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CUBA: desafíos y peligros en una nueva etapa

Un paneo sobre las perspectivas abiertas por las actuales modificaciones económicas y en política internacional en la primera revolución socialista de América.

La Revolución Cubana constituye uno de los procesos más ricos y complejos de nuestra historia reciente. Frente a la hegemonía del llamado “socialismo real” de la extinta Unión Soviética, y enfrentando en los hechos las tesis de la “revolución por etapas”, Cuba irrumpió en la escena mundial demostrando que un país latinoamericano podía desarrollar una revolución socialista. Su experiencia, ensayada en las narices del más poderoso imperio del planeta, abrevó en lo mejor de la tradición de la lucha independentista, como también en lo más del genuino del marxismo leninismo. Los aportes de Cuba a la revolución en nuestro continente y en el mundo han sido teóricos, pero también bien concretos: Cuba ha practicado el internacionalismo mucho más allá de las proclamas, con el envío de tropas, la formación político militar de millares de cuadros, y el actual envío de alfabetizadores y profesionales de la salud a distintos lugares del planeta.

La Revolución Cubana posee, además de dichos méritos, otros no menores como haber enfrentado desde su pequeño territorio cinco décadas de bloqueo comercial, las dos últimas sin el apoyo que antes implicaba el llamado bloque socialista. Cuba ha resistido heroicamente, como muchos movimientos, partidos y otros agrupamientos, en una etapa signada por el desmoronamiento de la URSS y la restauración capitalista; y lo ha hecho tras una oleada contrarrevolucionaria que exterminó a buena parte de los movimientos insurgentes en nuestro continente y más allá de él. En un período de resistencia a nivel continental, las formas del enfrentamiento entre el imperialismo y la isla no permanecieron invariables. Desde fines de 2014, y tras una serie de medidas económicas oficializadas en 2011 que implicaron un nuevo paso hacia la intervención del mercado en la isla, se han anunciado modificaciones en la política exterior entre Cuba y EE.UU. que marcan también en este plano una nueva etapa, renovados desafíos y no pocos peligros para la revolución. Estos cambios deben ser analizados en el contexto político actual, pero también en perspectiva histórica.

David y Goliat

Indudablemente, la resistencia que sostiene Cuba ante EE.UU. es heroica por el antagonismo entre los proyectos que cada uno representa, pero también lo es por lo desparejo del potencial militar y económico de cada país. Disuelto hace más de dos décadas el “campo socialista”, cabe repasar someramente algunos logros actuales e históricos de la revolución. En Cuba, país bloqueado, exiguo territorialmente y desprovisto de buena parte de los recursos naturales indispensables para la autosustentabilidad, ninguno de sus más de 11.000.000 de habitantes se encuentra por fuera de la contención social, sanitaria y alimentaria esencial, padecimiento al que están expuestos más de 60 millones de latinoamericanos. Cuba exhibe hoy la tasa más baja de mortalidad infantil de América latina (4,2 por mil), tasa equiparada en el continente solo por Canadá. En países vecinos a Cuba y geográficamente similares, como Haití, esa cifra es más de 12 veces superior: 52,4 por mil. En la propia ciudad de Bs.As., es de 8,7 por mil. Este dato, lejos de la frialdad estadística, expone las miles de muertes de recién nacidos que podrían evitarse mediante un sistema que priorice a los seres humanos por sobre el lucro y la voracidad. En materia de educación, Cuba es el país que mayor proporción de su PBI invierte en el mundo (13%). Su sistema educativo alcanza al 100% de los niños y adolescentes, incluidas las zonas rurales y de difícil acceso; su gratuidad y su carácter público son absolutos, y se garantiza la asistencia y materiales para la totalidad de los alumnos. Es preciso recordar que Cuba contaba antes de la revolución con un millón de analfabetos y otro millón de semianalfabetos, hecho que fue revertido por las campañas emprendidas a partir de 1961, pero además por el desarrollo de un sistema educativo modelo para todo el hemisferio. La visión del marxismo que Cuba desarrolló desde entonces, caracterizada por el desapego a los dogmas y la ortodoxia soviética, y opuesta a la prédica de la “coexistencia pacífica”, se expresó no sólo mediante la ejemplaridad y los discursos. Cuba sostuvo como política de estado la promoción de cuadros integrales para que la revolución en el continente y el mundo fuera una realidad. Desde la participación en persona del Che en la lucha armada del Congo (1964-65) y Bolivia (1966-67), y el apoyo a la experiencia previa y frustrada en Salta con varios de sus hombres, como el comandante Segundo, Jorge Ricardo Masetti, (1964); hasta el impulso de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), que se pronunciaba apoyando la lucha armada y a los movimientos revolucionarios del continente, como lo hizo en una de las primeras resoluciones de solidaridad adoptadas con las FARC y el ELN de Colombia, grupos que aún combaten, y a quienes consideraba a la vanguardia de la lucha en aquel momento. Pero además del importante respaldo político internacional, en los 60 y 70, Cuba brindó asistencia concreta en el plano militar o económico a movimientos revolucionarios de El Salvador y Guatemala; al PRT-ERP argentino y al MIR chileno, entre muchos otros. Además, su perfil internacionalista hizo que Cuba participase abiertamente en el conflicto armado en Angola, donde apoyó al proceso independentista y combatió contra el ejército sudafricano, representante del apartheid. En 15 años (1975 hasta 1990), Cuba socialista envió a Angola más de 300.000 combatientes y 50.000 voluntarios para tareas civiles, hombres y mujeres que pasaron por África y de los cuales 2.077 dieron su vida. Una actitud diametralmente opuesta a la de sus vecinos imperialistas, que han inundado de mercenarios el planeta para llevar la dominación y el saqueo a cada rincón. Pero también, un ejemplo dado desde la praxis para algunos sectores de la izquierda institucional que circunscriben el internacionalismo a las justas pero insuficientes consignas de sus publicaciones. Lejos del triunfalismo y los slogans que han proliferado en algunas vertientes de izquierda latinoamericanista o incluso de la centroizquierda del peronismo, la asimetría en las relaciones entre Cuba y EE.UU. debe plantear que en el cambio de política exterior en curso entre ambos países existen varios puntos para alertar, que distan de ser triunfos de la revolución sino claros retrocesos. Sin dudas, la liberación de Ramón Labañino, Gerardo Hernández y Antonio Guerrero, tres de los cinco héroes cubanos que permanecían presos en EE.UU. desde 1998 por desarrollar tareas de contrainteligencia sobre organizaciones de la derecha anticastrista, es un ansiado logro. Las restricciones al embargo comercial que pesa sobre Cuba, también lo serían, si se concretaran. A diferencia de las declaraciones grandilocuentes, como las del Partido Obrero, que plantea con oportunismo que “David venció a Goliat”, a la par que califican al PC cubano como una “gerontocracia” que vive en el privilegio, entendemos que estos cambios diplomáticos en marcha, con sus nuevos desafíos, deben leerse sí como resultado de la perseverancia revolucionaria, pero también como una variación táctica del imperialismo, que buscará desestabilizar a la Revolución y propiciar el llamado “cambio de régimen” para la isla, ahora mediante otras armas. Este reconocimiento, de ninguna manera nos debe ubicar en una posición acrítica. Lo más perjudicial de este restablecimiento de las relaciones con el país del norte es que la dirección cubana lo presenta como una “profundización del socialismo”, aportando aún más al desarme ideológico para miles de combatientes en nuestro continente y más allá de él.

En el ojo del huracán

Es imposible entender los cambios económicos en Cuba, y las variaciones en la política con los EE.UU., sin una visión que dé cuenta del actual período histórico y del desenvolvimiento de estos factores en el transcurso de cinco décadas y media. Tras la caída de la URSS y el “campo socialista”, con el cual Cuba realizaba el 85% de las operaciones comerciales, la isla debió afrontar estoicamente, no solo una brutal caída de su PBI y el desabastecimiento de su economía, por cierto dependiente de manufacturas, tecnología y petróleo, sino también los embates de “el fin de la historia”, que no era otra cosa que la pretensión de sentenciar por decreto la muerte de la lucha de clases y el comunismo. Las condiciones de vida durante los inicios de los 90 ameritaron medidas extraordinarias en lo que se llamó “Período Especial”, signado por el racionamiento y, en paralelo, por una apertura económica hacia el turismo como respuesta para la búsqueda de divisas. La llegada de inversiones privadas asociadas al estado para la explotación turística y el uso de una doble moneda generaron la entrada de capitales, con todo lo que eso implica: el alivio financiero para una economía que no es auto sustentable y que en décadas no pudo lograr la sustitución de importaciones con que el Che se desvelaba como Ministro de Industrias, pero a su vez, el desarrollo de relaciones mercantiles y las incipientes desigualdades sociales. Esto implicaba un retroceso táctico, y así fue planteado oficialmente, sin rodeos. Los problemas que Cuba enfrentaba a nivel económico no eran otra cosa que las consecuencias de que el anhelo de una revolución a escala continental se hubiese frustrado. Aunque el grado crítico alcanzado en los 90 ha sido superado, la economía cubana presenta aún dificultades de importancia. Agravados ante la retracción del apoyo valioso que significó Venezuela a principios de este siglo, perduran insuficiencias que se relacionan con el déficit energético, la escasa capacidad de producir alimentos (Cuba debe importar alrededor de u$s 1.400 millones anuales en este rubro), la falta de capacidad técnica, material y de mano de obra para explotar sus tierras cultivables (más del 50% de ellas se encuentran improductivas), o las levemente atenuadas deficiencias estructurales en áreas como transporte y vivienda, entre otras. La baja de la productividad laboral y el crecimiento de una economía paralela, informal, que vive del turismo, representan problemas tanto en el plano económico como en el subjetivo. Esta última es, sin dudas, una de las más peligrosas contracaras de las medidas de emergencia adoptadas en los 90. En noviembre de 2005, en un memorable discurso pronunciado en la Universidad de La Habana, Fidel Castro, mencionaba los efectos y causas del derrumbe soviético, y a la par, hacía una enumeración de errores actuales y pasados de la propia revolución cubana. “Hubo quienes creyeron que con métodos capitalistas iban a construir el socialismo. Es uno de los grandes errores históricos”. En el discurso, Fidel señala duramente errores cometidos por la Revolución. Denuncia el surgimiento de “los nuevos ricos” que emergieron en la sociedad tras la apertura al turismo, expone a quienes distraen fondos estatales, a quienes viven –accediendo a las remesas- mejor que abnegados médicos o maestros. Señala: “Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra”. El efecto en la economía de la apertura a relaciones mixtas capitalistas, con la mercancía como su célula y embrión, no podía ser inocuo en el plano subjetivo. Algunos de los males que traía aparejados eran señalados desde el propio liderazgo revolucionario, que ya ha demostrado en la historia su capacidad de crítica y rectificación. Insistimos que este es el aspecto más cuestionable del reciente acuerdo donde los principales cuadros políticos de dirección, a diferencia de entonces, no han explicado claramente al pueblo cubano las implicancias de este restablecimiento de las relaciones con los EE.UU. No se prepara al pueblo para lo que vendrá.

Desafíos y peligros en una nueva etapa

Los cambios en la política internacional entre Cuba y EE.UU. requieren un análisis complejo. El mismo no puede limitarse a evaluarlos como un “reflejo” mecánico de lo que acontece en el plano económico. Pero tampoco se puede desconocer dicha esfera. Ya en el VI Congreso del Partido Comunista Cubano (PCC), en 2011, se planteó claramente una profundización de la apertura económica. Entre las resoluciones del mismo, figuran “Desarrollar un proceso de reestructuración del empleo y los salarios, considerando formas no estatales de gestión donde sea conveniente, encaminado a eliminar las plantillas infladas en todas las esferas de la economía (…) Incrementar la productividad del trabajo, elevar la disciplina y el nivel de motivación del salario y los estímulos, eliminando el igualitarismo en los mecanismos de distribución y redistribución del ingreso”. Uno de los emprendimientos concretos relacionado con la apertura a la inversión directa extranjera es el del puerto de aguas profundas y zona para el comercio internacional en El Mariel, a 45 Km. de La Habana. El emprendimiento implica una inversión de casi U$S 900 millones, con capitales del estado cubano, pero también de Brasil. Se proyecta dotar al puerto de la capacidad para albergar 3.000.000 contenedores al año y recibir embarcaciones de hasta 15 mts. de calado. Esto implica un porte superior a muchos de los principales puertos de la región. La millonaria obra va en sintonía con la ampliación del canal de Panamá y la remodelación de puertos como el de Nueva Jersey, configurando un nuevo itinerario para el comercio marítimo transoceánico. Estas medidas se dan en un momento en el cual la revolución bolivariana se halla estancada y asediada por el imperialismo, y donde varios de los llamados “gobiernos progresistas” como Ecuador o Bolivia no logran realizar aportes significativos en el escenario geopolítico en favor de romper el aislamiento de Cuba, y menos en la expansión del socialismo. No obstante la soledad y el aislamiento de Cuba, que contextualizan la adopción de medidas excepcionales, cabe preguntarse si puede ser el mercado el factor necesario para dinamizar su economía. Es decir, y retomando debates planteados en el seno de dicha sociedad en los 60: el interrogante es si pueden ser la relación mercantil y el estímulo material la palanca de desarrollo para forjar el socialismo. En otras palabras: si se cree que la coexistencia entre mercado y planificación es un mal necesario y transitorio, o algo natural y hasta deseable. En este punto, es necesario recuperar al Che, y sus aportes en el debate económico de los 60, que si bien no es análogo en todo al actual, posee muchos puntos de contacto. “Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas del capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etcétera), se puede llegar a un callejón sin salida. Y se arriba allí tras de recorrer una larga distancia en la que los caminos se entrecruzan muchas veces y donde es difícil percibir el momento en que se equivocó la ruta. Entre tanto la base económica adaptada ha hecho su trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia”. En el “El socialismo y el hombre en Cuba”, Guevara planteaba la tesis anterior. En el debate de los 60 sobre la economía cubana, estaba en discusión si las empresas estatales de la revolución debían entablar entre sí relaciones desde un esquema mercantil, la vigencia (o no) de la ley del valor en la economía interna, y también si la “palanca” de desarrollo económico debían ser los estímulos materiales o morales. Sobre esto, el Che, sin menospreciar el papel de los primeros, sostenía la importancia en el desarrollo de la conciencia del fomento de los últimos. Sin dudas, el impacto de la profundización de las relaciones mercantiles, más allá de la necesidad existente en algunas áreas, generará no sólo situaciones de inequidad, ajenas en gran medida en la vida cotidiana cubana, sino además un importante escollo para el socialismo en la subjetividad, la conciencia y las relaciones sociales cubanas. En el prefacio a Ernesto Che Guevara hombre y sociedad. El pensamiento económico del Che, de Carlos Tablada Pérez, Néstor Kohan plantea: “Alertando a cualquier desprevenido que acaso se le ocurriera apostar al mercado como una opción estratégica, no como un recurso táctico, el Che explica extensamente el modo en que éste genera necesariamente irracionalidad y desperdicio del trabajo social global. Además, insiste una y otra vez en las consecuencias negativas que el mercado provoca en la conciencia política de una sociedad en transición”. Dentro de la concepción del Che, la NEP2 que desarrollara Lenin, sostiene Kohan, “no constituye una de todo proceso de transformación social. Tal cosa constituye un mito peligroso, infundado y regresivo”. Entendemos que los pasos dados en relación con la ampliación de la injerencia mercantil en Cuba no pueden sino traer aparejado un impacto negativo en la conciencia y la subjetividad de las masas. Desde el respeto y la fraterna hermandad que nos une a la Revolución Cubana, sostenemos que la tesis de que el mercado aportará el dinamismo que saque del estancamiento a una parte del aparato productivo cubano debe ser cuestionada, como ya lo hiciera el mismo Che hace varias décadas. En este marco, es que los EE.UU. y Cuba han anunciado a finales de 2014 una serie de encuentros diplomáticos de cara al restablecimiento de relaciones. En el ámbito de las negociaciones, Cuba plantea no sólo el levantamiento del bloqueo, sino que un punto clave es ser excluida de la lista de estados que “patrocinan el terrorismo internacional” que elabora el Departamento de Estado norteamericano. Esta ronda de diálogo cuenta, como se dijo, con la expectativa de la dirigencia y del pueblo cubano, por un lado. Por el otro, dentro de EE.UU., sectores de la burguesía agrícola, empresarios del turismo y del comercio marítimo, como también buena parte del Partido Demócrata ven necesario el cambio de táctica, ante lo que asumen como el “fracaso” del bloqueo. Esta posición es cuestionada por sectores del Partido Republicano, históricamente vinculados al anticastrismo de Miami, como el senador Marco Rubio, o el ex senador por Florida Jeb Bush (hno. de George W. Bush). Mientras sectores de la burguesía norteamericana plantean que “hay que inundar Cuba de turistas e inversores” ya que “mandar hombres armados a Bahía de Cochinos falló” y “tal vez vaya mejor con hordas de diplomáticos, turistas e inversores”3 , hay sectores de la derecha yanqui que sienten nostalgia de las invasiones convencionales, con marines y mercenarios. Cabe señalar que estas posiciones guerreristas, o de confrontación abierta, forman parte de políticas de estado norteamericanas que asumieron tanto los republicanos como los demócratas. Prueba de ello son, en la actualidad, las simultáneas acciones de desestabilización y de condena internacional que la administración de Obama provoca en Venezuela considerándola un peligro para la seguridad nacional de EE.UU. Y a nivel histórico, basta recordar la invasión de Playa Girón, bajo la presidencia del demócrata J.F. Kennedy. Sin lugar a dudas, existe en las rondas de diálogo, la posibilidad de plantear algunas de las demandas que Cuba sostiene en lo relativo al cese del bloqueo. No obstante, la imposibilidad de una coexistencia pacífica y fraterna entre un gobierno imperialista y una revolución poseen un carácter objetivo. No hay que perder de vista que el antagonismo que se desarrolla es irreconciliable porque es de clase. Las pretensiones de EE.UU. para el llamado “cambio de régimen” en la isla están intactas. La defensa de la Revolución Cubana debe ser profunda y seria. Esto implica oponerse a la posición caricaturesca de buena parte del trotskismo criollo que aboga por la “liquidación de la burocracia que obstruye un verdadero ascenso de masas revolucionario”, pero sin dejar de señalar las graves consecuencias en el plano ideológico que traen aparejadas posiciones pro-mercado. El riesgo de un modelo de socialismo “a la China”, es un peligro concreto expresado en los lineamientos del VI Congreso del PCC. La ofensiva imperialista, ya sea mediante el poder del dólar o mediante la invasión mercenaria, está siempre latente. Para los revolucionarios, la correlación de fuerzas a nivel mundial nos sigue siendo extremadamente desfavorable. No obstante, la actualidad de la lucha por el socialismo nos señala un horizonte innegociable.

 

  1. Decía el propio Fidel Castro en octubre de 1991: “Los hechos reales son que en la Unión Soviética se ha producido prácticamente una debacle; los hechos reales son que en la Unión Soviética hoy no se habla de socialismo, se habla de economía de mercado; en dos palabras, las voces prevalecientes son voces en favor del capitalismo y del capitalismo más clásico. (…) Estamos abiertos ampliamente, es una apertura amplia en materia de capital exterior, lo cual no está reñido ni un ápice con el socialismo, el marxismoleninismo, ni la Revolución, y mucho menos en las condiciones excepcionales que estamos viviendo. (Se trata de) la ejecución de determinados programas y la realización de determinados desarrollos con participación del capital extranjero, bajo la dirección de la Revolución, bajo la dirección del pueblo, bajo la dirección del proletariado, sencilla y claramente, bajo la dirección del Partido”. (http://www.cuba.cu/ gobierno/discursos/1991/esp/f101091e.html)
  2. Nueva Política Económica desarrollada en la URSS por Lenin, que implicó la adopción táctica de medidas que desarrollaban relaciones mercantiles.
  3. ver artículo de Nicholas D. Kristof del día 19/12/2014, publicado en el New York Times y reproducido por La Nación.

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