con el hierro aun caliente de las jornadas de diciembre de 2001 en el imaginario social. La tarea de los Kirchner era reconstruir la legitimidad en las instituciones y el Estado. Esto requería hacer necesarias concesiones, a un pueblo combativo que tenía reivindicaciones serias y que había echado a De la Rúa. El K se vio favorecido por el precio alto de las commodities (exportaciones argentinas, como soja, trigo, sorgo) en el mercado mundial, el famoso viento de cola internacional, que abultó las arcas del Estado para aplicar políticas sociales que reactivaran el mercado interno.

Pero a 12 años, podemos apreciar que todas las medidas tomadas en lo económico fueron cortoplacistas y las medidas en lo social con aspectos progresistas pero superficiales e insuficientes. En lo económico, el gobierno no ha podido evitar la fuga de capitales y de reservas en dólares del Banco Central. El gobierno que se decía desarrollista y de industrialización, por contraposición a la propuesta neoliberal, no modificó en nada el carácter agroexportador dependiente de nuestra economía, y la única industria que se sostuvo fue la industria liviana de ensamble, dependiente de la producción industrial de Brasil mayoritariamente. Por otro lado, el gobierno que se oponía al imperialismo en lo discursivo, era un religioso pagador (“serial” dicen ellos) de la deuda “odiosa” contraída mayoritariamente por los gobiernos militares. Acorde al planteo neoliberal, siguieron profundizando la extranjerización de la economía, en especial mediante el extractivismo, con las mismas leyes mineras que resolviera el menemato. En lo laboral, se crearon puestos de trabajo pero a través de la flexibilización laboral y la tercerización, lo que hoy arroja que el 34,5% de los trabajadores no están regularizados. El kirchnerismo “soberano” también expropió a Repsol, pero luego pagó a la empresa española una suma incalculable para hacer buena letra con los mercados internacionales. Y podríamos seguir.

El kirchnerismo jamás dudó a la hora de tener que tomar las decisiones: falló a favor de las empresas. Se reconocen capitalistas, pero nos aclaran que ellos son “serios”, que es un capitalismo humano y que este es un país con buena gente (dirigente). Nosotros lo que sabemos es que los proyectos capitalistas siempre tendrán limitaciones intrínsecas para resolver los problemas estructurales que nos aquejan como clase, porque nunca los ricos resolvieron los problemas del pueblo. Y que las clases dominantes argentinas (y de los demás países dependientes) siempre serán furgón de cola del imperialismo.

 

Randazzo, el tren que no llegó (o el furgón a los 90)

Los espejitos de colores se opacaron. Las ilusiones jóvenes se rompieron. El dolor tomó un contenido político. Es que las generaciones viejas ya están acostumbradas al desencanto de los gobernantes, de las promesas y la realidad que las contrasta (como el cuento de la estratosfera que dijera el riojano). Pero los jóvenes que se asoman a la política desde hace 12 años, recién el domingo miraron a la mentira descarnada a la cara, aun incrédulos.

La cuestión parecía impertinente hace unos meses atrás. El llamado al “baño de humildad” hecho por la presidenta bajaba a varios actores de la carrera presidencial. Pero dentro de los “orgánicos” se mantenía el Ministro de Interior y Transporte, Florencio Randazzo. CFK aparentaba distanciarse de Scioli, lo criticaba en público alguna que otra vez. El programa ultra-oficialista, 678, decía que “los fondos buitre ya eligieron sus candidatos: Macri, Massa y Scioli”. La delimitación con el sciolismo era permanente. El kirchnerismo puro se encolumnaba detrás de la figura “progre” de Randazzo. Las PASO eran la maniobra “democrática”, de transición necesaria para que el kirchnerismo progresista terminara aceptando a un Scioli, claro vencedor de las PASO del FPV, como mal menor ante candidatos abiertamente neoliberales.

Pero ese escenario ni llegó a concretarse, no se consideró tan necesario. Cristina decidió darle el visto bueno a la candidatura de Scioli, designando simbólicamente como vicepresidente a Carlos Zaninni, hombre de su mesa chica desde 1991. Y Randazzo se bajó de la interna, diciendo que “competir con Scioli, ahora, es competir con Cristina”. Luego de la directiva de la Jefa, no hubo sector orgánico que no tradujera esta decisión en “convencimiento repentino”. Hasta 678. Hasta Carta Abierta, los intelectuales K, tan críticos históricamente del gobernador de la provincia de Bs. As., que ahora nos advertían afablemente que “Scioli puede sorprender”.

Las propagandas nos dicen que el candidato es el proyecto, pero el proyecto no se discute. Y la fórmula presidencial del FPV estuvo compuesta por sendos hombres que dijeran semanas atrás en un acto de campaña electoral, por la Rioja, que “jamás dejarían de tener cariño por Menem”.

 

“En la vida, hay que elegir”

Como jóvenes, tenemos la potestad de torcer el rumbo, de asumir principios y defenderlos. Ni la historia, ni la política y menos la juventud nacieron con este gobierno, por mas ademanes que intente  el K para apropiársela, para canalizar su rebeldía, para apaciguar su fervor.

Nos llaman a elegir entre binomios de opciones falsas que no representan ni favorecen al pueblo. Ni multimedios privados, ni multimedios oficiales. Ni buitres extranjeros, ni buitres criollos.  Las disputas inter-burguesas no resolverán los problemas estructurales del pueblo.

Como un cambio profundo y radical de la sociedad no se avizora cercano, los seguidistas del gobierno se refugian en el posibilismo: lo que es posible, dentro de las condiciones actuales. Nosotros contraponemos que las condiciones distintas, necesarias, para el cambio revolucionario, hay que aportar a crearlas. Por si fuera poco, el posibilismo viene acompañado consecuentemente del “mal menor”, que nos empuja elegir entre “lo que existe”. El mal menor en las democracias de todo el mundo se encarnan en el sistema bipartidista: liberales y conservadores, republicanos y demócratas, peronistas y radicales. Más allá de las identidades, el binomio real es derecha vs centro. Así, el pueblo se ve obligado a elegir a la opción más a la izquierda, y jamás se plantea la existencia, por fuera de esa relación binaria,  de una alternativa radicalmente distinta, consecuentemente de izquierda.

Los jóvenes genuinamente progresistas terminan aceptando lo “posible”. Y tildan a los luchadores que se proponen lo “imposible” de “idealistas” y “utópicos”. Nosotros contraponemos que el proceso es a largo plazo, y pensamos que idealista es pensar un “capitalismo más humano”. No se puede reconstruir un mundo a la medida de la banca internacional, de los mercados, de los empresarios, porque claramente es un mundo para unos pocos, que poco saben de humanidad. No es genuino “en pos del bien común” embellecer o disfrazar un sistema basado en la desigualdad, la alienación y la muerte, sin nunca poner de manifiesto las contradicciones internas que esconde. La “justicia social,  la independencia económica y la soberanía política” son consignas válida, solo realizables por un Estado socialista y de los trabajadores. Otro mundo es posible y el mismo comienza hoy construyendo lo que no existe.

El kirchnerismo les dio la espalda a los jóvenes. Pensamos que un kirchnerismo sin jóvenes se vaciaría de contenido simbólico, dejando desnudo un esqueleto clientelar y punteril, propio de la extracción pejotista que no puede ocultar. Entonces… Que no nos digan que “esto es lo que hay”, que “otra cosa no se puede”, porque los hombres y mujeres son quienes intervienen organizadamente en la historia. Argentina tiene un gobierno capitalista y seguirá siendo así hasta que tomemos en nuestras manos la responsabilidad de dirigir nuestro destino. Embellecer esta realidad es poner un parche para mantener con vida a una sociedad que huele a muerte, parece muerte, pero no muere y solo morirá por el tiro de gracia del pueblo trabajador.

                ¡Por una juventud crítica, combativa, con principios!

                ¡Por una juventud de izquierda!

                ¡Por una alternativa política de izquierda!

 

Juventud de Hombre Nuevo Fernando Deliens