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Algunas reflexiones post 31M: Ni vivimos con $170 por día, ni el salario es ganancia

El paro nacional convocado por las centrales sindicales burocráticas el pasado 31 de marzo fue contundente. De las últimas tres huelgas organizadas por el sindicalismo opositor esta fue la de mayor impacto. La medida fue sumando adhesiones de un amplio abanico de sectores, pararon entre otros, colectivos, micros de larga distancia, trenes, subtes, vuelos, servicio de bancos, recolección de residuos, expendio de combustible en las estaciones de servicio, tampoco hubo clases en las escuelas, ni administración pública. Inclusive contó con el apoyo implícito del titular de la CGT oficialista Hugo Caló, quien habilitó la libertad de acción en la UOM, presionado en parte, por su propia base que sabe que los aumentos paritarios se los termina comiendo el mal llamado impuesto a las ganancias. Influyó además, el continuo ninguneo por parte de la administración kirchnerista hacia el dirigente metalúrgico.

El reclamo principal que dominó el escenario es la eliminación del impuesto al salario, aunque también se pusieron en la agenda pública otras reivindicaciones como la reapertura de paritarias, aumento de salarios y jubilaciones acorde a la canasta familiar, como el reclamo contra la precarización laboral, visibilizadas por las acciones independientes impulsadas desde la izquierda, que incluyeron entre otras, cortes en Panamericana, Puente Pueyrredón, Autopista Bs As- La Plata y  Puente de la Noria.

La burocracia sindical como de costumbre salió a diferenciarse de los cortes ya que pretenden la exclusiva representatividad de los trabajadores, y el control de los alcances y limites del paro. Moyano, Barrionuevo y cia hacen su propio juego cosechando apoyos para diversos candidatos patronales, pero también ninguneando el pliego al 50% de laburante con sueldos bajos, o precarizados. El rol de Michelli fue vergonzoso, privilegiando los acuerdos con la burocracia de la CGT Azopardo y la CGT Azul y Blanca, la CTA que conduce no movilizó contribuyendo a dotar al paro nacional de un carácter dominguero.

Desde los sectores combativos, independientes, antiburocráticos y de izquierda logramos hacer visible una agenda propia de la clase y alternativa a la de la burocracia sindical, a pesar de la fragmentación con la que llegamos. La falta de coordinación fue mayor que el año pasado, en esto contribuyó la ausencia de espacios de articulación unitarios entre diferentes fuerzas, como puede ser el Encuentro Sindical Combativo, que no jugó un rol en esta ocasión.

Sumado a este déficit debemos agregar una lectura crítica del hegemonismo enfermizo de buena parte de la izquierda tradicional/institucional, más preocupada por primeriar las primeras planas de los medios de comunicación, o por poner sus banderas más adelante, como si así se definiera la dirección revolucionaria del movimiento obrero, que por visibilizar un espacio unitario de una izquierda que se plante como alternativa ante los ojos de miles de laburantes. Cualquier trabajador/a con un poco de instinto de clase sabe que ante la magnitud de los enemigos que tenemos que enfrentar: gobierno, patronales y burocracia sindical, la unidad de los sectores antiburocraticos y combativos es fundamental, sin embargo, las propias mezquindades y rencillas de las fuerzas mayoritarias de izquierda, sobre todo la interna descarnada entre el PO y el PTS, tienen el triste efecto de desorganizar a la propia vanguardia en tiempos de indispensable unidad para enfrentar el ajuste actual y el giro conservador en curso, evidenciando una importante inmadurez política de las direcciones de izquierda.

La respuesta oficial: llamado a la solidaridad.

La medida de fuerza se dio en medio de una fuerte confrontación con el gobierno nacional, con cruces y declaraciones tanto de Kicillof, Aníbal Fernández, como de la propia presidenta Cristina Fernández, quienes enfatizaron  en el carácter político del paro ya que “el Impuesto a las Ganancias, en la cuarta categoría, afecta aproximadamente a un 10 % de los trabajadores”.  El mismo 31M la presidenta declaraba en un acto en la Matanza “a mí me duele mucho más cuando los que vienen del palo y lograron pelechar un poco y tienen trabajo y lograron un trabajo más remunerado, se olvidan todavía de los que están afuera del trabajo o todavía no ganan lo suficiente y entonces hacen un paro porque tal vez tengan que dar un poquito de su sueldo para otros compañeros, para otros jubilados, para hacer agua potable, para hacer redes cloacales”.

En nuestro país, más de un tercio de los trabajadores se desenvuelve en la más absoluta precariedad laboral. De todos los laburantes, la mitad gana menos de $5000. Es decir, sobrevive con ingresos de menos de $170 al día. La canasta familiar para una familia tipo ronda en $12.500 en el Área Metropolitana, con variaciones por lo general ascendentes según la zona. Muchos trabajadores que superan este último monto están afectados por el impuesto al salario, que lejos de gravar a los verdaderos privilegiados, rige a partir de $15.000 de salario bruto. A ambos sectores de nuestra clase los une algo central, más allá de esta diferencia en los ingresos. Somos los trabajadores los que con nuestro esfuerzo diario, movemos las fábricas, hacemos circular las mercancías, generamos valores. Somos los trabajadores los que, socialmente, producimos todas las riquezas. Esta obviedad merece ser recordada, ya que en tiempos de retirada, el gobierno despliega un arsenal retórico según el cual los responsables de la miseria del 50% de los laburantes, parecerían ser no los patrones que los mantienen en negro; no el estado que no mueve un dedo para regularizarlos; no la clase que vive de su trabajo… si no otros trabajadores que ganan un sueldo más alto y que pelean para que el estado no confisque parte de su sueldo mediante impuestos que de progresivos no tienen nada.

Mientras hay una clase, la capitalista, que vive de explotar a otra y se mantiene del trabajo ajeno, el planteo oficial es que los trabajadores que reclaman por el impuesto al salario “no son solidarios”. Ni el reclamo de quienes paramos es solo por este injusto impuesto, ni la “redistribución” debe recaer en la propia clase trabajadora. Los trabajadores no somos culpables de la pobreza: generamos la riqueza. Los patrones y los gobiernos son los responsables.

El sistema tributario argentino, tras 12 años de kirchnerismo, no modificó su matriz regresiva. El IVA –impuesto directo al consumo que no distingue clases sociales- sigue siendo la base de la pirámide fiscal, y recauda más del triple que las retenciones a la exportación. El impuesto a los bienes personales recauda 5 veces menos que el impuesto a las “ganancias” sobre personas físicas. Si bien en Pcia. de Bs. As. se restituyó un mínimo impuesto a la herencia, a nivel nacional este impuesto derogado por Martínez de Hoz no fue repuesto. Tampoco existen impuestos a las transacciones bursátiles o a la vivienda o tierra ociosa.

Mientras la inmensa mayoría de la presión fiscal recae sobre los propios asalariados, los fondos de ANSES han servido y sirven no solo para la seguridad social, sino para subsidios directos a empresarios de multinacionales como la General Motors, o el estado subsidia el transporte y la energía mediante desembolso directo hacia los empresarios a cambio de regular tarifas… lo cierto es que dichos subsidios a los empresarios, lejos de basarse en criterios de equidad social, promueven millonarias ganancias y descomunales negociados.

Lo que viene:

Los gremios del transporte demostraron su poder de fuego que por sí solo puede afectar profundamente la producción. Es notable que impusieran la fecha de la medida, a la que fueron plegándose distintos gremios, en parte siendo sensibles al ánimo de las bases de los sectores afectados por el gravamen, y por último empujando a los dirigentes máximos de las centrales a reconocerla. Moyano se sumó a una medida que no planificó, diferenciándose y ya convoca a todos los gremios a definir a mediados de abril una huelga de 36 horas, con la intensión de plantarse como el armador del plan de lucha y no tener que ir nuevamente a la cola. Aún está por verse la concreción de este nuevo paro, sin embargo, su convocatoria empalma con la intención de la burocracia de reposicionarse de cara a los armados electorales de derecha en un año fuertemente condicionado por los comicios, pero también como forma de ganar terreno perdido, posicionarse en la interna de misma de la burocracia y condicionar al futuro gobierno. El gobierno no está acostumbrado a negociar bajo presión, por lo tanto difícilmente en lo inmediato proponga alguna modificación del impuesto al salario, posiblemente resuelva alguna actualización hacia mediados de año garantizándose la exclusiva capitalización política, si esto ocurriese.

En este contexto, es fundamental continuar con las medidas de acción, articular fuerzas entre los sectores de izquierda superando las constantes mezquindades particulares que en nada contribuyen al avance del conjunto de la clase. La burocracia sindical, con sus métodos inconsultos que combatimos, trata de usar a la base y desmovilizarla en pos de sus intereses. Desde los activistas y militantes anti-burocráticos debemos diferenciarnos de la burocracia no solo por su pliego de reivindicaciones, sino también por sus métodos de construcción y lucha. Tenemos la responsabilidad de intentar contrarrestar eso, debatiendo en nuestros lugares de trabajo, impulsando con esfuerzo asambleas, y espacios de consulta donde seamos los trabajadores y trabajadoras los constructores y protagonistas de las medidas de fuerza desde una perspectiva de irrenunciable independencia de clase.

Agrupación Hombre Nuevo, 3 de Abril de 2015

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