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Contra sus fronteras, sus guerras y su muerte

Entre tu pueblo y mi pueblo

hay un punto y una raya

La raya dice no hay paso

el punto vía cerrada

Y así entre todos los pueblos

raya y punto, punto y raya

Con tantas rayas y puntos

el mapa es un telegrama

Caminando por el mundo

se ven ríos y montañas

se ven selvas y desiertos

pero ni puntos ni rayas

Porque estas cosas no existen

sino que fueron trazadas

Para que mi hambre y la tuya

estén siempre separadas.

Rosa León

 

Los últimos episodios de la tragedia humanitaria que se está desarrollando estos últimos días en el Mar Mediterráneo nos dejan imágenes desgarradoras. Lejos de ser un episodio casual, la llamada inmigración “ilegal” (como si huir de miseria y de la guerra fuera un crimen) lleva años cobrándose vidas humanas a lo largo de todos los puntos fronterizos donde el supuesto “sueño” europeo parece alcanzable. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en este 2015 ya han muerto más de 2500 personas intentando llegar al continente Europeo desde diferentes puntos. A la migración forzosa de ciudadanos subsaharianos que ya lleva años goteando muerte y desesperación, se suma más recientemente una gran masa de población procedente de los países donde, y queremos remarcar esto, las guerras imperialistas promocionadas por la Unión Europea y los Estados Unidos.

Origen: Repartición, saqueo y subordinación

Las causas de la inmigración a Europa no son nuevas, y por lo tanto, tampoco lo son sus consecuencias. La situación de la mayoría de países africanos y de oriente próximo (como los llama la geografía eurocéntrica) viene marcada por los episodios históricos que se han desarrollado allí en un período más o menos lejano a la actualidad. Los países subsaharianos de donde procede la mayor parte de las personas que intentan cruzar el Mar Mediterráneo son antiguas colonias europeas que, después de crudas guerras de liberación y de años de expolio y maltratos, consiguieron una “libertad” política totalmente subyugada a los intereses económicos capitalistas de las metrópolis. Dejando los países en manos de gobiernos títeres y dictatoriales, los acuerdos comerciales para que las materias primas de esos territorios sigan engrosando las arcas europeas están en más vigor que nunca. Por su parte, la inmigración proveniente de los países del norte de África y de los países colindantes con la parte más oriental del “Mare Nostrum” romano es mucho más actual y está plenamente ligada al conjunto de guerra imperialistas a las que se ha sometido y se está sometiendo a países como Libia, Siria, Irak, etc. Como señala James Petras en una entrevista reciente “De cualquier lugar que salen los refugiados, son países que han sido atacados por las potencias imperialistas.” (1)  A la situación de pobreza y de la guerra de miles de refugiados se le une ahora el peligro que conlleva el ISIS, el nombrado Estado Islámico que extiende su fascismo allá donde consigue llegar. Y una vez más vemos como el imperialismo interviene en la lucha de clases internacional  no solo financiando a este grupo, sino haciendo oídos sordos con el genocida estado Turco cuando este bombardea y ataca al hermano pueblo Kurdo.

La respuesta del capital

La respuesta de los países de la Unión Europea delante de la crisis humanitaria sigue siendo insuficiente y vergonzosa. Sobre el terreno, los países fronterizos no han hecho nada más que incrementar los muros, las alambradas y reforzar militarmente las fronteras para evitar el flujo de personas, utilizando la fuerza siempre que fuera necesario e incumpliendo las propias leyes migratorias practicando las lastimosamente famosas “devoluciones en caliente”. A nivel político, al racismo institucional de la Unión Europea se le suma el temor a nuevas oleadas de inmigrantes; y la apresurada construcción de campos de refugiados para los que consiguen entrar al continente es solo una solución provisoria a la espera de una posible repatriación. En este escenario, y siempre al servicio del capitalismo salvaje vuelve a aparecer el fascismo de nuevo en Europa, donde los ataques contra los inmigrantes y las leyes racistas son cada vez más frecuentes en un continente donde la palabra democracia murió en el mismo sitio donde nació, en Grecia, herida de muerte por la espada del capital y rematada por el reformismo contra el cual no nos cansaremos de combatir.

Nuevamente como farsa, como nos dijo nuestro querido Marx, la historia se repite una vez más en el viejo continente, y esta vez con paradoja incluida. No solo un continente que a lo largo de la historia ha visto como grandes cantidades de su población han tenido que marcharse del territorio a causa del hambre o de las guerras le prohíbe la entrada ahora a estos grupos. Sino que además las condiciones de total precariedad de las que huyen fueron creadas por los voraces intereses económicos y geopolíticos que solo el sistema capitalista es capaz de crear.

La solución una vez más: Socialismo o barbarie

Delante de esta compleja situación, una vez más vemos en la frase de Rosa Luxemburgo la guía hacia donde una solución completa y firme ha de dirigirse. Solo en una sociedad y un mundo donde los intereses capitalistas no rijan nuestros destinos el drama de la inmigración dejará de existir.

Solo el fin del colonialismo y del imperialismo devolverá la dignidad a los pueblos más humillados del planeta.

Solo la lucha emancipadora de los pueblos podrá acabar con la barbarie, solo el socialismo convertirá las fronteras en imaginarias separaciones entre pueblos hermanos.

 Agrupación Política Hombre Nuevo