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SUPLEMENTO ESPECIAL: A 50 años de la fundación del PRT

Recuperar la historia del Partido Revolucionario de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), lejos de ser un mero ejercicio escolástico, resulta de vital importancia para los que en estos días sostenemos la necesidad de una transformación revolucionaria de la sociedad. No solo porque representa la experiencia más avanzada de lucha política de los explotados contra los explotadores de nuestro país, sino también porque de sus aciertos y errores debemos sacar las mejores conclusiones para intervenir de manera correcta en nuestra actividad militante cotidiana.

Los distintos destacamentos que en la actualidad reivindicamos al guevarismo como la expresión más desarrollada del leninismo para la lucha revolucionaria en el terreno concreto de América Latina nos encontramos en la actualidad en la ardua tarea de reconstruir nuestra corriente política, luego del exterminio de nuestros principales cuadros en los ‘70 y los efectos de la larga noche del neoliberalismo. A partir de diciembre de 2001 muchos comenzamos a levantar la cabeza y a organizarnos. Retomar algunos ejes de intervención de esta organización revolucionaria nos permite allanar en gran medida el sinuoso camino que alguna vez ellos emprendieron y por el que todavía nosotros seguimos marchando.

Orígenes del PRT

El PRT surge de la síntesis y maduración del trabajo conjunto desde mediados de 1963 de dos organizaciones políticas: El FRIP (Frente Revolucionario Indoamericanista Popular) y Palabra Obrera. El primero, dirigido por los hermanos Santucho -Francisco René y Mario Roberto-, abrevaba en el nacionalismo revolucionario antiimperialista y tenia inserción en el Noroeste Argentino; el segundo, de extracción trotskista y liderado por Nahuel Moreno, venía desarrollando su actividad en el proletariado urbano de Buenos Aires, Córdoba, Bahía Blanca y Tucumán, particularmente con los trabajadores nucleados en la FOTIA (Federación Obrera Tucumana del Azúcar). Luego de un breve período donde funcionan como Frente Único FRIP-PO, en el Primer Congreso del partido, el cual se celebró entre los días 23 y 25 de mayo de 1965 en la sede del Sindicato de Peinadores de Capital Federal, se procede a la unificación de las organizaciones bajo la denominación de PRT.

Un partido para la revolución socialista

Las definiciones políticas y estratégicas sobre las cuales se estructurará el PRT son desarrolladas en un documento preparado para el IV Congreso, en febrero de 1968: “El único camino hacia el poder obrero y el socialismo”[1], el cual gira en torno a una cuestión fundamental: el problema de la toma del poder.  A partir del análisis de las concepciones de Marx y Engels, Lenin, Trotsky, Mao y el Castrismo sobre la estrategia de poder y la lucha armada, comienzan a delinearse la definiciones estratégicas que orientarán la praxis revolucionaria de la organización, las cuales son apoyadas por el sector mayoritario del PRT y llevarán a la ruptura con el grupo dirigido por Moreno, que si bien reconocía la necesidad de la lucha armada, defendía la tesis insurreccional de carácter espontaneo para la toma del poder, dejando las tareas militares planteadas para un futuro.

Del leninismo el PRT recuperará la centralidad del partido en las tareas que supone la revolución, con una orgánica centralizada, clandestina y dirigida por profesionales, un partido de cuadros orientado a la agitación y propaganda entre las masas, y la necesidad de un ejército revolucionario organizado a partir de la preparación militar del propio partido y la creación de destacamentos armados del proletariado. A su vez, la idea de que el llamado a la insurrección general sólo debía hacerse cuando hayan “madurado las condiciones generales de la revolución”, cuando se “hayan revelado en formas definidas el estímulo y la disposición de las masas a la acción” y cuando existiera “un ejército revolucionario fuerte y preparado”.

Apropiándose de las enseñanzas de la Revolución Cubana y de los aportes teóricos de Fidel y el Che,  define el carácter antiimperialista y socialista que deberá asumir la revolución en nuestro país, la cual tendrá una estrategia propia según las particularidades propias del ámbito nacional, pero deberá ser entendida como una táctica dentro de una estrategia continental y mundial de lucha revolucionaria.

La lucha armada

Si bien ya se venían desarrollando algunas acciones militares, la decisión estratégica de comenzar a desarrollar una estructura para la lucha armada se plasmará finalmente en el V Congreso (julio de 1970), con la fundación del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), teniendo como bautismo de fuego el copamiento de la comisaria 24 de Rosario, en septiembre de ese año. Con un programa más amplio que el del PRT, el ERP llama al combate a aquellos sectores del pueblo que quieran luchar por la Liberación Nacional y Social y contra la Dictadura, independientemente de que adhieran o no al marxismo-leninismo. Si bien todo militante del PRT debía formar parte del ERP (haber participado al menos en una acción), no pasaba lo mismo a la inversa.

Las acciones militares eran diversas. Según Pozzi[2] entre 1969 y 1973 se desarrollaron 304 acciones: 13% fueron de aprovisionamiento y logística, 30% de ataque a las fuerzas represivas, 55% acciones de masas (tomas de fabrica, represión a patrones, repartos), 1% secuestros y 1% liberación de prisioneros. La lucha armada es entendida entonces no como una actividad con sus propios fines sino íntimamente ligada a la lucha de clases y al desarrollo de un “partido proletario de combate” fogueado en el enfrentamiento con los enemigos de la clase, en el camino por constituirse en el partido de la revolución. Desde el punto de vista material, frente a aquellas corrientes que abonan la tesis guerrillerista del PRT cabe mencionar, como grafica un boletín interno de febrero de 1975, que se establecía como criterio general para las regionales y zonas destinar solo un 30% de los compañeros a las tareas militares, distribuyendo al resto en el ámbito sindical (15%), en propaganda (15%), estudiantil (15%), legal (10%), organización (10%) y juventud (5%)[3].

El papel en los sindicatos: Del monte tucumano a los cordones fabriles metropolitanos.

A partir de una caracterización del grado de desarrollo del capitalismo en Argentina, el PRT entenderá al proletariado industrial como la fracción de la clase sobre la cual debe concentrase la actividad revolucionaria. Lejos de diluir su actividad militante en el “militarismo” o el “foquismo”, la realidad concreta nos muestra que hacia mediados de los setenta había logrado erigirse como la organización marxista con mayor inserción en la clase obrera, lo cual puede verificarse en el trabajo político que poseía en distintas ramas de la producción, ocupando cargos directivos en algunos sindicatos, dirigiendo comisiones internas de fabricas y con la presencia de reconocidos cuadros obreros en distintos establecimientos: En Santiago del Estero (hacheros y ferroviarios) y en los sindicatos de los ingenios azucareros tucumanos (San José, Providencia, Santa Ana, Concepción, Santa Lucia, nucleados en la FOTIA) desde mediados de los sesenta; en Jujuy en el Sindicato del Ingenio Ledesma; entre la clase obrera cordobesa a partir del proceso que se abre con el Cordobazo y posteriormente en el Viborazo (Perkins, IKA-Renault, Materfer, Fiat Concord, Luz y Fuerza); en Rosario (Swiff, Ferrocarriles, John Deere); entre los petroleros de Neuquén y Comodoro Rivadavia; en el cordón industrial de Villa Constitución (Acindar-UOM) y la ribera del Paraná (aceros Dálmine Campana, frigorífico Smithfield Zarate); en el Área Metropolitana de Buenos Aires, en Zona Oeste (Mercedes Benz) en Zona Norte (con activismo en embragues Eaton, neumáticos Fate, metalúrgicas EMA y Tensa, Terrabussi y Matarazzo, en la fábrica de pinturas Miluz, Del Carlo, y se transformará hacia 1975 en dirección política de los trabajadores combativos de la estratégica planta Ford) y en Zona Sur, en el eje Quilmes, Berazategui, La Plata, Ensenada y Berisso (Propulsora Siderúrgica, Swift, Astilleros Rio Santiago, YPF, Rigolleau, Petroquímica Sudamericana).

No es de extrañar, entonces, que una parte importante de la vanguardia obrera de la época se haya incorporado al PRT. Muchos de estos compañeros cumplirían un rol destacado en la estructura partidaria y en la lucha armada: Ramón Rosa Jiménez (organizador de la Compañía del Monte), Antonio del Carmen Fernández (miembro del Buro Político) y Leandro Fote del proletariado azucarero, Juan Eliseo Ledesma (Jefe del Estado Mayor del ERP), Goyo Flores y Carlos Germán de Fiat Concord (este último también activista en FOECIT, correos, miembro del Buro Político), Eduardo Castello de Materfer, Lucho Segovia (UOM Villa Constitución, miembro del CC), entre otros.

La intervención en el plano sindical por parte del PRT se desarrolló en función del papel que le asigna a los sindicatos en la lucha por el socialismo. Las organizaciones sindicales deben considerarse como amplios organismos de masas, los cuales permiten librar la lucha económica dentro de los márgenes del régimen de producción capitalista. Pueden contribuir además a elevar el nivel de conciencia de la clase a partir de su lucha cotidiana contra la burguesía, pero no pueden sustituir de ninguna manera al partido revolucionario en la tarea de constituirse en dirección política del proletariado en su lucha por lograr sus intereses históricos. Estas nociones sobre las tareas del Partido y el Sindicato imponen una determinada línea de intervención en dichos organismos, estructurando el trabajo en los sindicatos y los establecimientos laborales según las necesidades concretas de cada gremio o fábrica: mediante células fabriles, comités de lucha o agrupaciones sindicales no necesariamente referenciadas con la organización.

Desde esta perspectiva, en el Primer Plenario para la Defensa y Recuperación Sindical del 8 de julio de 1973, en el cual participaron 1.500 delegados de 200 delegaciones de todo el país, el PRT promoverá junto a otras organizaciones la creación del MSB (Movimiento Sindical de Base) pensado para la coordinación nacional entre los gremios más combativos, tomando como premisa la constitución de un amplio frente para la lucha anti-burocrática, anti-patronal y por la independencia del movimiento obrero. Desde el MSB se impulsará la creación del Movimiento Sindical Combativo en Córdoba (mas abarcativo aún), confluyendo además con el Movimiento Intersindical Nacional en las distintas lucha que se libraron en la época. Estos frentes gremiales, así como el Plenario de la Democracia Sindical desarrollado en abril de 1974 en Villa Constitución (donde se plantea la necesidad de conformar una Coordinadora Nacional de Lucha Sindical), serán antecedentes directos de las Coordinadoras Interfabriles del cordón industrial bonaerense (impulsadas por el PRT y sobre las que tuvo, junto a la JTP peronista, un papel protagónico), que desempeñarán un papel clave en las jornadas de junio-julio de 1975 y representan el momento más alto de la avanzada obrera en el corazón del capitalismo argentino.

También se logrará desarrollar trabajos dentro del movimiento estudiantil, en las Ligas Agrarias, en la FATRE  (Misiones, Corrientes) en gremios estatales (docentes, sanidad, judiciales, trabajadores del estado) y de servicios (bancarios, correos), en los trabajadores rurales de Chaco y Formosa, así como en asociaciones vecinales que realizaban trabajo territorial y en el sector juvenil, con la fundación de la Juventud Guevarista hacia 1973.

En el plano de la cultura, a partir de la iniciativa de Daniel Hopen se funda en 1968 el Frente Antiimperialista de Trabajadores de la Cultura (FATRAC), el cual servía como ámbito de discusión y coordinación de los artistas e intelectuales de izquierda, entendiendo al plano de la cultura como un ámbito de disputa ideológica y política con el imperialismo y las ideas de la clase dominante.

Los frentes intermedios

En su política por acaudillar bajo la hegemonía de la clase obrera a distintos sectores no proletarios, el PRT promueve la formación de frentes intermedios donde puedan ser contenidos sus potenciales aliados tácticos, la pequeña y mediana burguesía urbana y el campesinado pobre, y aquellas organizaciones políticas del campo popular. Desde mediados de 1972, en un contexto de apertura democrática y advenimiento del proceso electoral, el PRT comienza a desplegar una política en el plano legal a través de la creación de Comités de Base y la constitución de frentes políticos, como un primer paso a la construcción de un Frente de Liberación Nacional y Social (FLNS). El frente surge entonces como la alianza de distintas fracciones de clases por el logro de intereses comunes[4]. Es el frente de los explotados, de las más amplias capas del pueblo, contra los explotadores. Si bien se contempla las diferencias de intereses entre los distintos sectores del pueblo, estas “son contradicciones y diferencias secundarias, insignificantes frente al abismo que separa a todo el pueblo de los intereses de la burguesía y el imperialismo”…“El frente de liberación nacional y social es, en consecuencia, un arma estratégica del pueblo para el logro de sus objetivos, cuya necesidad y posibilidad surge objetivamente de las necesidades más profundas de todas las clases oprimidas: proletariado, campesinos, villeros, capas medias”.

En sintonía con estas definiciones, en agosto de 1973 en Tucumán (IV Congreso del Frente Antiimperialista) se constituirá el Frente Antiimperialista y por el Socialismo (FAS), eligiéndose como miembros de la Dirección Nacional a Alicia Eguren de Cooke, Simón Arroyo, Oscar Montenegro, Gregorio Flores y Manuel Gaggero (PRT), Armando Jaime (Frente Peronista Revolucionario) y Silvio Frondizi (Grupo Praxis).

En el V Congreso, organizado en Sáenz Peña, Chaco, en noviembre del mismo año, al que concurren 12.000 militantes de diversos sectores sociales y políticos, se delinean las bases programáticas que levantará el FAS: Contra el Pacto Social; contra la desocupación; contra el alza del costo de vida; contra el monopolio del comercio; por una vivienda digna y adecuada; por la luz, el agua, el asfalto y el transporte. Por salud, educación, por la reforma universitaria, por una cultura popular, por la libertad de reunión, asociación y prensa. Según el documento final, este programa “tiende a expresar las necesidades más inmediatas de todos los sectores sociales y oprimidos”… “los obreros industriales, los obreros de talleres, usinas, ferrocarriles, puertos, caminos, los albañiles, los mineros, los hacheros, los choferes, los peones rurales, los trabajadores independientes, los artesanos, los pequeños comerciantes, los campesinos pobres y medios, los colonos, los aborígenes, los profesionales, los estudiantes e intelectuales progresistas, los maestros, los empleados”. El pico más alto de convocatoria se logrará en el VI y último congreso realizado en Rosario en junio del 74, con una convocatoria de más de 25.000 militantes.

A raíz de la formación de bandas fascistas y parapoliciales, en el V congreso del FAS se llama a impulsar un frente de carácter más amplio, el Frente Antifascista y Antiimperialista, cuestión que es recogida e impulsada por el PRT, entendiendo que en él deben confluir no solo los sectores obreros y populares, sino también sectores medianos burgueses y aun burgueses no fascistas que quieran participar en un frente de este tipo y ser parte de la unidad de acción encarada por el pueblo, ya que también ellos están amenazados por el irracionalismo fascista. A diferencia del FLNS, este frente debe servir como herramienta “para la unidad de acción frente a circunstancias concretas; en este caso, la escalada fascista, la agresión imperialista, la defensa de las libertades públicas”[5].

Su proyecto sigue vigente

A 50 años del nacimiento del PRT- ERP, desde la Agrupación Política Hombre Nuevo consideramos indispensable recuperar los fundamentos centrales de la más avanzada experiencia organizativa, política e ideológica revolucionaria de nuestro país, desarrollada al calor de la lucha de clases en la década del 70, con la tarea siempre presente de actualizar sus enseñanzas a la luz de las demandas de la actual etapa sobre la base de nuestra urgencia por avanzar y modificar la correlación de fuerzas en favor de nuestra clase.

Desde una perspectiva marxista no dogmática, el PRT-ERP puso en el centro del debate el problema del poder, planteando una estrategia política antiimperialista y por el socialismo que sin lugar a dudas contiene la necesaria organización de la violencia de los de abajo. Reivindicamos la centralidad del partido revolucionario como dirección del proceso, vinculado a una profunda inserción en la clase trabajadora y una amplia política de masas. Destacamos los innumerables ejemplos que dan cuenta del desarrollo de diversas herramientas organizativas unitarias de los diferentes sectores de nuestro pueblo, impulsadas por el PRT, sin abandonar la demarcación de las corrientes populistas y reformistas, asumiendo de este modo la permanente tarea de impulsar la batalla de ideas entre las fuerzas populares.

La formación integral de sus militantes, el compromiso con el proyecto político, la valentía, la abnegación, la creatividad, la audacia, el amor al pueblo y el odio de nuestros enemigos de clase, la vocación de poder y la formación de hombres y mujeres nuevas que se pusieron al servicio de la revolución en nuestro país interpelan directamente a las nuevas generaciones que hoy nos organizamos para la transformación radical de nuestra sociedad.

Quienes nos reconocemos parte de la tradición leninista-guevarista, quienes militamos por reconstruir nuestra corriente política de forma viva, no fetichizada, antidogmática y desde la perspectiva de la Filosofía de la Praxis, asumimos la tarea de levantar en alto los objetivos estratégicos por los que lucharon incansablemente las generaciones que nos antecedieron. Esta tarea nos exige, como método político, hacer balances profundos de los aciertos y limitaciones del proceso anterior, que nos permitan encauzar nuestros inagotables esfuerzos en la concreción de un proyecto revolucionario para nuestro país. En este sentido, tenemos el deber y la responsabilidad de estudiar profundamente la experiencia del PRT-ERP porque indica el punto más alto de desarrollo de una organización marxista revolucionaria en la lucha de clases en nuestro país, elaborar conclusiones y asimilar enseñanzas, asumiendo balances rigurosos, críticos y precisos.

Por esas sendas marchamos. Levantamos la bandera de esa generación de hombres y mujeres que dieron la vida por un proyecto que sigue vigente. Por la revolución y el socialismo. ¡AVOMPLA!

Agrupación Política Hombre Nuevo

[1] Firmado por Carlos Ramírez (Mario Roberto Santucho), Sergio Domecg (Oscar Demetrio  Prada) y Juan Candela (Félix Helio Prieto). Disponible en http://amauta.lahaine.org/?p=1744
[2] Pablo Pozzi, “Por las sendas argentinas: El PRT-ERP, la guerrilla marxista”. 2da edición, Imago Mundi, 2004. P. 249.
[3] Extraído de De Santis, Daniel, “La historia del PRT-ERP: por sus protagonistas”. 1era Edición, Temperley, Estación Finlandia. P. 527.
[4] Perspectivas del Frente de Liberación. El Combatiente, enero de 1974.  “un frente es una unión o alianza de clases para concretar el logro de objetivos que son comunes. Es precisamente esa diferenciación de clases y esa comunidad de intereses lo que hace necesario y posible el frente. La diferencia de clases hace necesario el frente, pues si los intereses de clase en juego fueran absolutamente homogéneos no sería necesario un frente, bastaría un partido para representarlos. Si por el contrario, en esos intereses diferentes no hubiera puntos fundamentales comunes, el frente no sería posible”… “El frente que propone la clase obrera, en cambio, es el frente de los explotados. Frente que sólo puede realizarse contra los explotadores y por los intereses comunes a las grandes masas populares, por su unidad para conquistar una vida digna y feliz”.
[5] Ibíd.

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