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nota caída de miguel enríquez

A 40 AÑOS DE LA CAÍDA EN COMBATE DE MIGUEL ENRÍQUEZ

Retomamos tu ejemplo, continuamos tu lucha y decimos, ¡presente! 
No me hace falta recordar la belleza de su rostro el día de su muerte, él no se ha ido […] Diez meses de vida en la calle Santa Fe y todo lo que uno puede esperar de una vida ahí lo viví. Quizás era esa la felicidad, cada minuto vivido como si fuera el último, la amenaza, el miedo se quedaban a fuera, después de atravesar  la puerta recobrábamos el aliento. El espacio de la casa se llena de música, tangos, Beethoven, Zitarrosa, de olores de cocina y de juegos infantiles. Miguel trabaja, escribe a mano; yo tecleo. Se da vuelta, habla a toda velocidad. Cae la noche, le lee cuentos a nuestras niñas, risas y bailes” (relato de su compañera, Carmen Castillo, en la película Calle Santa Fe).

 

 

Primeros pasos

Nacido en 1944 en una familia de clase media acomodada, su padre Edgardo era médico especialista en neuroanatomía, director de hospital y profesor universitario. Su madre Raquel Espinosa era egresada de la Escuela de Leyes. La infancia de Miguel transcurre en el seno de la pequeña burguesía intelectual. En marzo del 1955 comienza el secundario, y con ello comenzará a vislumbrar el interés por los problemas sociales y las injusticias, sentimiento que lo acompañará el resto de su corta vida. Con 13 años participa en su primera movilización -las movilizaciones populares del 2 y 3 de abril de 1957- una jornada en la que estudiantes, obreros y pobladores se manifiestan contra el gobierno de turno. Al poco tiempo comenzaría, junto a sus hermanos Marco y Edgardo y otros amigos un grupo de estudio de marxismo. También comenzó a estudiar a Lenin. “La formación leninista de Miguel se la dio solo. Un día y sin saber dónde, apareció con unas cajas donde traía las obras completas de Lenin”, declara su hermano Marco (“La vida de Miguel Enríquez y el MIR”, Pedro Sandoval).

Miguel es inteligente, cuestionador, habla rápido, posee el don de la palabra, es claro al expresar sus ideas; franco, directo, hábil, abierto, solidario, buen compañero; buen lector, estudioso, sistemático, autodidacta y responsable.

En 1961, comienza la carrera de medicina en la Universidad de Concepción. Allí profundiza su militancia política y participa de la Juventud Socialista. Afianza su formación teórica y paralelamente impulsa el trabajo estudiantil voluntario en poblaciones de Concepción, donde se organizan estudios de alfabetización, policlínicos de salud y paralelamente se organiza la agitación política. En el contexto mundial de los 60, de a poco, Miguel observa una total disociación entre el actuar reformista cotidiano del Partido Socialista (PS) y su discurso revolucionario. Junto a otros, comprendió el momento histórico y la necesidad de trazar delimitaciones entre quienes querían hacer la revolución y quienes no. Así fue que primero desarrolló la lucha al interior del PS expresando su postura en la Revista ‘Revolución”. Luego, dándose cuenta del fracaso de ese objetivo preparó su ruptura definitiva. Organizó a militantes de Concepción, Santiago y otras provincias. Para el año 1962 se había conformado la Vanguardia Revolucionaria Marxista (VRM), grupo activo y convocante al Congreso de “agosto del año 65”, donde se fundará el Movimiento Izquierda Revolucionaria (MIR).

 

Miguel y el MIR

La vida de Miguel fue tan corta como intensa. Hablar de sus últimos años implica que se entrelacen con la historia del MIR, organización de la participó de su fundación  – con 21 años- y en la que cumplió un rol central. “Aunque bien sabemos que Miguel no es el MIR, y el MIR no es Miguel, siempre  en una organización se involucra el aporte de números dirigentes y cuadros” (La vida de Miguel Enríquez y el MIR; Pedro Sandoval Op. Cit,.). En palabras de Miguel “El MIR no es más que una organización política, una organización política que se define por la lucha por el socialismo. Se define por luchar por los intereses de obreros, campesinos, estudiantes y trabajadores. Los métodos son métodos revolucionarios, no son métodos que nosotros hemos impuesto a las clases obreras campesinas y a los trabajadores”. En el Congreso Nacional de diciembre de 1967 se produce un recambio significativo en el MIR, se desplaza a la antigua dirección y pasa al frente el sector más joven. Miguel, con 23 años, es elegido Secretario General.

Un tema que ocupaba central atención del MIR y de Miguel era la construcción con las masas. Así lo expresa en una carta enviada al PRT-ERP: “Sólo cuando, desde mediados de 1972, impulsamos entre las masas nuevas formas de organización, se cristalizó y multiplicó el crecimiento de nuestra influencia entre las masas y su ascenso difuso, construyéndose entonces fuerza social, y no diluyéndose después de cada ascenso o conflicto puntual”. Lejos de los dogmas de la izquierda tradicional, afirma: “Comprendimos, aunque  tardíamente, que nuestra tarea era construirlos (los Comandos Comunales)”. Así se refiere a la organización y coordinación con pobladores, con sectores campesinos con quienes crearon los Comandos Comunales y Comités Coordinadores que luego serían los Cordones Industriales. Proceso de organización de las masas y de unidad concreta de la clase obrera con el resto de las capas del pueblo, organizaciones entendidas como embriones de poder popular  por fuera de las clases dominantes, de la burguesía y-sobre todo- por fuera del aparato del Estado y no sujetas a él. “Caminar hacía la dualidad del poder, que es el único camino que realmente podría ir construyendo un poder alternativo” (“El poder popular y los comandos de Trabajadores”; Miguel Enríquez; 1972).

La relación Unidad Popular – MIR se caracterizó por sus diferencias pero también por la comprensión de las distintas lecturas hacia un mismo horizonte: el socialismo. “El poder por la vía electoral creemos que es un camino equivocado. Pero el hecho de diferir en los métodos no los convierte en nuestros enemigos. Solo hace evidente que marchamos por caminos distintos” (El MIR y las elecciones presidenciales, mayo 1970).

Resaltamos la importancia de un análisis de contexto y con ello “la elaboración de un programa, con plataforma precisa para el período y específicas por frente que permitan acercar la plataforma general a los intereses inmediatos y necesarios” (Carta del MIR escrita por Enríquez- al PRT, 1974).

En 1968, un periodista le pregunta a Enríquez sobre la composición del MIR. “Periodista: -Algunas características hacen pensar que el MIR no es más que una organización política de niños bien que juegan a la revolución ¿Qué opina usted sobre eso? Miguel Enríquez: -Primero, no conozco ningún hombre de fortuna que milite en el MIR, ni siquiera que esté relacionado con hombres de fortuna. Segundo, sí conozco a algunos estudiantes que en este instante son dirigentes del MIR. Tercero, no defino a los hombres por la desgracia o gracia de quien son hijos sino que definimos a los hombres -nosotros- por la actividad que realiza. Si no fuera así, Ernesto Guevara fue médico, Fidel Castro fue hijo de terratenientes, etc. La historia de las revoluciones de los procesos populares y de cualquier movimiento de masas establece que en muchas oportunidades se encontrarán hombres que abandonan su razón de clase y se ponen al servicio de otras cuestiones. Fundamentalmente creo que lo que a un hombre lo define en este instante es si está al servicio de la revolución o no, es al servicio de quién coloca sus tareas y actividades. Quienes colocan aquello al servicio de los intereses de los obreros y campesinos creemos que tienen derechos como muchos a luchar por esos intereses y ser revolucionarios”.

 

Su ejemplo

El día 5 de octubre de 1974, una operación conjunta de carabineros y servicios de investigaciones se presenta en la calle Santa Fe 725, en Santiago. Luego de resistir  más de dos horas, Miguel cae en combate y su compañera Carmen Castillo -embarazada- es herida de gravedad.

Lejos de los estereotipos que ofrece el sistema capitalista en donde se alzan ídolos o superhéroes, desde la Juventud de Hombre Nuevo reivindicamos y tomamos como ejemplo a los hombres y mujeres de a pie, como lo fue Miguel. Hombres y mujeres que escribieron la historia de nuestra clase con un hilo rojo de lucha, de audacia, de esperanza. Los jóvenes de hoy, en eso estamos; retomamos su ejemplo, estudiamos sus textos, continuamos su lucha. Seguimos con un horizonte bien claro: la construcción del Socialismo. Para decir y para decirte, Miguel, que no te has ido; que estás aquí, presente, junto a nosotros. Porque como decía Masetti “Ningún revolucionario termina, sin prolongarse en su lucha y en su ejemplo. Su grito jamás se apaga, sin que encuentre el eco de mil gargantas jóvenes que lo renueven”.

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